Proyectos para plantar la semilla de la sostenibilidad en el alumnado universitario

María J. Cantalejo Díez es profesora del Departamento de Agronomía, biotecnología y alimentación de la Universidad Pública de Navarra

 

Imagen cedida por pexels

La  sostenibilidad de nuestro planeta es un desafío que nos obliga a cambiar el modo en el que vivimos y consumimos. Existe un lugar clave donde se están formando los profesionales del futuro más inmediato: la universidad. ¿Qué puede hacer ésta para impulsar un profundo cambio de mirada y una revolución sostenible? La respuesta es: mucho.

La universidad es un espacio en el que podemos actuar en tres ámbitos esenciales: la docencia, la investigación y la transferencia de conocimiento hacia el mundo empresarial y la sociedad. Si deseamos provocar un cambio real de conciencia, tenemos que inculcar la semilla de la sostenibilidad en el alumnado, investigar con ese objetivo y ser capaces de trasladar nuestros hallazgos a las empresas y, con ellas, a la sociedad.

En ese sentido, existen experiencias como las que hemos desarrollado recientemente en la Universidad Pública de Navarra, en este caso en el ámbito de la industria agroalimentaria, encaminadas a transformar esquemas mentales en pro de un mundo más sostenible.

Proyecto NEMOS: colaboración europea

Plantar la semilla de la sostenibilidad supone situarla en el centro del diseño de cualquier producto o alimento, y conseguir que el usuario o consumidor la tenga tan en cuenta como la calidad o el diseño. En esa línea, el proyecto europeo NEMOS (cofinanciado por la Unión Europea y con la participación de cinco universidades europeas), es una experiencia innovadora de aprendizaje-servicio para fomentar la competencia de la sostenibilidad.

Gracias a NEMOS, los universitarios de estos centros europeos, entre ellos la Universidad Pública de Navarra, investigan para dar soluciones reales y sostenibles a casos prácticos, propuestos por pequeñas empresas productoras o agroalimentarias, distintas oenegés, asociaciones de consumidores o de productores de productos ecológicos, comercio justo, banco de alimentos, etc.

Reutilizar papel

Uno de los casos prácticos consistió en la colaboración con el Tajo de Encuadernación y Serigrafía del Ayuntamiento de Pamplona, con cuyos profesionales los estudiantes de la asignatura de Diseño y Desarrollo de Alimentos de la UPNA elaboraron planes de degradación del material que usan para encuadernación: el papel se puede reutilizar para envases de alimentos.

Además de los casos prácticos, productores ecológicos con experiencia en sostenibilidad en el sector contaron a los estudiantes sus experiencias y solicitaron su contribución en problemas concretos. Por ejemplo, la empresa de aceite ecológico de oliva de residuo cero BIOSASUN, en Allo, Navarra, recibió propuestas para usos alternativos a los subproductos y residuos tras cada visita.

Todos los proyectos se cimentan sobre la economía circular y con el objetivo de lograr la ausencia de residuos en la industria a través de nuevos modos de diseñar, producir y aprovechar.

BIRBIZI: de basura agrícola a jugos bebibles

En este proyecto nos centramos en la idea de buscar nuevas aplicaciones para los residuos y subproductos infrautilizados en la industria agroalimentaria. El objetivo fue obtener nuevos alimentos que mejorasen la salud y la calidad de vida y promovieran la sostenibilidad.

A partir del proyecto BIRBIZI (“renacer”), financiado por Gobierno de Navarra, diseñamos jugos bebibles con propiedades antioxidantes partiendo del jugo acuoso de la aceituna. De este modo, utilizando “residuos” como el suero residual de la actividad de producción de queso, pieles de frutas de la producción de zumos ecológicos y el jugo acuoso residual de aceitunas con una alta concentración de polifenoles (sustancias antioxidantes obtenidas de las aguas de molienda de aceitunas y hojas de poda), logramos crear jugos bebibles con múltiples propiedades como prevenir y retrasar el envejecimiento y, a su vez, crear industrias con residuos cero.

Con motivo de la Noche Europea de l@s Investigador@s, organizamos “Catas con Ciencia” de los productos BIRBIZI (4 sesiones con 20 personas en cada una) y se recogieron las encuestas realizadas. El lactosuero con crema de naranja fue el mejor valorado (5,7 sobre 7). Actualmente, se están comercializando estos “alimentos-conciencia”.

El precio de no hacer nada

La sostenibilidad no es sólo una palabra de moda: ser sostenibles supone poder durar en el tiempo. Para que la economía circular sea una realidad, es necesario cambiar la manera en la que nos enfrentamos a muchas actividades cotidianas, especialmente en el ámbito de la producción industrial.

No se trata de pequeños retoques, sino de cambios profundos: consumir de forma más respetuosa, reciclar de verdad, diseñar productos que aprovechen cada partícula. Incentivar la búsqueda de una segunda vida a cada elemento. Esa conciencia real se puede impulsar desde la universidad y también, por qué no, desde los colegios: desde la base, desde el inicio. Porque cuantas más voluntades unamos, más seremos. Nos jugamos el planeta.

Este artículo fue originalmente publicado en The Conversation. Lea el original.