El bumerán de la violencia y las adicciones

Javier Fernández-Montalvo, catedrático de Psicopatología, Alfonso Arteaga Olleta, investigador y profesor y José Javier López Goñi, profesor titular de del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra

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“Es la cruz que te ha tocado”. Bajo esta sentencia demoledora, tan repetida antiguamente, se han ocultado duras historias de adicción y violencia que han destrozado miles de familias. En ellas, uno de sus miembros abusaba, generalmente, del alcohol. Y pronto éste comenzaba a hacer estragos. En ocasiones, se sabía que en esa casa había malos tratos, que “el Pepe tenía mal beber” y que pegaba a “los suyos”. Por desgracia, se veía como algo normal.

Históricamente, la violencia y las adicciones han estado ligadas en el imaginario popular. Sin embargo, existe muy poca evidencia científica que certifique esta relación. Y yendo aún más lejos, mucha menos que avale el otro giro del boomerang: hasta qué punto ejercer la violencia o haberla sufrido puede llevar a una persona a caer en una adicción.

El fracaso como punto de partida

Tras más de 20 años de trayectoria realizando tratamientos de campo para ayudar a muchas personas a dejar atrás sus adicciones, en el grupo de investigación de Psicología Clínica y Psicopatología de la UPNA preocupan tremendamente dos cuestiones: el abandono de los tratamientos y las recaídas. En definitiva, el fracaso, porque una de cada 3 personas que acude a consulta no logra terminar la intervención y, por ende, superar su adicción. Es un dato importante teniendo en cuenta que, por lo que sabemos, finalizar el tratamiento es la mejor garantía para abandonar una adicción. Además, también se observa una importante tasa de recaídas entre aquellas personas que sí consiguen finalizar el tratamiento.

Con esos datos sobre la mesa, cómo mejorar la tasa de fracasos terapéuticos en el tratamiento de las adicciones se convierte en el objetivo principal. Y eso implica no perder de vista una variable clave: la violencia.

La violencia, con frecuencia presente en los procesos de adicción

¿Hasta qué punto las personas que agreden o han sido víctimas de violencia terminan en una adicción? Y en el otro sentido, ¿hasta qué punto quien cae en una adicción termina ejerciendo o sufriendo violencia?

Lo cierto es que la violencia forma parte de la vida de muchas de las personas que participan en programas de tratamiento de adicciones. De hecho, los estudios sugieren que uno de cada cuatro hombres y un 60 % de las mujeres han recurrido a la violencia en algún momento contra sus parejas.

Además, prácticamente la mitad de los pacientes que acuden a consulta tiene algún problema de victimización con la violencia, cifra que ascendía significativamente en el caso de las mujeres. En concreto, entre el 75-80 % de las mujeres llegaban con alguna historia de victimización pasada, sin que hubiera para ellas una relación clara entre los dos fenómenos.

Estos datos nos impulsaron a emprender un estudio controlado centrado en aquellas personas que agredían a sus parejas. Se daba la circunstancia de que esas personas no respondían al perfil típico de agresores, sino que presentaban relaciones muy deterioradas con consumo de sustancias y una falta de recursos de afrontamiento de situaciones cotidianas.

Gestionar la frustración reduce la agresión en las parejas

En el marco de un programa del tratamiento de la adicción, se introdujo otro más específico con 16 sesiones enfocadas al abordaje de la violencia y técnicas para gestionar la frustración y resolver conflictos. Nos llevamos una grata sorpresa: frente al otro grupo de control, al que no le fueron impartidas estas sesiones, quienes sí las recibieron reducían a la mitad la tendencia a agredir a sus parejas a medio plazo. Además de que duplicaban la finalización del tratamiento de la adicción, matando dos pájaros de un tiro. Se demostraba así que abordando la violencia logramos también combatir mejor las adicciones.

A partir de este resultado, nos propusimos centrar la mirada en aquellas personas con experiencias previas de maltrato, con el fin de lograr que llegaran en mayor medida a los programas de tratamiento de la adicción y mejorar sus resultados de éxito.

Así comprobamos que quienes han sufrido experiencias de violencia a lo largo de la vida, además de ser más propensos a caer en una adicción, abandonan el programa de tratamiento de la adicción en un 60 %. Sin embargo, tras realizar una intervención de ayuda en el abordaje de la violencia, quienes la recibieron duplicaron las tasas de finalización del tratamiento de la adicción, demostrando de nuevo que realizar tratamientos combinados en adicciones y en el abordaje de la violencia mejora la situación de estas personas en ambos campos.

Sin lugar a duda, los dos fenómenos están muy ligados y no podemos entender un programa de tratamiento a la adicción sin explorar las historias de victimización o de agresión.

Mujeres, adicción y violencia: un cóctel especialmente explosivo

Capítulo aparte en este tema merecen las mujeres. Distintos factores como, por ejemplo, la censura social sobre ellas, contribuyen a que apenas lleguen a los programas de tratamiento para las adicciones. Solo una de cada tres personas que los realizan es mujer.

¿El motivo? El sesgo que pesa sobre ellas es tan descomunal que es mucho más probable que acudan al médico o a los centros de salud mental por problemas de ansiedad, dolores, etc., que aceptar que tienen un problema de adicción. De este modo, con frecuencia terminan en centros en los que no se les trata su adicción, sino tan solo los efectos colaterales producidos por este problema.

Pero, además, como en los programas de tratamiento de adicciones participan hombres en su mayoría, todos los estudios existentes cuentan con muestras fundamentalmente masculinas y los datos obtenidos se extrapolan directamente a las mujeres. Cuando la realidad es que ni el proceso por el que un hombre o una mujer llegan a la adicción (recordemos que 3 de cada 4 mujeres han sido víctimas de la violencia), ni la intervención, ni el resultado del tratamiento son iguales para ambos.

Es indiscutible que todavía queda mucho por hacer: urge que el tratamiento de la violencia y la adicción cuente con una perspectiva de género y una mirada femenina.

Adicciones y experiencias traumáticas en la infancia

Prácticamente todos damos por sentado que una persona que está en un tratamiento por un trastorno de consumo de sustancias ha tenido una mala infancia, pero apenas existen dos o tres estudios que avalen esa vinculación, y ninguno se ha realizado en Europa.

Por ello, se ha emprendido una nueva investigación para conocer cómo influyen las experiencias adversas en la infancia en el desarrollo de una adicción u otros trastornos. El objetivo es ir más allá para identificar qué factores pueden influir en el desarrollo de esos trastornos, detectar aquellas personas que cuentan con más riesgo de caer en una adicción para prevenirlo y, si ya la adicción existe, incentivar que esa persona acuda a un programa de tratamiento.

Por el momento, y como resultados preliminares, este estudio indica que la mayoría de las personas que acuden a tratamiento presenta al menos una experiencia adversa en la infancia, algo que, por otra parte, puede habernos ocurrido a cualquiera.

Lo que sí llama más la atención es que el 57 % de las personas que están en tratamiento presentan cuatro o más experiencias adversas. Entre ellas, las más prevalentes son el maltrato físico (30 %) y el maltrato emocional (40 %). Y otro dato más: un 60 % ha presentado ideación suicida en algún momento de su vida.

Todo ello da pie a pensar que sí existe una relación directa entre haber vivido situaciones duras mientras se es niño y desarrollar una adicción.

Abordar la violencia, factor clave para superar una adicción

Conocer la íntima relación que existe entre la violencia (bien como víctima, bien como agresor) y las adicciones no solo nos ha de servir para tratar ambas de forma paralela y, de este modo, mejorar en ambas cuestiones. También debe ayudarnos a prevenir recaídas en la adicción o, incluso, promover la llegada de estas personas a los programas de tratamiento para la adicción.

En definitiva, el tratamiento de una adicción siempre ha de tener en cuenta las historias de violencia que, con demasiada frecuencia, marcan vidas. Haciéndolo, lograremos ayudar mejor a las personas afectadas y aliviaremos mucho sufrimiento.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

El poder terapéutico de centrarse en las soluciones y no en los problemas

Mark Beyebach, profesor contratado doctor e investigador del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

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Está comprobado científicamente: muchas terapias psicológicas son eficaces para la intervención con personas con problemas de salud mental. Producen resultados equiparables al tratamiento con psicofármacos y sus efectos tienden a ser más duraderos.

La mayoría de estas psicoterapias son tratamientos en los que se abordan los problemas mediante la conversación. Sin embargo, existen formas diferentes de entender y abordar estas conversaciones terapéuticas, como veremos en este artículo.

Enfoque en el bienestar y el crecimiento personal

La mayoría de las psicoterapias asumen el modelo médico tradicional: los profesionales actúan como expertos que diagnostican trastornos mentales e intervienen sobre ellos. Por ello, las conversaciones psicoterapéuticas se centran en los problemas de quienes los sufren, con la idea de que los profesionales los resuelvan. Aunque el objetivo es que los consultantes superen sus problemas, la mayor parte de las sesiones se dedica a conversar sobre ellos.

Pero hay también planteamientos alternativos a esta visión. La más conocida es la psicología positiva, bautizada como tal en el año 2000 por el entonces presidente de la Asociación Americana de Psicología, Martin Seligman. Este concepto retomó algunas de las propuestas humanistas de los años cincuenta y planteó que la psicología debía dar un giro. En vez de seguir centrándose en el sufrimiento debía enfocarse en el estudio científico del bienestar, del crecimiento personal y de la resiliencia ante la adversidad.

Desde el punto de vista académico, la psicología positiva no está exenta de detractores, pero ha ido generando una abundante investigación científica. Entre sus aplicaciones prácticas están los programas de psicología positiva para las escuelas o las apps de felicidad. En el campo de la psicoterapia, aporta sobre todo una serie de ejercicios para quienes acuden a las consultas, centrados en la promoción de sus emociones positivas y de sus logros.

TBCS: una estrategia para afinar más en las conversaciones terapéuticas

Un abordaje menos conocido pero que se sitúa en una línea similar es la Terapia Breve Centrada en las Soluciones (TBCS), desarrollada a mediados de los años ochenta por Steve de Shazer e Inso Kim Berg . Estos terapeutas familiares descubrieron que podían acortar la duración de las intervenciones si desde la primera sesión ya accedían a los recursos de sus usuarios. Para ello preguntaban por las excepciones a los problemas y por las mejorías producidas antes de la petición de consulta.

A estas conversaciones sobre los momentos en que las cosas funcionaban bien se añadió unos años después la técnica de la pregunta milagro. Con ella se invita a a describir en detalle cómo nos gustaría que fueran las cosas en aquello que nos preocupa. Esta descripción del futuro preferido genera esperanza y permite que las personas vayan descubriendo posibilidades de cambio.

En este sentido, la TCBS aborda la cara oculta de la luna: en vez de analizar lo que no funciona y sus causas, pone el foco sobre lo que sí está funcionando y en construir nuevas posibilidades.

Terapia a dos

La TBCS es un enfoque colaborativo, en el que los protagonistas del cambio son los propios consultantes. Los terapeutas no evalúan qué está mal ni determinan qué deberían hacer sus interlocutores, sino que establecen los objetivos de forma conjunta. La tarea de los profesionales es colaborar con ellos y adaptarse a sus preferencias, sin perder el foco sobre sus fortalezas mediante el empleo estratégico de preguntas.

Un reciente estudio de nuestro equipo muestra que la Terapia Breve Centrada en las Soluciones se ha extendido a más de treinta países de cinco continentes. Además, se aplica mucho más allá del campo de la terapia familiar en el que surgió. Hoy en día no sólo hay psicoterapia centrada en soluciones o trabajo social centrado en soluciones, sino también intervención comunitaria, consultoría organizacional o intervención escolar basada en esta estrategia.

En el campo de la psicoterapia, el planteamiento centrado en soluciones aporta un modelo propio de intervención que ha generado evidencia científica a nivel global, con ensayos clínicos que muestran la eficacia del modelo como tal, pero también la de algunas de sus técnicas en concreto. Estas técnicas se pueden utilizar también integradas en otros modelos de psicoterapia más conocidos, como la terapia cognitivo-conductual.

Mejor “Quédate sentado” que “No te levantes”

La mayoría de las herramientas de la TBCS tienen aplicación en la vida cotidiana. Hablar desde los recursos actuales y las posibilidades futuras genera conversaciones más constructivas que estar dando vueltas a los problemas. A continuación ofrecemos algunas pautas lingüísticas que pueden ser útiles para abordar dificultades personales, problemas de relación o conflictos:

  • En vez de plantearse resolver su problema o dificultad, piense cuáles son sus objetivos, qué desea conseguir. Plantéese esas metas en positivo en vez de hacerlo en negativo. Mejor “mantener mi peso” que “no aumentar mi peso”; mejor “discutir de forma tranquila” que “discutir sin gritarnos”; mejor “sonreír por la mañana” que “no llorar por las mañanas”.
  • Si da alguna instrucción o negocia alguna norma, hágalo también en positivo. “Quédate sentado ” mejor que “No te levantes”; “hablemos bajito” mejor que “no hablemos tan alto”.
  • Utilice en las conversaciones preguntas abiertas (“¿Qué mejorías ha notado?”, “¿Qué es lo que más le ha gustado?”) en vez de cuestiones cerradas (“¿Ha notado mejorías?” “¿Le ha gustado?”). Las preguntas cerradas, que se contestan con un “sí” o con un “no”, tienden a matar la conversación.
  • Ante un atasco personal, profesional o familiar, dé menos vueltas a “¿Por qué me pasa eso?”. Trate, en cambio, de dar una respuesta detallada a la pregunta “¿Cómo me gustaría que fueran las cosas?” y “¿Qué puedo poner de mi parte para acercarme a eso que quiero?”.
  • Si habla de algo negativo, utilice el todavía (“Veo que todavía no has resuelto el problema”) en vez de descripciones estáticas (“Veo que no has resuelto el problema”).

Le animo a que pruebe estas sencillas propuestas… y a que se fije en qué efecto tiene sobre usted y sobre los demás dialogar “sobre el otro lado de la luna”.

Mark Beyebach, Profesor en el Departamento de Ciencias de la Salud., Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Euríbor e hipotecas, ¿cómo afrontar el otoño que comienza?

Luis Fernando Muga Caperos, profesor titular del Departamento de Gestión de Empresas e investigador del Instituto Inarbe – Institute for Advanced Research in Business and Economics de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

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La decisión de endeudarse a tipo de interés fijo o a tipo de interés variable no es fácil ni inmediata.

Según el informe de confianza del consumidor de julio de 2022, más de la mitad de los hogares españoles (51,7 %) llega justo a final de mes y no es capaz de ahorrar. Este hecho se está viendo agravado por los altos niveles de inflación (el dato de IPC de julio fue de 10,8 %) y por la escalada del euríbor a lo largo del año.

El euríbor es, en términos generales, el precio al que las entidades bancarias europeas se prestan dinero entre sí. Del 3 de enero al 22 de agosto de 2022 el dato diario a un año ha pasado del -0,499 % al 1,344 %. Evidentemente, esta es una mala noticia para los presupuestos de los hogares españoles, sobre todo si deben afrontar el pago de una hipoteca a tipo de interés variable.

Evolución del euríbor a 12 meses entre el 3 de enero y el 22 de agosto de 2022. Author provided

¿Qué esperar a corto plazo?

El euríbor lo calcula el Instituto Europeo de Mercados Monetarios (EMMI, por sus siglas en inglés), intentando evitar posibles manipulaciones. Las 18 entidades financieras europeas que aportan los datos para su cálculo se conocen como el panel de bancos.

Cada día de mercado, el EMMI publica el euríbor para sus diferentes vencimientos. Para obtener el euríbor hipotecario se toma el índice con vencimiento a 12 meses y se calcula la media de todos los datos diarios para un mes.

Evolución del euríbor y del tipo oficial del BCE entre enero de 2011 y agosto de 2022. Author provided

Si observamos el comportamiento del euríbor desde 2011, vemos que ha oscilado alrededor del tipo de interés oficial del Banco Central Europeo (BCE) y que, desde que el tipo del BCE entró en terreno negativo en 2016 hasta abril de este año, se mantuvo por debajo de este.

Dado que el euríbor es el tipo de interés de referencia al que los bancos se prestan dinero entre ellos, las subidas que estamos viendo desde abril no son más que el anticipo de las subidas de tipos que el BCE comenzó a aplicar en julio (y que se espera que continúen).

Si se cumplen las expectativas, el BCE subirá su tipo oficial hasta el 1 % en su reunión de septiembre. El euríbor de agosto se situaría ligeramente por encima, en el 1,113 %. Ello puede tener dos posibles interpretaciones:

  1. El mercado está adelantando mayores subidas de los tipos de interés, dados los altos niveles de inflación en la zona euro.
  2. Las entidades financieras están previendo el fin de la barra libre de liquidez en el BCE y buscan alternativas para financiarse, en este caso en el mercado interbancario. Mayor demanda en este mercado hace que, lógicamente, incrementen los tipos de interés exigidos para prestar en esta clase de operaciones.

¿Tipo fijo o variable?

En este escenario, ante una previsible subida de tipos, un agente adverso al riesgo, si tuviera que elegir, escogería una hipoteca a tipo fijo. No obstante, la decisión de endeudarse a tipo de interés fijo o a tipo de interés variable no es fácil ni inmediata. Más si tenemos en cuenta que los plazos de vencimiento de un préstamo hipotecario suelen exceder los 20 años. Nadie tiene una bola de cristal que permita determinar cómo evolucionarán los tipos, y menos a tan largo plazo.

Dos recomendaciones de los expertos pueden ser útiles:

  • No dedicar más del 30 % de los ingresos familiares netos a la hipoteca.
  • Hacer simulaciones de cómo quedarían las cuotas si se producen incrementos en el euríbor para evaluar qué subida de tipos podría absorber el presupuesto familiar, en caso de optar por una hipoteca a tipo de interés variable.

Por ejemplo, si pensamos en una familia con unos ingresos netos mensuales de 3 000 euros y aplicamos el 30 %, quedarían 900 euros disponibles de su presupuesto para la hipoteca. Si prevé endeudarse con un préstamo de 150 000 euros a 20 años y las alternativas son: euríbor + 0,5 % (tipo variable) o un préstamo a tipo fijo al 2,25 %, en un escenario con el euríbor al 1 % pagarían 723,82 euros al mes en el préstamo variable y 776,71 con el préstamo fijo.

Simulación de préstamo a tipo fijo o tipo variable. Author provided

Con una subida del tipo de interés de referencia al 1,75 % pagarían la misma cantidad en ambas opciones.

Si el euríbor subiera al 3,5 %, entrarían en zona de peligro y su cuota superaría los 900 euros mensuales (908,97 euros). Evidentemente, corresponde a la familia que va a endeudarse prever qué probabilidades le asigna a cada uno de los escenarios y decidir la mejor opción para ellos, en función de su aversión al riesgo.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística indican que ya en el año 2021 las familias españolas aprovecharon la coyuntura de tipos bajos y se constituyeron más hipotecas a tipo fijo (60,3 %) que a tipo variable (39,7 %), lo que puede estar limitando el impacto de la subida de tipos en los presupuestos familiares disponibles.

Luis Muga, Profesor de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Radicalización violenta: ¿qué está pasando en Estados Unidos?

Sergio García Magariño, investigador del Instituto I-Communitas (Institute for Advanced Social Research-Instituto de Investigación Social Avanzada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

The Conversation

Un miembro de «Proud Boys» ondea una bandera en un mitin «Stop The Steal» frente a la mansión del gobernador de Minnesota el 14 de noviembre de 2020.
Chad Davis / Flickr, CC BY

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Estados Unidos es la cuna de más de 1 700 grupos que justifican el odio, e incluso la violencia, contra ciertos colectivos.

El reciente ataque contra Salman Rushdie en Chautauqua es una buena ocasión para analizar la violencia en la que está inmersa la capital del estado, la ciudad de Nueva York, y con ella el país entero. En lo que va de siglo XXI, la Gran Manzana ha sufrido once ataques terroristas. Los 3 001 muertos y más de 6 000 heridos que conllevan son la crónica más patente de una vulnerabilidad cuyas causas quizá no sean tan conocidas.

La radicalización violenta se puede estudiar empíricamente desde diferentes ángulos. Dos de estas perspectivas empíricas, en ocasiones contrapuestas, son: por un lado, el análisis de la trayectoria que siguen los individuos que terminan actuando violentamente con fines políticos bajo el paraguas de una organización terrorista que puede operar desde el exterior; y, por el otro, el examen de los factores macrosociales que conducen a la radicalización violenta de organizaciones con fines políticos.

Teniendo en cuenta la segunda perspectiva, la vulnerabilidad de Estados Unidos ante el terrorismo está relacionada con cuatro grandes factores que no se dan, en su totalidad, en otros contextos nacionales:

  • La existencia de más de 1 700 grupos legales en el país que el prestigioso Southern Poverty Law Center califica como “extremistas” o “de odio”.
  • La polarización rampante de la política norteamericana.
  • Los agravios subjetivos aducidos por múltiples colectivos ante el comportamiento geoestratégico del país en la escena internacional, en general, y en su lucha contra el terror, en particular.
  • La grandísima densidad poblacional y desigualdades de ciudades como Nueva York.

Grupos extremistas y de odio

Estados Unidos es la cuna de más de 1 700 grupos que justifican el odio, e incluso la violencia, contra ciertos colectivos. Estos están inspirados en ideologías muy diversas que van desde el nacionalismo cristiano, el supremacismo blanco y la defensa armada antigubernamental (más conocidos simplemente como Militia), hasta el supremacismo negro y el islamismo violento. Muchos de estos grupos estarían prohibidos en Europa. De hecho, Canadá tiene en la lista de organizaciones terroristas a algunos, como los Proud Boys o los Three Percenters.

Tres hombres vestidos de militares portan armas en una manifestación.
Fotografía de un rally a favor del derecho a llevar armas en Virginia, Estados Unidos, en 2020.
Anthony Crider / Flickr, CC BY

Sin embargo, la primera y segunda enmienda de su constitución blindan, en primer lugar, el derecho a la libertad de expresión y, en segundo, el derecho a portar armas y a autodefenderse. Ambos derechos generarían las condiciones para que no se vete ningún tipo de ideología, incluso las violentas o de odio, puesto que caerían en la esfera del pensamiento y la expresión; y para que las armas estén a disposición de grupos que pueden considerar al Estado como una amenaza de la que defenderse.

La polarización estadounidense

En Europa se considera que las democracias pueden amortiguar cierto grado de polarización. Además, se plantea que la polarización real de la población puede diferir de la creciente polarización política. Por ello, la polarización y la radicalización violenta se estudian por separado y rara vez se ve a la primera la causa de la segunda.

En Estados Unidos, donde la representación política de la ciudadanía se canaliza históricamente a través de dos únicos partidos que han buscado diferenciarse apelando a las emociones y a la identidad, y donde existe gran número de grupos violentos con quienes los partidos también quieren conectar (a fin de ampliar la base de su electorado), la polarización se relaciona de manera mucho más directa con la radicalización violenta que en Europa.

La movilización violenta de los agraviados

Desentrañar las causas de la radicalización violenta no es tarea fácil. Se concitan sincrónicamente y de manera incoherente múltiples causas estructurales, diversas motivaciones y dinámicas relacionales complejas.

En un estudio comparativo monumental del yihadismo, la extrema derecha y la extrema izquierda mundiales, el exasesor del Gobierno holandés en materia de prevención de la radicalización violenta, Kees Van Den Bos, abunda sobre el papel que la sensación de agravio e injusticia desempeña como detonante de la violencia política, en ausencia de mecanismos de control emocional efectivos.

Un militar estadounidense enseña a un militar afgano cómo operar un rifle.
El capitán del Ejército de los Estados Unidos Kevin Mercer, oficial a cargo del Equipo de Entrenamiento del Cuerpo 205, observa mientras un entrenador del Ejército Nacional Afgano ajusta el emplazamiento de un rifle M-16 en Kandahar, Afganistán, el 23 de enero de 2008.
US Army / Flickr, CC BY

Si el supuesto que plantea Van Den Bos es cierto, la intervención de Estados Unidos en conflictos internacionales sangrantes recientes (tales como los 20 años de Afganistán, los más de 15 en Irak, las intervenciones desestabilizadoras de Libia y Siria y el enquistado conflicto de Yemen); las ejecuciones extrajudiciales en su guerra contra el terror, ya sea a través de operaciones especiales violando soberanía y coordinadas desde el extranjero (Bin Laden en Pakistán, 2011) o mediante drones (Al Zahahiri en Kabul, 2022); sus tensiones con países como Rusia o Irán; y la búsqueda, en ocasiones, de su interés nacional por encima del bien común, han suscitado la sensación de agravio en muchos países y colectivos dentro y fuera de Estados Unidos, lo que le convierte en blanco prioritario de objetivos terroristas.

La gran densidad de las ciudades

La densidad poblacional dentro de un territorio, la coexistencia de culturas diversas en un espacio reducido, las desigualdades y la degradación medioambiental de los barrios son factores clave de radicalización. Muchas ciudades de Estados Unidos reúnen estas condiciones.

Por ello, estos entornos, a pesar de estar en condiciones de cuasi militarización, son altamente vulnerables. Por un lado, tener bajo control a la población de una ciudad de más de diez millones de habitantes es imposible. Por el otro, ciudades con grandes desigualdades sociales y económicas y contrastes, con segregación poblacional de facto, favorecen la radicalización, más allá de su tamaño.

Nueva York es solo símbolo de un poder aparente que disimula la vulnerabilidad. Además, desafortunadamente, cuando en lugares como las calles de Manhattan todo es espectáculo y consumo, algarabía y desenfreno, distraerse con el break dance callejero, los encantadores de serpientes espontáneos y la constatación de la prostitución y opresión de la mujer (a través, por ejemplo, de la publicidad en vivo de bares de barra americana) es más probable que atender a las dinámicas sobrias de seguridad.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Reactivar el mundo rural, clave para prevenir los grandes incendios forestales

Rosa Maria Canals Tresserras, profesora del área de Producción Vegetal del Departamento de Agronomía, Biotecnología y Alimentación de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

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Si los veranos son cada vez más tempranos y más intensos, la planificación de los cultivos en el entorno de los núcleos habitados y de las áreas críticas es una medida que debe contemplarse con celeridad.

Parece que va siendo palpable en la población general los pronósticos de los expertos. Una de las consecuencias más graves del cambio climático es el riesgo de grandes incendios. Las cada vez más frecuentes olas de calor, los prolongados periodos de sequía y los intensos vientos desecantes están estresando los hábitats naturales y las masas forestales. Estos factores favorecen incendios que acumulan mucha energía, desarrollan un comportamiento errático y peligroso y superan rápidamente la capacidad de extinción de los cuerpos de bomberos forestales, altamente preparados y capacitados para la extinción en España.

Los medios para frenar la deriva del clima son en gran parte conocidos por la población. Sabemos que se trata de una carrera de larga distancia en la que debemos emplearnos a fondo desde todas las escalas posibles de la gobernanza, empezando por los organismos internacionales, continuando por los gobiernos nacionales y regionales, y acabando por cada uno de nosotros y el estilo de vida que de manera responsable adoptemos seguir.

Los medios para frenar el abandono al que está sometido el entorno natural (y cultural) y las acumulaciones de vegetación (combustible) es algo que quizás no está tan claro para la sociedad, y en lo que se puede trabajar mucho y bien, con resultados que pueden ser esperanzadores en el corto y medio plazo. Merece la pena intentarlo.

Gestionar el paisaje para prevenir incendios

Crear paisajes resilientes significa adaptar nuestro entorno natural y rural a las amenazas derivadas del cambio climático, como los incendios de gran magnitud, tanto para nuestra seguridad como para asegurar la biodiversidad que acogen y que está también amenazada por la extrema severidad de estos incendios.

Controlar la cantidad de carga combustible, su estado hídrico y su continuidad es un paso esencial en la lucha contra el fuego y podemos trabajarlo adecuadamente durante todo el año llevando a cabo una buena planificación y poniendo en práctica el conocimiento existente.

Trabajar sobre todo el territorio es complejo, pero podemos empezar priorizando los esfuerzos en los ecosistemas naturales más valiosos, los núcleos habitados (interfaz urbano-forestal), las infraestructuras esenciales y en las áreas más críticas para el avance de un fuego. Vamos a reflexionar sobre ello con algunos ejemplos.

Cómo evitar la acumulación de combustible

La reciente ola de calor temprana ha puesto en jaque a Navarra. En especial a sus cuencas cerealistas y a sus sierras intermedias parcialmente repobladas con bosques de coníferas. En ambas situaciones pueden adoptarse medidas para controlar las cargas de combustible y reducir el riesgo de un gran incendio.

Esta ola de calor ha coincido con un cereal ya seco en el campo, y a punto de ser cosechado. Independientemente de una posible ignición del fuego por el trabajo de las cosechadoras, la paja seca en el campo ha favorecido la rápida propagación del fuego.

Imagen de un incendio tomada en la Cuenca de Pamplona el pasado 18 de junio.
Rosa M. Canals, Author provided 

Si los veranos son cada vez más tempranos y más intensos, la planificación de los cultivos en el entorno de los núcleos habitados y de las áreas críticas es una medida que debe contemplarse con celeridad. Se trata de la creación de cinturones verdes: superficies amplias de muy baja carga combustible que actúen como un escudo protector para aquello que encierran en su interior y que faciliten también la accesibilidad para las tareas de extinción.

Una superficie de cultivo que se mantiene verde en el mes de junio y con un adecuado estado hídrico puede ser un deterrente para las llamas. También lo es una amplia zona de pastos pastoreados por ganado extensivo que mantiene la vegetación rasa y verde y no la deja crecer más allá de una determinada altura. No lo es, por el contrario, un cultivo ya agostado, una pradera abandonada y colonizada por un denso matorral o un bosque descuidado cerca del pueblo.

Una vida rural activa y sostenible

Si un agricultor debe sembrar un cultivo de menor retorno económico pero con un valor protector frente al fuego de verano o un ganadero decide optar por una ganadería extensiva, utilizadora de los recursos vegetales del entorno –barbechos, eriales, pastos, sistemas adehesados de baja cubierta arbórea– en lugar de por una estabulación de los animales y una producción intensiva que le reporte más beneficio económico, deberemos no sólo pagar por ello, también promoverlo y favorecerlo al máximo.

De modo similar ocurre con la resiliencia de los bosques. La planificación del aprovechamiento forestal como fuente de energía para las poblaciones locales, la reducción de la cabida cubierta para mantener un mejor estado hídrico de las masas forestales y la promoción de bosques mixtos, entre otras medidas, ayudan a gestionar los bosques abandonados y a hacerlos más resilientes.

En definitiva, necesitamos promover y facilitar una vida rural activa y utilizadora de los recursos de su entorno si queremos protegernos y proteger nuestro medio natural de eventos devastadores de gran magnitud. Así lo hicieron nuestros antepasados, creando cinturones de baja carga combustible (huertas, pastos) alrededor de sus hogares y utilizando la madera y la leña de los bosques como fuentes de energía. Nos pareció tan esencial, quizás tan banal, que no dimos importancia a ese conocimiento ancestral de convivencia con el entorno. Nos pareció mera supervivencia.

Ante un cambio climático que nos está mostrando su peor cara, se hace palpable la necesidad de recordar ese conocimiento, modernizarlo, planificarlo y promoverlo para crear un entorno seguro y un paisaje resiliente. Se trata también ahora, como en tiempos ancestrales, de una cuestión de mera supervivencia.

Rosa María Canals, Profesora Titular y miembro del grupo de investigación Ecología y Medio Ambiente y del Instituto de investigación IsFood, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Cómo restaurar el ciclo natural del agua en las ciudades del siglo XXI

Idoya Lacosta Gavari, profesora del Departamento de Ingeniería de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

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La gestión tradicional del agua en las ciudades consiste en tratar el agua de lluvia como si fuese residual. Por lo tanto, generalmente no se aprovecha. Sin embargo, las ciudades actuales y las del futuro se enfrentan a retos importantes que ponen en entredicho este sistema de gestión en el que el agua es un residuo y no un bien preciado.

Los retos del siglo XXI

El primer problema al que nos enfrentamos es la creciente migración de la población desde las áreas rurales hacia la ciudad.

Según el departamento de de Economía y Asuntos Sociales de Naciones Unidas, en la actualidad en las ciudades reside un 55 % de la población del planeta y se cree que en 2050 este porcentaje se incrementará hasta el 68 %.

Estos porcentajes aumentan hasta el 75 % y el 80 %, respectivamente, cuando hablamos de Europa.

El crecimiento de las ciudades trae consigo la transformación de grandes áreas de suelo permeable en impermeable. Esta reducción en la permeabilidad del suelo se traduce en un aumento de la escorrentía durante los eventos de lluvia y en un mayor riesgo de inundaciones durante los episodios torrenciales.

Por otro lado, el cambio climático está aumentando la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos como las lluvias torrenciales o las sequías prolongadas.

El primer factor produce un aumento de la escorrentía. El segundo, una mayor acumulación de contaminantes durante los periodos secos, los cuales son arrastrados hasta las estaciones de depuración de aguas residuales e incrementan los costes del proceso.

Finalmente, hay que considerar que la ausencia de agua en los entornos urbanos produce lo que se denomina isla de calor. De hecho, se sabe que la temperatura media anual del aire de una ciudad de 1 millón de habitantes puede ser entre 1 y 3 ⁰C más cálida que la de su entorno.

Esta diferencia puede llegar a ser de hasta 12 ⁰C por la noche.

El cambio de paradigma

Estos problemas han forzado un cambio de paradigma en la gestión del agua en las ciudades. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la ONU en 2015 proponen modelos de ciudades sostenibles y resilientes que sean capaces de, en la medida de lo posible, restaurar el ciclo natural del agua en los entornos urbanos.

Los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) son las nuevas infraestructuras que nos permiten abordar estos problemas. Permiten que la respuesta hidrológica de un zona urbanizada sea lo más parecida posible a la que tenía en su estado natural.

El Ministerio español para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico define estos sistemas como “elementos superficiales, permeables, preferiblemente vegetados, integrantes de la estructura urbana-hidrológica-paisajística y previos al sistema de saneamiento”.

Estas infraestructuras están destinadas a infiltrar el agua de lluvia en el terreno, a la vez que la retienen y la transportan, de modo que disminuyan el volumen de escorrentía superficial y restauren la calidad del agua mediante la retención de cierta cantidad de contaminantes.

En el caso de aquellos que almacenan agua en superficie, pueden también refrescar el ambiente y generar nuevos espacios verdes para el disfrute de la ciudadanía.

Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS).
Kevin Robert Perry

Tipos de sistemas urbanos de drenaje sostenible

Existe una gran variedad de estos sistemas, por lo que la elección del más adecuado se debe estudiar cuidadosamente teniendo en cuenta las particularidades de cada zona.

Para controlar el agua en origen pueden emplearse las cubiertas vegetales o algún tipo de pavimento permeable.

Para la ralentización y la conducción del agua suelen emplearse los drenes filtrantes, en sus muchas variantes, o las cunetas verdes.

Para el almacenamiento del agua se prefieren las balsas de detención o los humedales artificiales.

Para infiltrar el agua en el terreno se utilizan las células de biorretención o los pozos de infiltración. Estos sistemas están sujetos a mejoras técnicas continuas para aumentar su eficacia de forma más económica.

Las celdillas de poliprolpileno reciclado que se utilizan como pavimento permeable son un claro ejemplo de ello. Estas estructuras están formadas por un conjunto de cubos huecos semejantes a un panal de abejas que actúan de filtro para la lluvia mediante la interacción entre el agua, suelo, vegetación, aire y microorganismos que simulan un suelo de un ecosistema natural.

Celdillas de Polipropileno para pavimento permeable en Toledo y Calatrava.

Hacia un nuevo tipo de ciudad

Debemos saber que es posible transformar nuestras ciudades en espacios saludables, sostenibles y resilientes. La capacidad de las ciudades para adaptarse, resistir, asimilar y recuperarse de los efectos de las inundaciones, de la contaminación y del aumento de las temperaturas en un contexto de cambio global es vital para nuestra propia supervivencia.

Los ciudadanos debemos exigir que nuestros representantes y gestores caminen en esta dirección. Este camino incluye la adaptación de las instalaciones ya existentes, la implantación de sistemas urbanos de drenaje sostenible en los nuevos proyectos de urbanismo y el apoyo a la investigación en infraestructuras verdes.

Muchas ciudades, tanto españolas como europeas ya han emprendido con éxito ese camino.


Los alumnos de Mecánica de fluidos y Máquinas Hidráulicas de Ingeniería de Diseño Mecánico Mario Serrano Sandúa y Diego Ilarri Pérez han colaborado en la elaboración de este artículo.


Idoya Lacosta Gavari, Profesora de Mecánica de Fluidos y Máquinas Hidráulicas, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Renovables en España: chapeau!

The Conversation
Santiago Galbete Goyena, doctor ingeniero Industrial por la Universidad Pública de Navarra  (UPNA)

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Los españoles no nos caracterizamos por echarnos flores cuando hablamos de nuestro país y todavía nos cuesta más si se trata de compararnos con Europa. Allá en el siglo XX, cursando el programa Erasmus en Francia, curiosamente crecí dos palmos. El primero se debió a que fui de desarrollo tardío y el segundo, porque mis compañeros alemanes, que me duplicaban en volumen, incluido el de la cabeza, me solicitaban que les resolviera sus dudas de Física y Matemáticas. Mis camaradas de la Universidad Zaragoza no me pedían ayuda, tampoco yo a ellos. Se trataba de un sálvese quien pueda, nos reuníamos a estudiar y nos estrujábamos la cabeza para alcanzar unos modestos aprobados. Ahí me quedó, por primera vez claro, que los españoles sabemos hacer cosas bien y nuestro nivel académico no tenía nada que envidiar al del resto de países europeos.

Ahora, y como consecuencia de la cruel situación que se está viviendo en Ucrania, el suministro del gas está en riesgo y la electricidad ha alcanzado un precio que resulta inasumible para las empresas y economías domésticas. El 4 de marzo las tropas rusas atacaban Zaporiyia, la central nuclear más grande de Europa, aunque por fortuna no hubo consecuencias remarcables. Este atentado consiguió hacer despertar el fantasma de Chernóbil. En unos pocos días, las dos principales tecnologías convencionales de generación eléctrica quedaban en entredicho y, en este caso, por motivos no relacionados con el cambio climático; se trata de conceptos mucho más antiguos: garantía de suministro y seguridad física. Ante esta situación tan crítica, los dirigentes de todo el mundo, y en particular los europeos, se dirigieron a la población para hacer pública sus estrategias energéticas. Las altas emisiones de CO² de las centrales de carbón y fuel colocaban a estas tecnologías fuera de la ecuación. Desafortunadamente, a día de hoy, las fuentes de generación eléctrica son sota, caballo y rey. Nuclear, gas, carbón, fuel, sol, agua y viento. Entonces, solo queda un camino: renovables.

Sin entrar a analizar en qué porcentaje, se trató de una estrategia a largo plazo o que hemos sido capaces de acompañar a los astros a lo largo de muchos años para que se alineen. Los españoles hace ya mucho tiempo que tomamos esta senda, y de nuevo me percato que somos capaces de hacer las cosas bien. A finales del siglo XIX, ya se instaló la primera central hidroeléctrica en España. Desde entonces, y a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se siguió apostando por esta tecnología, inaugurando al principio de la segunda mitad del siglo XX las mayores centrales hidráulicas (Aldeávila, Villariño, Saucelles…), aportando una importante presencia en nuestro “mix” energético, el 12% en el año 2021, y sus conocidos beneficios: controlable, renovable y una enorme capacidad de almacenamiento. El 7% de la demanda de España puede ser almacenada simultáneamente en los embalses de nuestras centrales hidroeléctricas.

También en la segunda mitad del siglo XX se construyeron en España siete centrales nucleares. Entonces, la necesidad de abastecer la creciente demanda en España eclipsó sus inconvenientes: incapacidad para dar salida a los residuos radioactivos, dependencia del suministro del uranio; originalmente, la minería española aportaba tan solo el 25% de nuestras necesidades. Hoy, ninguna mina de uranio está en activo. Estas centrales son un blanco muy atractivo para los ataques terroristas y finalmente la gran problemática tecnológica para conseguir su “controlabilidad”. La planta finlandesa de Olikuoto, recién inaugurada con 13 años de retraso, diseñada y construida por Areva y Siemens, tuvo que anunciar públicamente su impotencia para dotar a la planta de su proyectada “controlabilidad”. Aunque la contribución de esta tecnología al desarrollo de España es un hecho, hoy su situación ha cambiado de manera substancial.

En paralelo con la construcción de estas centrales nucleares y para poder almacenar su exceso de producción especialmente durante la noche, como consecuencia de la reducción de demanda y de su falta de “controlabilidad”, se ejecutaban el mismo número de centrales hidroeléctricas reversibles, capaces de bombear agua cuando se producía un exceso de energía, para mantenerla almacenada y turbinarla en función de la demanda eléctrica. Resulta paradójico que estas mismas centrales son capaces de resolver el problema de la aleatoriedad del sol y del viento, aunque, a la fecha de su construcción, los parques eólicos y plantas solares se consideraban todavía proyectos futuristas.

Unos pocos años después de inaugurarse las centrales reversibles, empezaban a construirse pequeños parques eólicos experimentales en nuestro país. En el año 2000, había instalado tan solo 1,5 GW y su presencia era testimonial dentro del “mix” energético. Desde entonces, de forma progresiva, salvo un paréntesis del 2012 al 2018, la potencia eólica instalada ha aumentado hasta alcanzar en el año 2021 el 25,7% de la potencia total, superando los 27,7 GW y satisfaciendo el 24% de la demanda eléctrica.

Una vez afianzada la tecnología eólica, comienza a instalarse en España las primeras plantas fotovoltaicas. En este caso, se produjo el boom en el año 2008 gracias a un polémico sistema regulatorio. Tras un año de instalación frenética vino un parón hasta el año 2018. Desde entonces, gracias a su simplicidad tecnológica (es la única que no muestra elementos giratorios) y a su reducido precio de suministro e instalación, se ha mostrado imparable. Tan solo en el último año se han instalado 3 GW. Actualmente, la potencia total instalada es de 14,7 GW, que supone un 13,7% de la potencia total y un 8,3% de la generación eléctrica.

Con todo ello, este año se ha logrado en España un máximo en la contribución renovable del 46%. El año pasado fue del 44%. Teniendo en cuenta estos porcentajes, resulta difícil mostrarse escéptico ante una solución renovable para España. De seguirse este grado de penetración, en tan solo 10 años, dos tercios de nuestra demanda eléctrica estaría satisfecha con energías verdes. El secreto del éxito, en este caso y aunque me cueste decirlo, es, en un alto grado, fruto del azar. España es el único país europeo cuyo nivel de radiación solar y orografía permiten la instalación deseada de plantas fotovoltaicas. Me permito dudar del cuestionado sistema eléctrico francés, basado en energía nuclear, si su nivel de radiación permitiera inundar sus vastas llanuras de paneles fotovoltaicos.

Resulta llamativo que, ahora que España se está acercando a la autonomía eléctrica y el presidente de Tesla sugiere que España se convierta en el generador de energía fotovoltaica para Europa, se plantee reforzar las hasta ahora muy débiles interconexiones de España con Europa. No sé por qué me viene a la cabeza un conocido dicho: por interés te quiero… (André, en francés).

Con todo esto, solo he querido demostrar que nuestro largo y azaroso camino en las renovables es el acertado. Su consecución es, en cierta medida, un regalo de la naturaleza, ya que nos ha obsequiado con un sol que, además de una alegría de vivir y un montón de dinerito fresco que entra a nuestras arcas cada año por el turismo, nutre a todas las plantas fotovoltaicas que lo requieran. E independientemente del motivo, el hecho de reforzar nuestras líneas y estar más interconectados con Europa es, sin duda, una noticia positiva.

 

Covid-19: ¿qué se espera de las nuevas variantes XD, XE y XF?

The Conversation
Responde: Antonio G. Pisabarro De Lucas, catedrático de Microbiología en el Departamento de Ciencias de la Salud y director del Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Research in Applied Biology-Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

Pixabay / PHOTOCREO Alexandra_Koch

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Vamos a revisar, a la luz de la evolución, la aparición de nuevas cepas víricas, centrando nuestra atención en el virus Sars-Cov-2 con el que venimos conviviendo desde hace ya dos años.

Los virus de ARN pueden ser excepcionalmente mutables

La evolución tiene dos motores que la impulsan: la variación genética y la selección natural. La variación genética se produce por errores en la replicación del material genético. Estos errores son sorprendentemente infrecuentes, teniendo en cuenta la cantidad de material genético que se replica en cada generación y la velocidad del proceso. Sin embargo, los enormes números de microorganismos o de virus que se replican constantemente hacen que lo infrecuente ocurra. Así las mutaciones se acumulan en la población.

La replicación del material genético es más precisa en aquellos organismos y estructuras que usan como soporte de la información el ácido desoxirribonucleico (ADN) porque las maquinarias que la llevan a cabo (las ADN-polimerasas) pueden tener mecanismos de corrección de errores.

Sin embargo, cuando el material genético es el ácido ribonucleico (ARN) la maquinaria de replicación es más imprecisa y los errores son más frecuentes. En consecuencia, los virus de ARN son más propensos a la mutación que los virus de ADN o que las bacterias y otros organismos celulares.

Hay virus de ARN excepcionalmente mutables que forman conjuntos de poblaciones diferentes dentro de una misma persona infectada. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el virus de la hepatitis C. Con este se aplica el concepto de “cuasiespecies” para explicar la coexistencia de un gran número de variantes del virus que no se desplazan mutuamente entre sí.

El coronavirus tiene facilidad para adaptarse a distintos ambientes

La selección natural, por otra parte, es el proceso por el que unos organismos tienen mayor éxito reproductivo que otros en un ambiente dado y pueden llegar a desplazar a los competidores haciéndose predominantes o exclusivos.

Como es fácil de entender, aquellas mutaciones que permitan un mayor éxito reproductivo en un ambiente tenderán a hacerse más frecuentes en la población y los organismos que las tienen estarán mejor adaptados a dicho ambiente. En realidad, lo que ocurre es que las variantes con más éxito reproductivo prevalecen y si una variante puede colonizar un entorno nuevo, lo hará y prevalecerá, al menos temporalmente, en él.

Los coronavirus son pequeños virus de ARN con una alta variabilidad. Eso les permite, como grupo, adaptarse a distintos ambientes (infectar diferentes tipos de animales) y generar constantemente nuevas variantes cuya abundancia relativa dependerá de su éxito reproductivo.

De esta forma, desde que el coronavirus SARS-CoV-2 infectó a los primeros humanos en Wuhan, a partir de los cuales se originó la pandemia, han ido surgiendo constantemente nuevas variantes del virus. Su ascenso y descenso en prevalencia ha sido constante, como lo son las olas en el mar.

Estas variantes están catalogadas en estirpes que forman genealogías detalladas, lo que permite hacer un seguimiento epidemiológico riguroso de la pandemia, al igual que se hace de otras como la gripe o el SIDA.

A día de hoy, se estima que ha habido casi 500 millones de casos de coronavirus en el mundo con más de seis millones de fallecimientos. Considerando los millones de partículas víricas que se producen dentro de cada persona infectada y la frecuencia de las mutaciones, la aparición de nuevas variantes del virus es un fenómeno inevitable y que permanecerá constante en el futuro.

La llegada de una nueva serie de variantes

Recientemente se ha empezado a hablar de una nueva serie de variantes de Sars-Cov-2 cuyo nombre empieza por la letra X: XA a XS. Estas variantes son recombinantes de otras cepas ya descritas anteriormente.

Su origen no es como el que he descrito en párrafos anteriores, sino que se han formado en el curso de la coinfección de una misma célula por dos coronavirus de estirpes diferentes. Durante la replicación de los dos virus en una misma célula, pueden combinarse sus materiales genéticos dando lugar a un nuevo virus que reúna características de ambos progenitores. Si este nuevo virus tiene más éxito reproductivo que los otros presentes en la población, predominará y se hará prevalente.

Las nuevas estirpes recombinantes que han suscitado el interés de la sociedad son las denominadas XD, XE y XF y se han detectado principalmente en Francia, Dinamarca y el Reino Unido.

Las tres incluyen material de la cepa BA.1 (ómicron) y, en el caso de las variantes XD y XF, de la variante delta. Puesto que estas variantes han sido detectadas con una cierta abundancia en los países citados, es esperable que su prevalencia aumente ya que tienen un éxito reproductivo suficiente como para destacar.

Los datos disponibles sugieren que estas variantes podrían ser más transmisibles que las anteriores, pero no hay datos significativos que indiquen que vayan a ser de mayor virulencia que las que conocemos.

La recombinación de genomas víricos es un proceso que requiere la coinfección y la formación de una nueva y exitosa molécula recombinante. El proceso se produce debido a que el alto número de virus y de infecciones hace que lo infrecuente, de nuevo, ocurra. La formación de nuevos virus por este sistema es el origen de las cepas pandémicas de gripe que con una recurrencia de entre 20 y 30 años aparecen como resultado de la mezcla de virus de gripe de diferentes orígenes.

El proceso se ve favorecido en el caso del virus de la gripe al tener su genoma (también de ARN) dividido en varias moléculas. En el caso del coronavirus, el proceso debe ser más infrecuente porque su genoma está organizado en una sola molécula y es necesaria la recombinación y no solo los errores de empaquetamiento que dan lugar a las mezclas de genoma en el virus de la gripe.

Y esta es la situación actual: aparecen nuevas variantes que entran en el sistema de seguimiento de la epidemia que tienen los centros de control de enfermedades infecciosas europeo (ECDC y norteamericano (CDC).

El ECDC diferencia tres niveles para organizar la intensidad progresiva del seguimiento de las nuevas variantes víricas: variantes en seguimiento (la XD y la ómicron BA.3), variantes de interés (las cepas ómicron BA.4 y BA.5) y variantes de preocupación (la variante delta y las cepas ómicron BA.1 y BA.2). Las variantes XE y XF no han alcanzado el nivel de relevancia, de momento, como para ser clasificadas como variantes en seguimiento.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud también incluye únicamente la variante XD entre las clasificadas como de seguimiento.

Cuál será el efecto futuro de esas nuevas variantes en la población y en la evolución de la epidemia es algo que no podemos saber con exactitud porque la evolución es una combinación de azar y necesidad; pero podemos tener algunas expectativas basadas en lo que sabemos a partir de la evolución y de epidemias anteriores.

Qué se espera de esta variante

Podemos definir la virulencia de un patógeno como el número de casos graves o muy graves respecto al total de las personas infectadas. Con las debidas precauciones, en general la virulencia de los patógenos suele disminuir con el tiempo de convivencia con el huésped.

Esto se puede explicar porque el éxito reproductivo de un patógeno es mayor cuanto menos daño cause al huésped y, por tanto, más pueda éste transmitir el patógeno. Un perro muerto no transmite la rabia. Por esto, las variantes menos virulentas tienden a propagarse mejor que otras que limitan o eliminan la movilidad del animal o la persona enferma y, con el tiempo, tienden a prevalecer en la comunidad.

Por otra parte, el sistema inmune aprende a enfrentarse a este virus controlando su multiplicación y modulando la respuesta (lo que en el caso de la infección por el coronavirus es esencial en el agravamiento de la enfermedad).

Por tanto, y para concluir, debemos esperar que sigan surgiendo nuevas variantes del coronavirus cuya prevalencia les haga saltar a la prensa y a la vigilancia especial de las organizaciones internacionales. Pero cabe esperar, razonablemente, que estas nuevas variantes tiendan a ser menos virulentas. De esta forma, las sucesivas olas de la pandemia deberían ser cada vez más suaves y la respuesta hospitalaria, en su caso, no se vería afectada significativamente.

Antonio G. Pisabarro, Catedrático de Microbiología, Departamento de Ciencias de la Salud, Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Llamar al paciente por su nombre y otros gestos que mejoran su salud

Tomás Belzunegui Otano, vicedecano del Grado en Medicina de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

Foto de RODNAE Productions en Pexels

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existen factores que dificultan que la atención sanitaria que ofrecemos sea más humana. Entre ellos, figuran la escasez de tiempo…

¿Humanizar cura? La respuesta breve es no. Humanizar la manera en la que se trata a los pacientes en un hospital no cura y, ni mucho menos, salva vidas. Pero sí se convierte en una pieza fundamental para mejorar la percepción, el estado de ánimo e incluso el deseo de involucrarse en el seguimiento del tratamiento o acciones prescritas para la recuperación de la persona. Por lo tanto, no es un tema baladí. Influye en la salud. Incluso el dolor es percibido de diferente manera cuando nos sentimos bien tratados.

El paciente o la paciente puede llegar a entender que no le cures pero nunca que no le cuides. Y es ahí donde radica la esencia de la humanización de la atención sanitaria. Esa persona podrá comprender que la ciencia o su cuerpo no dé más de sí; que con los medios disponibles no seamos capaces de ofrecer la solución ansiada. Pero jamás que no nos preocupemos por ella. Que no sepamos mirarle a los ojos y tratarle como lo que es: una persona que merece respeto.

¿Está deshumanizada la atención sanitaria hoy en día?

Más allá de la voluntad personal de los grandes profesionales que habitan en nuestros hospitales, existen factores que dificultan que la atención sanitaria que ofrecemos sea más humana. Entre ellos, figuran la escasez de tiempo, la falta de recursos personales y físicos, la tecnificación de la medicina (que nos ha llevado a estar más pendientes de las máquinas y de los resultados de una prueba que de las personas), el propio diseño de las instalaciones médicas y el síndrome de estar quemado que afecta a una plantilla cada vez más mermada y agotada.

A todo ello, debemos añadir el efecto devastador de la pandemia de covid-19, que se ha llevado por delante parte de lo avanzado en este terreno. La pandemia nos tapó el rostro a los profesionales de la salud, nos despojó de apariencia humana con los EPIs, nos impuso incorporar más procesos de protección en cada acción que desarrollábamos y nos robó tiempo. Se llevó por delante a muchas personas mayores de una generación admirable que, en la primera ola, murieron solos… Desolador. La pandemia ha demostrado que no estábamos preparados para algo así y que debemos humanizar, de nuevo, ese trato echándole imaginación.

Sin embargo, en todo ese maremágnum de obstáculos, como siempre, aparecen las personas con sensibilidad. Y es digno de destacar cómo profesionales del ámbito sanitario, desde médicos, enfermeros, auxiliares, personal de limpieza y otras labores han demostrado su capacidad de empatizar en mil y una ocasiones. Lo han hecho ofreciendo, por ejemplo, su teléfono personal para que una persona, consciente de que se moría, pudiera despedirse de su hijo. Sentido común, podríamos decir, pero un sentido que se ha topado en los últimos tiempos con demasiadas barreras.

Detalles que marcan la diferencia en el cuidado de pacientes

Un gesto. Una mirada. Un silencio. Mejorar el trato en un centro sanitario se resume en muchas ocasiones simplemente en prestar atención, saber que al otro lado hay una persona y analizar lo que hacemos para mejorarlo.

Veamos un ejemplo. Un estudio desarrollado en la UCI del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla reveló que el 60 % de sus pacientes refirieron dificultad a la hora de dormir adecuadamente derivada de la toma de constantes nocturnas realizada por el personal sanitario.

Por su parte, el estudio Percepción del sueño de los pacientes en una Unidad de Cuidados Intensivos, realizado en Clínica Universidad de Navarra, señala que los ruidos, los monitores y la ronda de constantes fueron factores determinantes en la calidad del sueño.

Investigaciones como estas nos ayudan a sacar conclusiones. Por supuesto que debemos estar pendientes de los pacientes y verificar sus constantes, pero tenemos que personalizar la atención, ver quién necesita realmente que supervisemos su estado cada hora y a quién podemos desearle buenas noches y dejarle descansar hasta la mañana siguiente. No podemos caer en hechos tan llamativos como despertar a un paciente para darle la pastilla de dormir, algo que ocurre en nuestros hospitales.

Sin embargo, gracias a la sensibilidad de los profesionales sanitarios y, en especial, de profesionales de la enfermería, ya se llevan a cabo mejoras tan sencillas y decisivas como agrupar y minimizar las actuaciones, eliminar el ruido de los teléfonos por la noche y sustituirlo por luces, hablar en un tono bajo, sustituir carros ruidosos por otros más silenciosos, etc.

¿Qué más se puede hacer para humanizar la atención sanitaria?

La leyenda cuenta que un médico sabio dijo “La mejor medicina es amor y cuidados”. Alguien le preguntó: ¿y si no funciona? Él sonrió y contestó “Aumenta la dosis”.

Aumentémosla entonces. Son muchas las posibilidades a nuestro alcance, pero resumamos algunas de las acciones más reseñables:

  • Identifiquémonos y dirijámonos al paciente por su nombre: que en ningún momento tenga la sensación de que es el 23 A o el de la colecistitis.
  • Transmitámosle la información de manera clara, cercana y comprensible, tanto al paciente como a sus acompañantes. Aprendamos a dar malas noticias.
  • Permitamos que sea dueño de sus decisiones y abandonemos ese paternalismo que ha existido en generaciones pasadas en la atención sanitaria en el que rara vez era el paciente quien decidía.
  • Respetemos la dignidad de la persona, su intimidad y su autonomía.
  • Promovamos un entorno tranquilo y confortable en las habitaciones y zonas comunes. Adecuemos nuestros centros.
  • Apoyemos emocionalmente en el duelo y velemos por el bien morir.
  • Pidamos a las administraciones que cuiden a sus profesionales, brindándoles los recursos necesarios para poder hacer bien su trabajo y dedicar el tiempo y la atención que requieren los pacientes.

Si lo pensamos bien, la humanización sanitaria desemboca en el simple sentido común de que debemos cuidar a quien lo necesita. Si es posible, curarle, pero siempre y en todo momento, cuidarle. Quizá no salvemos vidas, pero haremos que merezcan la pena.

Tomas Belzunegui Otano, Profesor del Area de Medicina, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Por qué es importante propiciar el liderazgo del personal de enfermería?

Olga López de Discastillo Sainz de Murieta, profesora de Enfermería en el Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

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Un buen líder consigue que la gente baile. Sí, han leído bien, baile. Los enfermeros y las enfermeras podrían hacernos bailar una buena danza. Pero no entiendan mal, no como en las películas de vaqueros del oeste, en las que el protagonista hace bailar a “los malos” disparando tiros a sus pies. Es un baile sentido, en el que al sonar la música no puedes impedir dejarte llevar por sus notas.

En la educación escolar griega se suele usar un ejemplo para demostrar la fuerza que tiene la música y la danza en las personas. Un ejemplo es muy pertinente cuando se habla de liderazgo. Veámoslo. Un héroe de la Revolución griega (1821-1830), Odysseas Androutsos, de acuerdo a la leyenda, consiguió por medio de la música y el baile que sus compañeros se unieran a su “locura” y frenaran a los turcos en su avance al Peloponeso.

Tras una reunión acalorada con su ejército y otros líderes del momento sobre qué deberían hacer y dónde, Odysseas lo vio claro. Dijo: “yo me quedo aquí”. Empezó a cantar, se puso a bailar y añadió: “Quien quiera luchar conmigo que se una”. Así, a la manera del baile tradicional griego, cogidos de la mano con su líder a la cabeza, la fila de hombres fue creciendo, todos ellos cantando y bailando, entregados a la causa.

De este ejemplo se pueden extraer tres componentes esenciales para un buen liderazgo: un proyecto claro, la preocupación por las personas y una valiente determinación.

Un proyecto claro

Con respecto al primero, los buenos líderes plantean el proyecto tras analizar la situación y los datos y de identificar qué se quiere o se necesita lograr.

En el ámbito de la salud, el proyecto puede variar si el foco está en la ausencia de enfermedad o si es más ambicioso y se plantea que las personas mantengan o mejoren su salud y bienestar. Al centrarse en este último, el baile –o liderazgo– del personal de enfermería puede ayudar a construir un sistema sanitario y social más fuerte con un mejor empleo de los recursos.

Podrían hacerlo porque la enfermería sitúa a las personas en el centro de actuación y las entienden de manera completa, no centrándose solo en los problemas de salud que presentan. Puede parecer que entender el cuidado de la persona de esta manera resulta más costoso o menos práctico, ya que no se aborda solo la enfermedad sino cómo las personas viven, pero no es así.

En la historia de la enfermería esto ya se ha demostrado anteriormente. Un ejemplo muy conocido lo proporciona una famosa enfermera inglesa, Florence Nightingale. Nightingale evidenció que muchos de los soldados que fallecían en la guerra de Crimea lo hacían no por las heridas y sus consecuencias sino por las malas condiciones de vida que tenían al estar heridos. Es decir, por las infecciones, la mala ventilación, la falta de movilidad y la alimentación inadecuada en los hospitales de campaña.

Nightingale utilizó un diagrama muy visual (diagrama de la rosa o diagrama del área polar) para dar a conocer la situación y trabajar para cambiarla. Su análisis de la situación y su visión global de lo que las personas necesitan fue lo que le permitió identificar qué era necesario hacer.

La contribución de Nightingale no se pudo producir de manera inmediata porque cuando las enfermeras llegaron para ayudar a Crimea en octubre de 1854 no fueron bien recibidas. Fue medio año más tarde, en marzo de 1855 (cuando la situación llegó a ser extremadamente crítica), cuando se les permitió el acceso a los campamentos. Entonces no podían ni imaginar cómo podrían cambiar las cosas.

Como Nightingale en aquel momento, los enfermeros y enfermeras en la actualidad tienen, en general, las puertas cerradas para ejercer su potencial. Por ejemplo, en la planificación y en la toma de decisiones organizativas y políticas a distintos niveles que podrían ayudar a obtener mejores resultados en la salud de la población.

En la pandemia, por ejemplo, este sector del personal de sanidad no ha estado prácticamente presente en la toma de decisiones de las políticas sanitarias. Su trabajo
ha estado casi exclusivamente limitado a la primera línea de atención sujetas a los vaivenes de las decisiones que “otros” toman y a la agonía de intentar cubrir puestos y llevar a cabo diferentes procedimientos (vacunas, PCRs, test de antígenos, etc.).

Para la “apertura”, en este caso es necesaria la revisión los sistemas de selección y contratación que no reconocen la preparación de los enfermeros, llevan a los profesionales a vivir en la precariedad de la temporalidad y les impiden acceder a puestos clave en la administración pública.

La preocupación por las personas

Con respecto al segundo componente del liderazgo, la preocupación por las personas, la enfermería históricamente ha mostrado que está a la altura. Para ilustrarlo hablaremos de otra mujer ejemplar en el ámbito de la enfermería, Virginia Henderson.

Ella indicó que “la enfermera es temporalmente la conciencia del inconsciente, el amor de vida para el suicida, la pierna del amputado, los ojos del reciente ciego, el medio de locomoción para el infante y una voz para aquellos demasiado débiles para hablar”. Los enfermeros y las enfermeras conocen a la perfección las necesidades del sistema sanitario y de las personas a las que cuidan. Pueden ser la voz de aquellos a los que no se están escuchando.

En este momento, a la población se le están negando los cuidados que requiere por el deterioro de un sistema de salud, que ha sufrido numerosos recortes y que no se ha engranado bien con el sistema social. Parece que las necesidades del sistema de salud son las protagonistas y que las de las personas no son tan importantes.

Por ejemplo, para “cuidar nuestro sistema de salud tensionado” en los últimos meses, sociedades enteras han tenido que “cuidarse”, “limitarse”, “confinarse”, “medirse”, “autoorganizarse” para cumplir los confinamientos propios y de los más pequeños, mientras veían que los niños y las personas mayores eran muchas veces olvidadas.

Las necesidades tanto físicas como mentales de las personas se han visto relegadas a un segundo plano. Se han frenado actividades promotoras de salud y se ha visto comprometido el acceso presencial a los distintos profesionales.

Así nos encontramos con un aumento de patologías que son consecuencia de las medidas adoptadas en la pandemia , más que de la pandemia en sí. Esto se podría haber mejorado teniendo una visión global de las personas y las comunidades.

Reconocer las capacidades de liderazgo de la enfermería llevaría a la ganancia segura porque en el análisis de las situaciones están las personas. Un sistema que viva al margen de esta realidad y se centre solo en los problemas de salud agudos es perverso, ya que no responde a las verdaderas necesidades de aquellos para los que fue diseñado, ignora los contextos en los que estos viven y conlleva que no se aborde lo que verdaderamente promueve o afecta a la salud de las personas.

Una valiente determinación

Finalmente, la determinación valiente del líder es el canto y el baile que hace que muchos se sumen. Nightingale, con los datos y su determinación, lideró el cambio e implantó medidas higiénicas que salvaron muchas vidas en un momento de guerra, pero que no quedaron ahí. A su regreso a Inglaterra, continuó siendo una protagonista central en las reformas del sistema sanitario inglés.

Las enfermeras son una pieza clave para recuperar lo que se ha perdido o dañado con la pandemia: la atención primaria, el cuidado de la salud comunitaria, la atención presencial y la atención a otras necesidades de salud.

Para ello, el personal de enfermería está formado de manera mucho más avanzada que en tiempos de Nightingale o Henderson, con grados bien pensados y con especialidades y postgrados que permiten a los profesionales conocer mejor a las personas y sus contextos.

Esa es la forma en que la enfermería puede liderar: teniendo las ideas claras, sabiendo que gobiernos y sistemas de salud se deben a las personas y siendo la primera que con valentía puede comenzar este canto y su baile. Eso sí, mano a mano con otros profesionales y con la población.

No solo bailando al son que otros tocan, que lleva a dejarse la piel, con la frustración de no entender, compartir o llegar a lo que otros han planificado y que se queda corto comparado con todo lo que la enfermería puede ofrecer.

Es importante que todo el esfuerzo merezca la pena. Porque es cierto que las enfermeras y los enfermeros han estado ahí, pero tienen que dejar de estarlo como ejecutoras y ser líderes del cambio tan necesario en nuestros días. Es el momento de confiar en una profesión históricamente firme y valiente, elevar la voz y danzar a su son.

Olga López Dicastilo, Vicedecana del Grado en Enfermería. Facultad de Ciencias de la Salud. Profesora Contratada Doctor. Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.