El ejercicio físico y el deporte deberían ser actividades esenciales (y más en pandemia)

Mikel Izquierdo Redín, catedrático  y director del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) e investigador principal del grupo de Ejercicio Físico, Salud y Calidad de Vida (E-FIT) en el Centro de Investigación Biomédica del Gobierno de Navarra (Navarrabiomed)

 

Con la que está cayendo, es natural que la covid-19 y sus graves consecuencias estén en boca de todos. Sin embargo, hoy más que nunca, nos viene bien recordar que la inactividad física y el sedentarismo también llevan mucho tiempo haciendo de las suyas.

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido que la falta de actividad física es un factor de riesgo importante para aumentar el número de personas que enferman y la mortalidad prematura. De hecho, las estimaciones de 2020 indicaban que no cumplir con las recomendaciones de actividad física es responsable en todo el mundo de más de 5 millones de muertes cada año. Dimensiones de pandemia, sin duda.

Recientemente, un estudio basado en datos de más de un millón de personas indicaba que, si la práctica de actividad física fuera suficiente –equivalente a 60-75 minutos por día de actividad física de intensidad moderada–, serviría para contrarrestar el incremento del riesgo de mortalidad que supone permanecer de más de cuatro horas sentados al día.

No hay que olvidar que estar sentado mucho tiempo es una práctica peligrosa y nada sana, máxime si se combina con poca práctica de actividad física. De hecho, esta combinación aumenta el riesgo de mortalidad lo mismo que el tabaco o la obesidad.

Sin embargo, pese a las evidencias, tan sólo el 18% de los adultos de 65 a 74 años y el 15% de los mayores de 75 años cumplen las pautas mínimas de ejercicios cardiovasculares y de fuerza muscular establecidas por la OMS. Es decir, hacer mas de 150 minutos de actividad física aeróbica moderada-vigorosa por semana y ejercicios de fortalecimiento muscular por lo menos 2 veces a la semana.

Es más, aunque lo hicieran, también sería insuficiente. Porque estos niveles de actividad física pueden atenuar pero no eliminar el riesgo asociado a ver la televisión mas de 3 horas al día.

Inactividad física y sedentarismo, dos viejos problemas conocidos de salud pública

En las personas mayores, si la inactividad física se combina con un estilo de vida sedentario, la masa muscular y la función física se reducen. Como consecuencia disminuye la capacidad de realizar actividades cotidianas, aumenta el riesgo de caídas y se pierde independencia y calidad de vida. Además, la vida sedentaria también empeora los problemas crónicos de salud, incluida la hipertensión, las enfermedades cardio-vasculares y cerebro-vasculares, la diabetes, la depresión y la demencia.

No es para tomárselo a broma. Permanecer inmovilizado periodos tan cortos como 5 días, incluso en personas jóvenes, reduce hasta un 4% la masa muscular, 9% la fuerza y hasta un 10% nuestra capacidad cardiovascular. En caso de permanecer encamados en el hospital, solo tres semanas de reposo absoluto serían similares a un deterioro de la capacidad funcional equivalente a 30 años de envejecimiento.

Para colmo, se ha comprobado cómo basta reducir el número de pasos diarios durante 14 días para que aumente el riesgo de enfermedad metabólica futura y resistencia a la insulina, típicas de la diabetes tipo II y la obesidad. Queda confirmado que estamos diseñados para movernos. Y que, si no lo hacemos, la carga de enfermedad y mortalidad se disparan de manera exponencial.

A pesar de los grandes avances de la ciencia, por el momento no existen fármacos que puedan mejorar la capacidad física en las personas mayores. Ni siquiera parece probable que se desarrolle alguno en el futuro inmediato. La única “vacuna” con la que contamos es el ejercicio físico. Con la ventaja de que es barata, eficaz y segura y no hay problema de suministro ni colas ni turnos: todo el mundo podría empezar a tomarla desde este mismo instante.

Confinados e inactivos

A nivel mundial, el SARS-CoV-2 ha tenido un gran impacto sobre la práctica habitual de actividad física. En el caso concreto de España, fue el país europeo que más redujo el número de pasos diarios de la población –un 38% menos– durante las primeras semanas del confinamiento. Menos práctica de actividad física de la que ya de por sí se consideraba insuficiente.

En el tiempo que nos está tocando vivir, debemos mantener los niveles de actividad física lo más altos posibles. Entre otras cosas porque, en caso de enfermedad o incluso de hospitalización, la capacidad funcional que tengamos actuará como un auténtico seguro de vida para afrontar con mayor éxito la propia enfermedad o los efectos colaterales de los agresivos tratamientos farmacológicos que nos puedan recetar. En otras palabras, cuanto mejor estemos en el momento de enfermar, más probabilidades tendremos de superar la enfermedad.

Caminar no es suficiente

El ejercicio físico mejora la función física y la calidad de vida. Pero también reduce la carga de enfermedades no transmisibles y la mortalidad general prematura, incluida la mortalidad por causas específicas por enfermedad cardiovascular, cáncer y enfermedades crónicas del tracto respiratorio inferior. Y aunque es mejor que nada, caminar no es suficiente.

En 2020, la Organización Mundial de la Salud publicó las nuevas directrices sobre actividad física y comportamiento sedentario en las que recomendaba encarecidamente la práctica de actividad física multicomponente de intensidad moderada o intensa tres o más días a la semana. Esto incluye la realización de ejercicios para la mejora de la resistencia cardiovascular (como, por ejemplo, caminar) con el entrenamiento de fuerza y el equilibrio.

Desde la Universidad Pública de Navarra hemos puesto en marcha un programa multicomponente de ejercicio físico individualizado para la prevención de la fragilidad y el riesgo de caídas llamado VIVIFRAIL. Incluye ejercicios caminando para el entrenamiento de resistencia cardiovascular, además de mover pesos moderados para aumentar la fuerza de extremidades, así como ejercicios de equilibrio y movilidad.

Se ha demostrado que, aplicado en mayores de 70 años, el programa VIVIFRAIL cumple su objetivo de combatir la fragilidad (baja masa corporal, fuerza, movilidad, nivel de actividad física, energía). O lo que es lo mismo, optimiza y previene la pérdida de la capacidad funcional durante el envejecimiento.

Por si fuera poco, en pacientes agudos hospitalizados, también se ha demostrado que las intervenciones de ejercicio supervisado basadas en la metodología VIVIFRAIL son seguras y eficaces para atenuar el deterioro funcional y hasta prevenir el deterioro cognitivo.

Ejemplo de rueda de ejercicio físico del programa multicomponente VIVIFRAIL para personas robustas. Descarga gratuita desde https://vivifrail.com/es/documentacion/

La importancia de prescribir ejercicio

¿Resulta ético no prescribir ejercicio físico? A pesar de todo lo comentado hasta ahora, el ejercicio aún no se ha integrado completamente en la práctica habitual de la medicina primaria o geriátrica. Es más, está prácticamente ausente de la formación básica de la mayoría de los médicos y otros profesionales sanitarios. Sin embargo, los médicos deberían ser los primeros “prescriptores de ejercicio físico”, y las facultades de medicina deberían enseñar que el músculo esquelético sigue siendo un tejido plástico y adaptable durante toda la vida humana.

En cuanto a los educadores físicos, deberían tener un papel más activo en la dirección, supervisión y evaluación de la práctica de ejercicio en personas de cualquier edad que tengan algún problema de salud, aquellas con diversidad funcional o con capacidades diferentes, especialmente en el entorno sanitario.

Por otro lado, no debemos olvidar un mensaje tan simple como importante: el ejercicio no es solo para niños y adultos jóvenes. Las personas de edad avanzada pueden adaptarse al ejercicio y merecen beneficiarse de él. Nunca es demasiado tarde –y nunca se es demasiado viejo– para contraer los músculos.

Lo que parece indiscutible es que se necesita más investigación sobre las intervenciones de ejercicio para los adultos mayores, los “grandes olvidados” en los estudios médicos. Sobre todo para despejar dudas sobre la seguridad, la eficacia y la variabilidad inherente entre las personas en respuesta al ejercicio.

Comprender esta variabilidad es esencial para identificar el mejor método de tratamiento (ejercicios simples ó ejercicios multicomponentes) y decidir la intensidad (ejercicios de resistencia de baja, moderada ó de alta intensidad). Es cierta la idea global de que “el ejercicio es medicina”. Pero igual que no todos los medicamentos curan el cáncer, tampoco todos los tipos de ejercicio (cardiovascular, de fortalecimiento muscular, de equilibrio) tienen los mismos efectos sobre las enfermedades y la capacidad funcional.

Sea como fuere, la actividad física debería ser considerada, con y sin pandemia, como una actividad esencial con impacto en la sanidad pública. Este debería ser uno de los grandes retos de las políticas de salud pública y sanitaria en los próximos años.

Mikel Izquierdo, Catedrático y Director del Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

La llegada de la carne artificial y sus consecuencias para la ganadería

José Antonio Mendizabal Aizpuru, catedrático de Producción Animal en el Departamento de Agronomía, Biotecnología y Alimentación de la Universidad Pública de Navarra y subdirector del Instituto ISFOOD – Institute for Innovation & Sustainable Development in Food Chain de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

En la actualidad existe un intenso debate sobre los hábitos alimentarios y su influencia en aspectos como la salud, la preservación del medio ambiente (biodiversidad, emisiones de gases de efecto invernadero, calentamiento global…) o el bienestar animal.

De entre los alimentos que el hombre ingiere –recordemos que la especie humana es omnívora–, son los productos de origen animal los que actualmente están siendo cuestionados por ciertos grupos de población.

Los huevos fueron los primeros. Su consumo se relacionó con tasas elevadas de colesterol y una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares (teorías posteriormente matizadas). En menor medida, también la leche y actualmente, con gran virulencia, la carne, tanto en lo que respecta a su producción como a su consumo.

Haciendo un poco de historia, no viene mal recordar que la especie humana consume carne desde hace dos millones de años. Así lo atestiguan los últimos estudios realizados en el yacimiento de Olduvai (Tanzania), considerada la cuna de la humanidad.

Tampoco está de más subrayar que eminentes paleontólogos defienden que la introducción de la carne en la dieta humana supuso un antes y un después en la evolución de los homínidos, ya que influyó en su desarrollo cognitivo.

Por último, recordamos que el proceso de domesticación, que arranca hace aproximadamente 10 000 años en el cercano oriente, supuso el comienzo de la ganadería. Desde entonces, ha proporcionado a más de 400 generaciones, ininterrumpidamente, carne y otros alimentos básicos para nuestra dieta. Por tanto, es de justicia reconocer la gran aportación que la ganadería supone y ha supuesto a lo largo de la historia de la humanidad.

Sin embargo, desde hace unos años, algunos sectores de la sociedad han comenzado a señalar al consumo de carne como uno de los mayores riesgos para la salud humana. También indican que la producción de carne es uno de los grandes causantes de los problemas medioambientales que nos afectan.

¿Es mala la carne roja para la salud?

Respecto a la primera cuestión, la salud humana, el informe que en 2015 emitió la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), órgano de la OMS, sobre la carcinogenicidad de la carne roja, supuso un punto de inflexión. El IARC clasificó la carne roja en el grupo 2A de la escala de agentes carcinógenos para humanos (escala que va de 1 a 3).

Sin embargo, se basó en una evidencia limitada. Según la OMS, se observó una asociación positiva entre la carne roja y el cáncer, pero no se pueden descartar otras explicaciones para las observaciones. Es decir, otros factores como el sedentarismo y el tabaquismo podrían estar interaccionando.

La carencia de ensayos clínicos en humanos donde se estudie el efecto dosi Keep reading →

La huella de carbono de las actividades del Banco de Alimentos de Navarra

Responde: Maite Martínez Aladaya, investigadora de ISFOOD (Institute for Innovation & Sustainable Development in Food Chain) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

Actualmente, aproximadamente un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician. Esto afecta al cambio climático debido a la liberación de gases de efecto invernadero (GEI) por el uso ineficiente de recursos. Se estima que cada año se desperdician en el mundo más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale al 8 % (4,4 Gt CO2e) del total de las emisiones de GEI antrópicas.

La huella de carbono de una organización mide las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) liberadas a la atmosfera derivadas de todas las actividades de la misma. De esta manera, es posible asignar la cantidad de emisiones GEI por etapas e identificar aquellas en las que se genera mayor cantidad de emisiones. Los datos se expresan en toneladas de CO2 equivalentes.

El Banco de Alimentos de Navarra (BAN) es una Fundación, con 25 años de experiencia, que desarrolla un papel clave en la recuperación de alimentos que de otra forma se desperdiciarían así como en su intermediación para que lleguen de manera gratuita a las personas más desfavorecidas de nuestra comunidad.

En torno al 70% de los alimentos gestionados por el BAN, 2.434 toneladas en 2019, corresponden con el aprovechamiento de alimentos desechables, en vías de caducidad y/o defectuosamente envasados, que de otra manera serían desperdiciados bien como residuos a vertederos, tratamientos de compostaje, incineración, etc; lo que generaría emisiones de GEI.

Por ello, el Balance anual de carbono del BAN se determinará como resultado de la consideración de dos elementos: las emisiones generadas en el transcurso del desarrollo de sus actividades, por un lado, y por otro, las emisiones que son evitadas por el aprovechamiento de los alimentos de que de otra manera serían desperdiciados.

El cálculo de las emisiones de GEI asociadas a las actividades del BAN para los años 2018 y 2019 se ha realizado según la metodología del MITECO (2016) y otros estándares internacionales (GHG Protocol, 2005; ISO 14064, 2019; IPCC, 2019)

La huella de carbono de las actividades del Banco de Alimentos de Navarra fue de 146,9 t CO2e en 2018 y 147,7 t CO2e en 2019. Las principales fuentes de emisión fueron las emisiones indirectas (transporte de mercancías de los donantes al BAN, transporte de entrega de alimentos a entidades sociales o desplazamientos de voluntarios, entre otras), representando el 82% de las emisiones totales del BAN (121 toneladas de CO2e). Más en detalle, estas emisiones están asociadas fundamentalmente al transporte de alimentos (60%), y en menor medida al desplazamiento de voluntarios y personal contratado (36%) y la adquisición de productos y servicios por el BAN (3%).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 1. Emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades del Banco de Alimentos de Navarra en los años 2018 y 2019 (toneladas de CO2e).

Tanto en el año 2018 como en el 2019, las emisiones evitadas por el aprovechamiento de los alimentos que en otro caso serían desperdicio son notablemente superiores a las generadas por las actividades del BAN, 147 frente a 4.715 t CO2e en 2018, y 148 frente a 4.304 t CO2e en 2019.

En consecuencia, la actividad del BAN evitó que se emitieran GEI por valor de 4.568 toneladas de CO2e en 2018 y 4.157 toneladas de CO2e en 2019.

Tabla 1. Balance anual de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del Banco de Alimentos de Navarra entre los años 2018 y 2019 (toneladas de CO2e).

Estos resultados destacan la importancia, no solo social sino ambiental del BAN, ya que éste evita que una gran cantidad de GEI sean emitidas a la atmósfera.

Este estudio, fruto del acuerdo entre el Banco de Alimentos de Navarra y el Instituto de Innovación y Sostenibilidad en la Cadena Agroalimentaria (ISFOOD) de la UPNA, ha sido realizado por Maite M. Aldaya, Alejandra Armijos y Beatriz Soret.

Más información en la síntesis del estudio y estudio completo.

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué sabemos de esta nueva cepa?

Responde: Antonio G. Pisabarro De Lucas, catedrático de Microbiología en el Departamento de Ciencias de la Salud y director del Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Research in Applied Biology-Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

La nueva cepa de coronavirus detectada recientemente en Inglaterra plantea algunas cuestiones que aumentan la intranquilidad sobre el desarrollo de la pandemia. Se trata de una nueva cepa aparecida durante este otoño que se ha transmitido muy rápidamente en la zona de Londres, inicialmente, y después se ha ido extendiendo por todo el país. Esta cepa se distingue de las anteriores por una acumulación de mutaciones afectan, entre otros, al gen que codifica la proteína que usa el virus para infectar nuestras células.

Como siempre que se produce una nueva variante genética de un patógeno (o cuando aparece un nuevo patógeno), los datos de los que se dispone son provisionales y hay que tomarlos con cautela; pero, por otro lado, es importante reflexionar un momento sobre lo que sabemos de este y otros casos similares, para pensar en las acciones a desarrollar ante la nueva situación.
La nueva cepa (B.1.1.7) parece ser más transmisible que la anterior (esto es: más contagiosa) pero no hay evidencias iniciales de que su virulencia sea muy diferente (esto es: en general, los casos producidos por esta nueva cepa son similares a los producidos por otras cepas anteriores). Por lo tanto, se trata de una cepa más contagiosa, pero sin evidencia, de momento, de que produzca una enfermedad de mayor gravedad.

Imagen de SurasakTH en Pixabay

No se conoce el origen de nueva cepa, aunque pudiera ser que provenga de un entorno hospitalario y, más concretamente, las primeras hipótesis señalan a entornos de tratamiento de enfermos inmunodeprimidos. En cualquier caso, no parece que se trate de una cepa que haya surgido por aparición de resistencia a un antiviral específico del que, por otra parte, no se dispone.
La cepa acumula varias mutaciones en la proteína de la espina (spike) que permite que el virus se una a nuestras células. Una de estas mutaciones aumenta la afinidad del virus por la proteína de la superficie de las células a las que infecta (la proteína ACE-2). Otra facilita la entrada del virus en la célula a la que se ha unido. Ambas mutaciones facilitan la infección y, por tanto, aumentan la capacidad contagiosa del virus.

Se plantea si las pruebas PCR sirven para detectar esta nueva variante. La respuesta depende de cuál sea la diana de dicha prueba. Una gran parte de las pruebas de PCR están dirigidas a la detección de otros genes diferentes del de la espina. Esas pruebas detectarán el coronavirus; pero no podrán diferenciar, de momento, si se trata de la cepa clásica o de la nueva variante. Por lo tanto, las pruebas PCR podrán seguir siendo útiles para detectar el virus y la infección. Lo mismo ocurre con los tests rápidos y los de antígenos: siguen siendo útiles, aunque no diferencien, de momento, a la nueva variante de las anteriores.

En cuanto a las vacunas, nos encontramos en una situación parecida. La efectividad de las vacunas no debe disminuir de forma significativa porque están destinadas a reconocer el conjunto de la espina, no sólo la región mutada. Por tanto, seguirán disparando una respuesta inmune protectora.

Dada la mayor contagiosidad del virus, las medidas de protección y distanciamiento se hacen más necesarias. Evitar o disminuir la exposición a los sitios cerrados, concurridos y con contacto cercano es aún más importante de lo que lo era hasta ahora para disminuir la propagación de la nueva variante.

Por último, las restricciones a los vuelos procedentes del Reino Unido. La nueva variante no parece ser más s virulenta que las anteriores; pero sí más contagiosa. Una mayor tasa de contagios aumenta el problema de Salud Pública y satura el sistema sanitario. Por consiguiente, es conveniente evitar o retrasar la entrada de la nueva cepa en España. Para eso, las restricciones de las entradas desde el Reino Unido son una medida apropiada. Pero la obligatoriedad de las pruebas de PCR y la cuarentena a las personas que vengan de zonas en las que se mueva esta nueva variante, son medidas a mi juicio imprescindibles.

 

Nota 1: listado de artículos del catedrático Antonio G. Pisabarro De Lucas sobre el coronavirus.

1. ¿Qué es el coronavirus?

2. Coronavirus: ¿cómo es el “malo” de esta película?

3. ¿Quiénes son las primeras víctimas del ataque del coronavirus?

4. ¿Cómo nos invade el virus? El primer encuentro del virus con nuestras células

5. ¿Cómo secuestra el coronavirus la célula?

6. ¿Cómo sabe el sistema inmune que una célula está infectada? Diario de la resistencia. Día 1

7. ¿Cómo se producen los primeros síntomas de la enfermedad covid-19? Fuego y explosiones en el inicio de la batalla

8. ¿Qué es la tormenta de citoquinas? Diario de resistencia ante el coronavirus

9. ¿Cómo se producen los anticuerpos contra el coronavirus?

10. ¿Qué son los linfocitos T y cómo luchan contra las células infectadas? Los linfocitos responsables de la lucha célula a célula

11. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma diferente a distintas personas? Preguntas esperando respuestas

12. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma tan grave a las personas mayores? Preguntas esperando respuestas

13. ¿Por qué se producen las epidemias? Preguntas esperando respuestas

14. ¿Qué medimos con cada uno de los tipos de pruebas de detección del coronavirus? Preguntas esperando respuestas

15. Transmisores y supertransmisores Preguntas esperando respuestas

16. ¿Cómo podemos seguir adelante en un mundo con el coronavirus SARS-Cov-2?

17. ¿Vacunas, qué vacunas? Preguntas esperando respuestas

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico ucc@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Vacunas, qué vacunas? Preguntas esperando respuestas

Responde: Antonio G. Pisabarro De Lucas, catedrático de Microbiología en el Departamento de Ciencias de la Salud y director del Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Research in Applied Biology-Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

En episodios anteriores hemos hablado de las características del virus y de la enfermedad que produce, del origen de las epidemias y del futuro en un mundo con coronavirus. Hoy vamos a ver el método de prevención de la enfermedad en el que la humanidad tiene puesta su esperanza: las vacunas para defendernos del coronavirus.

Todos los seres vivos tenemos mecanismos para defendernos del ataque de microorganismos invasores: desde los sistemas de detección y destrucción del material genético extraño que tienen las bacterias, hasta la sofisticada repuesta inmune de los mamíferos con sus variantes inespecífica y adaptativa que hemos visto en otros artículos de esta serie. La variabilidad genética de los organismos, resultado de las mutaciones ocurridas al azar al replicarse su material genético durante su multiplicación, permite a los microorganismos patógenos y a los virus adaptarse a la presencia de antibióticos y antivirales convirtiéndolos en resistentes a los tratamientos con esas balas mágicas diseñadas para destruir al invasor dañando mínimamente al enfermo. Por esta razón, la lucha contra los patógenos basada únicamente en el uso de antibióticos tiene un futuro limitado: antes o después surgirán mutaciones que harán inefectivo el fármaco y el patógeno volverá a multiplicarse libremente. El futuro parece presentarse oscuro, y así sería si no fuera porque nuestro sistema inmune es capaz de adaptarse a las nuevas variantes de un patógeno de forma que cuando este cambia y puede zafarse de la defensa actual, nosotros desarrollamos una nueva defensa que vuelve a atraparlo y de la que volverá a escapar, y nosotros a atraparlo, y él a escapar, y nosotros a atraparlo ….

El sistema inmune adaptativo tiene dos herramientas para defender nuestro cuerpo de los invasores: la rápida y efectiva respuesta humoral basada en linfocitos B y en anticuerpos y la profunda y duradera respuesta celular basada en linfocitos T. Podemos estimular artificialmente ambas respuestas inmunes poniendo nuestro cuerpo en contacto con el patógeno o con partes de él de forma que nuestros linfocitos B y T aprendan a reconocerlo y a detenerlo. En esto consiste la vacunación: en enseñar a nuestro cuerpo de qué nos tiene que defender y en dejar que nuestro sistema inmune desarrolle en pocos días el sistema eficiente para hacerlo. En esta dirección se dirige una gran parte de la investigación a nivel internacional en la lucha contra el coronavirus. A fecha de hoy (10 de junio) la OMS registra una lista de 136 candidatos de vacuna contra el SARS-Cov-2 con distintos niveles de desarrollo clínico (10 candidatos) o preclínico (126 candidatos).

Podemos fabricar vacunas usando como estimulador del sistema inmune proteínas, o fragmentos de proteínas, del virus para enseñar a nuestro sistema inmune a producir anticuerpos que los bloqueen al infectarnos. Actualmente hay una vacuna anti SARS-Cov-2 de este tipo producida en las primeras fases de su ensayo clínico y un gran número en fases de investigación preclínica. Las vacunas basadas en proteínas del patógeno suelen desarrollar un tipo de inmunidad menos efectiva a largo plazo porque activan sólo una de las ramas de la respuesta inmune y necesitan dosis de recuerdo para ser efectivas. Sin embargo, son vacunas que pueden usarse en personas con el sistema inmune debilitado y, generalmente, producen una buena respuesta específica para la proteína (o elemento celular en el caso de las bacterias) contra el que se dirigen. Este tipo de vacunas se usa en la defensa frente a otros patógenos conocidos tales como el neumococo causante de la neumonía bacteriana o el virus causante de la hepatitis B.

Una alternativa más compleja es la utilización de virus inactivados que no van a poder multiplicarse en nuestro cuerpo. La inmunidad que producen estas vacunas es más completa que la proporcionada por las anteriores, aunque aún es también limitada porque se basa sólo en la producción de anticuerpos. Actualmente hay cuatro ensayos clínicos y cinco preclínicos con vacunas de este tipo frente al coronavirus. Este tipo de vacuna también es muy conocido y usado para el control de otras enfermedades tales como la polio (la vacuna inyectable, no la oral que está basada en virus vivos atenuados) o la vacuna de la gripe estacional que sería conveniente ponerse cada año (y este año más).

El siguiente nivel de eficiencia de las vacunas es el de las basadas en virus atenuados que son incapaces de producir la enfermedad pero que, como son muy similares al patógeno original, disparan una respuesta inmune muy efectiva. Este tipo de vacunas se ha usado con mucho éxito para el control de otras enfermedades tales como el sarampión o la rubeola, por ejemplo. Sin embargo, son vacunas con ciertos riesgos debidos a que el patógeno atenuado puede producir ciertos episodios similares a los de la enfermedad. Este es el caso de la vacuna oral frente a la polio que tiene su campo de acción en ciertas condiciones epidemiológicas que ya no se dan en España y, por eso, ha dejado de administrarse y ha sido sustituida por la vacuna inyectable que describí en el párrafo anterior. No hay actualmente ningún ensayo clínico de vacunas basadas en virus SARS-cov-2 atenuado; pero hay dos ensayos a nivel de laboratorio registrados por la OMS.

Aumentando el grado de efectividad, nos encontramos con las vacunas basadas en virus que han sido manipulados genéticamente para expresar en su superficie proteínas del SARS-Cov-2. Este tipo de vacunas que utilizan virus no patógenos o patógenos atenuados (que no son capaces de producir enfermedad) producen una respuesta inmune muy efectiva porque activan las dos ramas (inmunidad humoral basada en anticuerpos y celular basada en linfocitos T). Actualmente hay dos ensayos clínicos basados en esta tecnología que disfraza de coronavirus otro virus no patógeno (un adenovirus) de forma que aprendemos a defendernos frente al SARS-Cov-2 al infectarnos con el adenovirus modificado de la vacuna.


Ilustración: Manuel Álvarez García

Este tipo de vacuna de alta tecnología ha tenido muy buenos resultados en la lucha contra otra enfermedad infecciosa que nos preocupó a todos hace unos pocos años: la epidemia de Ébola. Hay varias vacunas contra este virus tan letal basadas en esta tecnología que han logrado controlar la epidemia que desde 2018 ha afectado a la República Democrática del Congo. Es importante señalar que, aunque el adenovirus exprese en su superficie proteínas del coronavirus, sigue siendo un inocuo adenovirus: aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Estas vacunas tienen, sin embargo, algunas limitaciones: su manejo es más complicado y también lo es su uso generalizado y, por otra parte, su empleo es problemático en personas con inmunodeficiencias.

Un paso adelante en la sofisticación de la vacuna es el uso de moléculas de ARN (el material genético del virus) o de ADN (su copia en una molécula más estable) como inductores de la respuesta inmune. Este tipo de vacunas es altamente experimental y aún no hay ningún tipo de vacunas de ADN aprobado para su uso; sin embargo, hay dos ensayos clínicos en marcha basados en vacunas de ARN y uno en una vacuna de ADN para protección frente a covid-19. En este tipo de vacunas se intenta hacer llegar a algunas células el material genético codificante de algunas proteínas del virus para que dichas células las produzcan y parezcan estar infectadas. Nuestro sistema inmune, como hemos visto en capítulos anteriores, reconoce las células infectadas y aprende a defenderse, usando la eficiente inmunidad celular, del virus que las infectó. Como en el caso de las vacunas en las que se disfrazaba un virus inocuo de coronavirus, disfrazar una célula de célula infectada no causa la enfermedad; pero nos ayuda a combatirla. Si este tipo de vacunas llegara a funcionar y fueran autorizadas, serían las más fáciles de producir en gran escala para una vacunación masiva.

Como ven, hay muchas alternativas, muchas pruebas y muchos caminos diferentes para buscar una o varias soluciones al ataque de este nuevo virus. Los datos disponibles de enfermedades causadas por otros coronavirus indican que nuestro cuerpo desarrolla una respuesta inmune eficiente que evita posteriores infecciones. Así mismo, la presencia de anticuerpos frente al coronavirus en pacientes de la enfermedad en la epidemia actual sugiere que la inmunoterapia podrá ser una vía efectiva para su prevención. Es esperable que se puedan desarrollar varias vacunas con diferentes grados de efectividad. La variabilidad del coronavirus, un virus de ARN, hará que probablemente no sea posible obtener una vacuna definitiva que nos proteja de por vida. Sin embargo, es esperable que podamos poner muchas dificultades a la circulación del virus y que podamos atenuar el efecto de la enfermedad y de las epidemias de este virus en un futuro.

Ya es tarde; sin embargo, no quiero despedirme sin resaltar de nuevo el potencial de nuestro sistema inmune para defendernos de los patógenos que nos rodean. En nuestras sociedades desarrolladas muchas veces se renuncia alegremente al uso de vacunas alegando las más variadas y, digámoslo suavemente, exóticas razones. Nuestro sistema inmune está trabajando constantemente defendiéndonos de un entorno agresivo que no nos lo parece porque él está ahí: piensen en los enfermos inmunodeprimidos o en los que carecen de sistema inmune y consideren qué posibilidades y calidad de vida tienen. Seguimos vivos gracias a nuestro sistema inmune que está alerta frente a decenas de miles de potenciales agresores cada día. Ayudarle en su trabajo es ayudarnos a nosotros mismos y ayudar a la comunidad en la que vivimos.

Mientras tanto, cuídense.

 

Nota 1: listado de artículos del catedrático Antonio G. Pisabarro De Lucas sobre el coronavirus.

1. ¿Qué es el coronavirus?

2. Coronavirus: ¿cómo es el “malo” de esta película?

3. ¿Quiénes son las primeras víctimas del ataque del coronavirus?

4. ¿Cómo nos invade el virus? El primer encuentro del virus con nuestras células

5. ¿Cómo secuestra el coronavirus la célula?

6. ¿Cómo sabe el sistema inmune que una célula está infectada? Diario de la resistencia. Día 1

7. ¿Cómo se producen los primeros síntomas de la enfermedad covid-19? Fuego y explosiones en el inicio de la batalla

8. ¿Qué es la tormenta de citoquinas? Diario de resistencia ante el coronavirus

9. ¿Cómo se producen los anticuerpos contra el coronavirus?

10. ¿Qué son los linfocitos T y cómo luchan contra las células infectadas? Los linfocitos responsables de la lucha célula a célula

11. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma diferente a distintas personas? Preguntas esperando respuestas

12. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma tan grave a las personas mayores? Preguntas esperando respuestas

13. ¿Por qué se producen las epidemias? Preguntas esperando respuestas

14. ¿Qué medimos con cada uno de los tipos de pruebas de detección del coronavirus? Preguntas esperando respuestas

15. Transmisores y supertransmisores Preguntas esperando respuestas

16. ¿Cómo podemos seguir adelante en un mundo con el coronavirus SARS-Cov-2?

17. ¿Vacunas, qué vacunas? Preguntas esperando respuestas (presente artículo)

 

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico ucc@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: Navarra, riqueza natural por los cuatro costados

Responde: Francisco Javier Sanz Morales, geólogo y docente del
Departamento de Ciencias de la Universidad Pública de Navarra.

Si algo nos ha enseñado esta situación extraordinaria en la que nos encontramos debido a la Pandemia del COVID-19, es habernos dado cuenta de la importancia y la necesidad de salir e interaccionar con el exterior. Disfrutar de un día en la Naturaleza se ha convertido en un aspecto muy codiciado en nuestras vidas. Este deseo nos ha hecho a su vez más sensibles ante la necesidad de cuidar nuestro entorno natural. Esta sensibilidad creciente nos permite apreciar algo de lo que debemos estar orgullosos como navarros: nuestro entorno natural. Podemos decir que estamos de enhorabuena, porque Navarra nos ofrece una riqueza geológica y paisajística extraordinaria, repleta de espacios naturales protegidos.

Imagen: Lago de Salinas

A escasos kilómetros del lugar en el que vivimos, tenemos la capacidad de disfrutar de una maravillosa experiencia. Podemos trepar hasta las cimas graníticas de las Peñas de Aia y contemplar sus panorámicas de 360º junto al mar; pasear entre los espesos bosques versicolores de la Selva de Irati; ascender a Peñas como Izaga y Ezkaurre y Sierras como Abodi, Leyre o Izco; descender por los cañones y foces pirenaicas como Mintxate, Arbayún, Burgui, Benasa, Ugarrón o Lumbier. También podemos explorar los tesoros subterráneos de grandes macizos kársticos como el Macizo de Larra, las Sierras de Aralar, Urbasa, Andía, Lóquiz y Codés, descubriendo todo un elenco de formas que despiertan nuestro espíritu aventurero. Simas, cuevas, galerías subterráneas, arcos naturales, estalactitas y estalagmitas nos hablan de un tiempo remoto que una vez estuvo bañado por el mar, plagado de organismos que ahora son testimonio fósil en el interior de estas rocas. Sumergirnos en el interior de cavidades como las Cuevas de Mendukillo en Aralar, las Cuevas de Urdax o Zugarramurdi, permite descubir uno de los mayores poderes de la Naturaleza: el tiempo. Y es que en una Sociedad como la actual, donde los minutos corren a toda velocidad, el reloj se detiene completamente cuando contemplamos maravillas subterráneas donde el poder del tiempo, gota a gota, segundo a segundo, incesante durante millones de años, ha tallado formas increíbles y únicas para aquel que se atreva a contemplarlas. Descubrir una estalactita de varios metros de longitud, averiguar que crece a ritmo bastante inferior a un milímetro al año y conocer la increíble fragilidad del proceso ante cualquier alteración ambiental, despierta inmediatamente una sensación de sobrecogimiento.

Pero podemos seguir “bañándonos” en increíbles entornos geológicos. Por ejemplo, podemos recorrer los diapiros de Arteta, Salinas de Oro o Estella y toparnos con rocas de origen sub-volcánico, o encontrar numerosas explotaciones salinas en estos lugares; asomarnos a profundos cortados como el Barranco del Rey en Funes; subir al Mirador de Falces y a la Atalaya de Peralta, edificados sobre cristalinos macizos de yeso, para contemplar el incesante trabajo de nuestros grandes y caudalosos ríos, meandriformes y serpenteantes, que en cuestión de escasos millones de años, han creado unas llanuras aluviales de varios kilómetros de anchura y se han encajado cientos de metros respecto a su altura inicial. Aún más, podemos recorrer los desnudos y perfilados relieves de las Bardenas Reales, tallados en rocas blandas con preciosos bandeados de colores, y descubrir en primera línea lo que significa el término “Badland”. En definitiva, una amplísima gama de entornos situados entre los 2.400 metros y los 300 metros sobre el nivel del mar y repleta con cientos de puntos singulares de interés geológico.
Navarra, además de esta increíble variedad de entornos naturales, tiene un amplio registro de materiales geológicos que abarcan un intervalo temporal excepcional. Desde las rocas metamórficas de Roncesvalles, formadas hace más de 450 millones de años en el Periodo Ordovícico, hasta rocas muy recientes y actuales en cualquier punto del territorio. Los organismos y pistas fósiles que encontramos en nuestras rocas conforman un Libro Natural que nos habla de la historia de la vida y la evolución de los lugares que hoy en día constituyen los
cimientos de nuestra vida. Lugares que una vez fueron abismos submarinos ocultos a la luz, y más tarde, cimas de grandes cordilleras montañosas. Un paisaje vivo en constante evolución y que desmiente una falsa idea preconcebida en nuestras mentes: La idea de que nuestro paisaje es como una imagen o cliché fijo e invariable. Como las siluetas de un cuento que cobran vida cuando se pasan las hojas a toda velocidad, así se aprecia el dinamismo terrestre cuando revivimos en el campo una historia contada en breves minutos y cuya duración ha supuesto millones de años a ritmo geológico.

Pero vamos más allá. Hasta ahora sabemos que en Navarra podemos encontrar una variedad inigualable de rocas y minerales de todas las épocas. Además, la convulsa historia geológica ha moldeado, doblado y fracturado todas estas formaciones geológicas, creando estructuras y accidentes geológicos a todas las escalas. Pero además, la evolución de todas estas formas del relieve requiere de “actores y actrices geológicas” que tallan la roca como verdaderos escultores. Hablamos del agua, el viento, el hielo, la radiación solar, o la gravedad. Todos ellos trabajan de forma incesante, y su mayor o menor protagonismo en esta historia depende de su guionista: El Clima. En un territorio de extensión modesta como el nuestro, podemos encontrar climas desde marítimos oceánicos, de montaña, mediterráneos, o esteparios fríos más continentales. Como en toda obra de teatro, hay siempre un protagonista principal. En este caso, dicho protagonista es el agua, sin duda el mayor recurso natural de Navarra. Aguas superficiales y subterráneas abastecen nuestros acuíferos y nos aportan una excelente calidad de vida. Y por si todo esto no fuera suficiente, entra en escena un nuevo protagonista en nuestra historia. Un protagonista muy joven, fruto de la interacción entre la roca y los demás actores: El Suelo. Una delgada y frágil capa que nos protege, como la piel al organismo, que sustenta nuestras vidas, nos alimenta y participa activamente en los Ciclos biogeoquímicos de la Tierra.
De esta manera, la combinación de roca, estructura y clima constituyen la combinación perfecta para ofrecernos la mayor gama de paisajes geológicos y entornos naturales singulares. Por tanto, ¿A qué estamos esperando para salir a descubrir nuestra tierra? Ahora ya tenemos el ingrediente que nos faltaba: La motivación.

Quizá no sepamos por dónde empezar, o qué herramienta utilizar para buscar la información. También estamos de enhorabuena, dado que la tecnología nos ofrece hoy numerosos recursos web que nos ayudan a descubrir todos estos tesoros. Entre los servicios más destacables que podemos encontrar, se encuentra IDENA (Infraestructura de Datos Espaciales de Navarra), SITNA (Sistema de Información Territorial de Navarra), IGN (el visor del Instituto Geográfico Nacional), el Atlas del Medio Natural (También editado por el IGN), IGME (el visor del Instituto Geológico y Minero de España), METEO.NAVARRA (la Website de Meteorología y Climatología de Navarra), Servicio de cartografía (Website del Gobierno de Navarra para la descarga de abundante información cartográfica), SIGPAC (Sistema de Información Geográfica de Navarra para la Política Agraria Comunitaria), Suelos y Series de vegetación (Website del Gobierno de Navarra) y SNCZI-IPE (Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables e Inventario de presas y embalses del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico).
En definitiva, nuestro paisaje está repleto de lugares, a veces escondidos e impenetrables y en ocasiones visibles y accesibles, pero siempre esconden un potencial geológico que bien escuchado y bien entendido, es un regalo para todos los que disfrutamos de la Naturaleza.

 

Nota 1: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico ucc@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: En bicicleta, por la salud y la sostenibilidad del planeta

Responde: Paloma Fernández Rasines, doctora en Antropología y profesora del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra

 

Según la actualización para 2019 del barómetro de la bicicleta en España, parece que tengo el gusto de formar parte de ese 3,5 % de la población que utiliza la bici diariamente para ir a trabajar o a estudiar. Por ser mujer también tengo la suerte de estar entre la población que menos accidentes sufre por haber elegido esta forma de desplazarse. Resulta que los hombres tienen el doble de riesgo de accidente al usar la bici. Este dato tiene sentido porque la mayoría de las personas que usan la bicicleta son varones y son jóvenes.

Sin embargo, desde 2017 el uso que hacen las mujeres ha aumentado de modo significativo, mientras que el de los hombres permanece estable. La implantación de sistemas de carril bici parece ser un factor que explica que ellas se hayan ido animando a darle al pedal.

Imagen de StockSnap en Pixabay

El 3 de junio celebramos el Día Mundial de la Bicicleta porque así lo resolvió la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2018 para que todos los estados miembros lo conmemoren y creen conciencia al respecto.

Cuando celebramos un día internacional es porque se trata de una causa que necesita atención. En este caso, la ONU declara que se precisa otorgar mayor atención para que la bicicleta se incluya en los programas de desarrollo sostenible, para mejorar la seguridad vial y para fomentar con ello una cultura que promueva la salud física, mental y el bienestar en la sociedad.

Relación con la salud y la economía

El uso de la bicicleta está directamente vinculado con lo que las políticas de salud pública entienden como una vida más saludable y libre de humos.

Un informe para la oficina europea de la Organización Mundial de la Salud de 2014 concluye que la bici salva vidas y es un motor económico. En Europa, el uso de la bici puede salvar 10 000 vidas cada año, creando además 76 600 empleos en el mismo periodo de tiempo. En España se estima que dejaríamos de perder 211 vidas al año, y ganaríamos unos 3 700 puestos de trabajo.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que, por el momento, no parece que hagamos nada para disminuir el uso y el consumo del vehículo a motor en España. El Informe Anual 2018 de la Asociación Española de Fabricante de Automóviles y Camiones, que recoge datos de la DGT, cifraba en 515 el número de turismos por cada 1 000 habitantes, con una tasa de crecimiento de más del 9 % en los últimos cinco años.

Puede que estemos haciendo un esfuerzo por fomentar el uso de medios alternativos de transporte, pero el vehículo a motor no pierde el lugar protagónico. No en vano, muchas de las ciudades de la Europa mediterránea están diseñadas para el uso del coche particular.

El contexto del sur de Europa
Consultando el Copenhagenize Index, que evalúa las ciudades más ciclables del planeta, puede verse que solo aparece Barcelona como ciudad española entre las 20 primeras de la lista. La primera es por supuesto Copenhague, seguida de Ámsterdam, Utrecht y Amberes.

Es difícil pensar en importar directamente ciertos modelos nórdicos a nuestros contextos. En esas ciudades se ven entre semana menos peatones, personas mayores y familias caminando. Aunque es envidiable su infraestructura vial radicalmente centrada en la bici y expulsora del automóvil, quizá deberíamos pensar en una forma de uso de la bici algo distinto para el sur. Eso significa pensar en modelos respetuosos con las personas que caminan, que en nuestras ciudades son muchas.

Por último, en lo que respecta a la difícil negociación de la bici con el vehículo a motor, es importante conseguir una masa crítica. Necesitamos llegar a la cantidad de personas usuarias de bici que genere un volumen suficiente para que sea tenido en cuenta frente al transporte individual a motor.

En definitiva, se trata de apostar por una vida centrada en las personas, con menos humos, por la sostenibilidad ambiental y por la salud del planeta. De momento, no tenemos otro.

 

Nota 1: Este artículo ha sido publicado en The Conversation.

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico ucc@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Cómo podemos seguir adelante en un mundo con el coronavirus SARS-Cov-2?

Responde: Antonio G. Pisabarro De Lucas, catedrático de Microbiología en el Departamento de Ciencias de la Salud y director del Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Research in Applied Biology-Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

Este artículo, a diferencia de los otros de esta serie, no es divulgativo, sino de opinión. La tesis que planteo es que el virus SARS-Cov-2 va a seguir presente en nuestro entorno de manera indefinida a corto y medio plazo y que, ante esta situación, nuestra labor debe centrarse en desarrollar estrategias para vivir en un mundo con covid-19 y organizar desde esta premisa las medidas destinadas a evitar la dispersión del virus. Este planteamiento es diferente del centrado en evitar la difusión de la enfermedad como primer eje de acción.

La primera oleada de ensayos de seroprevalencia en España ha revelado que en torno al 5% de la población (unos 2,2 millones de personas) es seropositiva y ha desarrollado una respuesta inmune al virus mientras que el 95 % restante presumiblemente no ha tenido un contacto suficiente con él como para desarrollar anticuerpos. Por otra parte, unos 280 mil casos han sido diagnosticados (en torno al 13% sobre los infectados) y el número de fallecimientos, que varía según las estimaciones, oscila entre 28 y 40 mil (1,3-1,8% de los infectados, 9-15 % de los diagnosticados). Las primeras conclusiones que se pueden sacar de estos datos son que sólo una parte muy pequeña de la población ha estado en contacto con el virus y ha podido desarrollar inmunidad, que en la mayoría de los casos (un poco por encima del 85%) la infección da lugar a procesos inaparentes o leves que no llegan a ser diagnosticados y que, con las estimaciones más elevadas de mortalidad, la letalidad de covid-19 es del orden del 2%. Este último valor hay que considerarlo teniendo en cuenta que la letalidad de las enfermedades infecciosas emergentes tiende a descender con el tiempo porque aumenta el número de casos menos graves detectados y porque mejoran los tratamientos de forma que aumenta la supervivencia de los afectados más graves.

Frente a una enfermedad emergente como la covid-19 la sociedad plantea cuestiones de distinta índole: ¿cómo es el patógeno? ¿Cómo se transmite? ¿Cómo es la enfermedad? ¿Cómo se puede tratar? ¿Cómo se puede prevenir? ¿Cómo se puede gestionar el tratamiento de la enfermedad? En el caso de la causada por el nuevo coronavirus, se ha avanzado de forma notable en los escasos meses transcurridos desde su aparición: se trata de una enfermedad vírica transmitida por microgotas, quizá también por aerosoles, y por objetos contaminados (fómites) que produce un cuadro respiratorio agudo agravado, en algunos casos, por una respuesta inflamatoria generalizada y una trombosis diseminada. No existe un tratamiento farmacológico específico contra el virus, aunque se ha avanzado en el tratamiento clínico de los factores que agravan el curso de la enfermedad. Tampoco existe una vacuna, aunque hay algunos candidatos prometedores y, por otra parte, los datos indican que el contacto con el virus induce una inmunidad suficientemente duradera como para ser un mecanismo de control de la difusión de la enfermedad en la población.

Para que se produzca una epidemia son necesarios tres elementos llamados factores epidemiológicos primarios: un lugar o animal (puede ser humano) donde el patógeno pueda vivir y multiplicarse (el reservorio) y desde donde salte a otras personas (la fuente de infección), un mecanismo eficiente de transmisión y una población susceptible al patógeno. Aunque el SARS-Cov-2 sea un virus de origen animal (murciélagos, con gran probabilidad) a estas alturas es ya un virus humano por lo que somos nosotros la fuente de infección del virus y, probablemente, su reservorio (será en los humanos donde este tipo particular de coronavirus seguirá multiplicándose). El mecanismo de transmisión está claro y todos somos, en principio, población susceptible ya que no hemos estado expuestos previamente a este virus intrínsecamente patógeno. La población susceptible disminuirá conforme vaya aumentando la inmunizada natural o artificialmente bien por haber pasado la enfermedad o haber sido vacunada, respectivamente. Mientras los individuos susceptibles predominen en la población, el virus continuará infectando nuevos huéspedes y la epidemia se convertirá en endémica. En nuestras grandes aglomeraciones urbanas, sólo cuando el número de los inmunizados alcance una proporción suficiente, el virus tendrá pocas oportunidades de encontrar nuevos huéspedes susceptibles y la enfermedad pasará a aparecer como brotes esporádicos, primero estacionales y posteriormente irregulares en el tiempo. El porcentaje de personas resistentes en la comunidad necesario para detener el movimiento libre del virus es a lo que nos referimos con la expresión de inmunidad de grupo (o de rebaño). Con la seroprevalencia del 5% detectada hasta ahora, es evidente que estamos muy lejos de poder dificultar el libre movimiento del patógeno: un virus emitido por una persona infectada tiene alta probabilidad de encontrar una susceptible en la que multiplicarse, porque la gran mayoría de las personas son susceptibles a la infección.

Ante esta circunstancia, para evitar la propagación de la enfermedad se ha optado por el establecimiento estrictas de medidas de cuarentena que limitan los contactos entre personas limitando su movilidad y, por consiguiente, la de los virus lo que, en última instancia, reduce el contagio. En la actualidad, el promedio de transmisión (el valor R0) en España está por debajo del valor umbral necesario para que se propague la epidemia. El problema es que con un 95% de la población sin anticuerpos, la población susceptible es aún muy numerosa y se pueden producir rebrotes de la epidemia que nos devuelvan a una situación de rápido crecimiento del número de infectados.

El confinamiento es una medida con efectos muy fuertes en la población. Sin entrar en los económicos, desde el punto de vista de la salud hay algunas consideraciones que hacer. En primer lugar, la cuarentena no aumenta la inmunidad de grupo por lo que su extensión en el tiempo no aumenta la protección de la población. En una situación de confinamiento permanente, la única esperanza para aumentar de forma efectiva la inmunidad grupal sería la vacunación en masa de la población, lo que no es posible porque no se dispone de vacuna. En segundo lugar, el confinamiento produce una situación de estrés que tiene efectos depresores del sistema inmune lo que no solamente nos hace más vulnerable a agentes infecciosos (no solo al SARS-Cov-2 sino al resto de los patógenos profesionales u oportunistas que nos rodean) sino que también relaja el control eficiente que nuestro sistema inmune ejerce sobre las células pretumorales que se producen constantemente en nuestro cuerpo. En tercer lugar, los efectos psicológicos del confinamiento están causando cada vez más preocupación debido al incremento de los casos de depresión, suicidio y violencia en los hogares confinados. Es evidente que un confinamiento estricto aplicado en un momento de expansión explosiva de una enfermedad respiratoria emergente en el periodo del año en que se ha producido (final de invierno y primavera) es una herramienta útil para frenar el crecimiento del número de afectados; pero, también, es evidente que se trata de una medida excepcional de costo extremadamente elevado y que no es efectiva para detener a largo plazo el progreso de la epidemia.

El problema principal de la covid-19 no es tanto su letalidad como su condición de enfermedad emergente que produce una avalancha de casos graves y muy graves que satura el sistema sanitario y limita las posibilidades de tratamiento de un gran número de pacientes de esta y otras patologías que requieran recursos médicos especiales. Por tanto, el problema de la covid-19 es principalmente un problema de gestión de recursos sanitarios. Mientras no se disponga de una vacuna eficiente y el virus siga circulando en nuestra sociedad se producirán nuevos contagios y, entre ellos, habrá una proporción de pacientes que requerirán recursos de hospitalización y UCI. Nuestro objetivo debe ser gestionar el ritmo de esos contagios para que los casos graves que se produzcan puedan ser atendidos por un sistema sanitario que es eficiente y competente. Nuestro objetivo alcanzable debe ser evitar las avalanchas. Evitar los contagios y los brotes es un objetivo inalcanzable sin un coste social y de salud inasumible.

Ahora que la primera ola de la enfermedad ha pasado, mucha gente pregunta si habrá una segunda ola y qué puede pasar entonces. Mi opinión personal es que habrá nuevas olas y que se producirán, al menos la primera de ellas, antes de que tengamos disponible una vacuna eficiente. Las razones para pensar así son varias: la experiencia de epidemias anteriores de enfermedades similares, desde la tan estudiada gripe del 18 con sus tres grandes oleadas, a la circulación del virus pandémico de gripe de 2009 que no por ser menos virulento ha dejado de circular. Por otro lado, la dispersión mundial del SARS-Cov-2 hace difícil pensar que vayamos a poder erradicarlo en un futuro próximo. La historia tiende a mostrarnos un futuro en el que iremos aprendiendo a convivir con un SARS-CoV-2 que posiblemente pierda virulencia y vaya cambiando para producir un catarro invernal más fuerte que los otros producidos por virus similares y que, sin embargo, seguirá pudiendo producir daños devastadores a algunos pacientes de riesgo (por edad, por patologías previas o por otras condiciones que aún no conocemos). Es esperable que sigamos teniendo picos de ingresos de personas con patologías respiratorias en los hospitales y unidades de cuidados intensivos. Y para esto debemos prepararnos ahora para estar preparados cuando se produzcan en el próximo otoño-invierno.

En mi opinión, en este momento debemos orientar nuestra preparación y planificación a asegurar la asistencia médica y clínica a los enfermos que se producirán más que a evitar la aparición de nuevos contagios. Puesto que las medidas de confinamiento son costosas desde el punto de vista de la salud física y psíquica y el virus va a continuar circulando e infectando nuevos huéspedes, debemos desarrollar estrategias que nos permitan vivir en un mundo en que hay SARS-Cov-2 y tratar la enfermedad que produce. Y, de paso, estar preparados para otras situaciones de emergencia similares.

Para ello, es necesario explicar claramente a la población que el principal problema de esta epidemia (de todas las epidemias) es la acumulación de enfermos más que su especial gravedad. Hay que explicar, por consiguiente, que es necesario mantener reducido el nivel de contagios y que ésta es una tarea que requiere un esfuerzo colectivo para limitar las posibilidades de transmisión del virus. Esfuerzo colectivo que supone incrementar la responsabilidad sobre el control del propio estado de salud. La reacción temprana ante la aparición de síntomas debe ser una norma y no una excepción. Es necesario convencer a la gente que es necesario aislarse cuando se notan los primeros síntomas de una enfermedad contagiosa: no necesitamos héroes que vayan a trabajar con 38ºC de fiebre, necesitamos que las personas enfermas aprendan a quedarse en casa, a solicitar la asistencia sanitaria oportuna y a recabar el apoyo necesario para solventar los problemas asociados al aislamiento preventivo.

En una sociedad construida sobre grandes aglomeraciones humanas la población debe tener una formación operativa básica en salud e higiene pública como la tiene, o debe tener, en urbanidad. Dentro de esta educación es necesario incidir en la importancia de la higiene de manos, del uso racional de medidas que dificulten o impidan la propagación de patógenos, de la lucha contra los vectores de enfermedades y del empleo de las medidas de inmunoterapia preventiva (vacunación). Todos estos conceptos deben ser adquiridos en la escuela y reforzados en la edad adulta. Los microorganismos patógenos son los últimos agentes biológicos que actúan como factores de selección en nuestra especie. En la actualidad, la población debe tener unos conocimientos básicos sobre las principales enfermedades infecciosas, su etiología y su modo de transmisión, de forma análoga a como en el pasado eran necesarios los conocimientos básicos sobre qué animales eran peligrosos o qué plantas se podían usar como alimento y cuales eran venenosas para sobrevivir en un mundo en el que los principales peligros eran otros.

Es necesario transmitir a la población con la mayor claridad posible qué es lo que aún no sabemos de esta enfermedad. La enfermedad es inaparente o leve en la gran mayoría de los casos; pero no hay aún una explicación satisfactoria de por qué en algunas personas evoluciona súbitamente a la gravedad mientras que en otras no lo hace. No sabemos si todas las personas son contagiosas, cuánto lo son y cuándo lo son; pero hay también hay que insistir en que los otros no son enemigos ni un peligro difuso: los seres humanos somos sociales y la convivencia social aporta muchas más ventajas que inconvenientes. En este contexto, debemos desarrollar procedimientos y adquirir hábitos destinados no solo a mantener, sino a reforzar las relaciones personales: la resiliencia se fortalece en contacto con los otros; igualmente ocurre con el ímpetu para abordar metas colectivas. A lo largo de la evolución, nuestra especie ha superado las crisis formando grupos más grandes y compactos.

Hay que transmitir a la población la confianza en que el sistema sanitario va a estar preparado para atender a aquellos cuya enfermedad se agrave independientemente de su edad o condición. Esto implica arbitrar los medios para evitar la sensación de desamparo que se ha extendido en amplias capas de población que ha contribuido durante toda su vida y contribuyen al levantamiento y mantenimiento del sistema sanitario. Hay que disponer de estrategias, protocolos y equipamiento para dar una respuesta rápida a las variaciones en la incidencia y prevalencia de esta enfermedad o de cualquier otra que pueda colocar a la comunidad en una situación similar a la actual.

Hay que explicar a la población que los avances científicos son lentos y que debemos actuar con los conocimientos y herramientas que tenemos ahora. No es sensato sentarse a esperar a que sea realidad lo que esperamos tener en un futuro, porque es posible que no lo tengamos o que lo tengamos dentro de mucho tiempo. La investigación sobre el abordaje de los diversos aspectos de la covid-19 y sobre la vacuna avanza a buen paso. Los tratamientos antiinflamatorios y antitrombóticos aportan resultados esperanzadores. El uso de antirretrovirales y de otros fármacos que limitan el ciclo infectivo del virus o estimulan el sistema inmune se evalúa en ensayos clínicos alrededor del mundo. Ahora se sabe cómo tratar a un paciente grave de covid-19 mejor que hace uno, dos o tres meses y su posibilidad de supervivencia es mayor. Los avances en inmunología, biología molecular e inmunoterapia nos hacen concebir esperanzas sobre tratamientos preventivos o curativos. Sin embargo, si depositamos nuestra confianza en avances científicos espectaculares, probablemente pasaremos largos periodos de frustración. En realidad, así es la vida de la investigación científica: muchos días, meses y años tanteando las paredes para poder abrir la puerta al futuro y un único éxito parcial al encontrar un orificio por el que parece que puede entrar una llave, otros encontrarán llaves, otros identificarán la correcta, y así sucesivamente: el avance del conocimiento científico se compone de innumerables pequeños pasos que permiten un progreso lento pero firme. Un progreso lento, pero firme, que nos permite ir resolviendo, en el camino, problemas presentes mejorando la vida de nuestra sociedad. Paso a paso.

Debemos potenciar los sistemas de vigilancia epidemiológica para poder hacer un seguimiento del virus (o de otros virus que pudieran surgir) y de la inmunidad presente en la comunidad. Los análisis de PCR y de anticuerpos deben generalizarse. Para poder desarrollar una actividad normal en estas condiciones, los análisis en centros públicos donde se de una convivencia larga y estrecha deben ser la norma y no la excepción. Concretamente, en los centros educativos, residencias de ancianos, centros de reclusión e internamiento y otros similares, la realización de pruebas de presencia del virus debe hacerse con organizada regularidad. Es necesario contar con personal entrenado para realizar el seguimiento epidemiológico de los brotes y para recabar gran cantidad de datos sobre la comunidad y la evolución de la epidemia que nos permitan el análisis de los patrones que subyacen en la enfermedad y su difusión. Las características de los pacientes, sus condiciones y hábitos de vida y otros factores que participen en la compleja interacción entre un patógeno y su huésped, tanto a nivel individual como comunitario, deben ser analizadas usando las herramientas diseñadas en el marco de la ciencia de datos. Sé que este es un esfuerzo importante; pero es un esfuerzo que nos aportará conocimiento, nos permitirá desarrollar tecnología y quipos especializados y nos ayudará a enfrentarnos a este y otros retos futuros similares sobre una científica y técnica sólida.

Debemos trabajar para que la gestión de los recursos de nuestro sistema sanitario permita ofrecer la atención a los enfermos tomando las medidas de aprovisionamiento estratégico y organización logística necesarias para una respuesta rápida ante nuevas emergencias. La formación de nuestros sanitarios es satisfactoria, disponemos de los recursos técnicos y del conocimiento actualizados para enfrentarnos a nuevos retos, todo el futuro será siempre un reto; pero debemos ganar agilidad en la gestión para evitar que trabas administrativas y burocráticas retrasen una respuesta rápida y eficiente.

Debemos pensar y desarrollar protocolos de actuación para las situaciones de crisis. Y debemos leer y seguir los protocolos que ya hemos desarrollado para crisis anteriores.Debemos trabajar adaptando y mejorando lo que ya sabemos, no empezando cada vez desde cero por insuficiente conocimiento de las experiencias anteriores. Debemos tener gente pensando en cómo reaccionar frente a lo que puede pasar. Esto supone un esfuerzo que la comunidad debe entender. La mayor parte de la tarea de los profesionales de Salud Pública pasa desapercibida porque su actividad está destinada a que los problemas no lleguen a la sociedad. Cuanto mayor sea su éxito, menos se notará. Pero la sociedad debe saber que su papel es esencial, incluso el de aquellos que se dedican a pensar cómo resolver problemas que quizá jamás se plantearán pero que, en el camino, aprenderán cómo resolver otras situaciones de crisis ayudando, con su conocimiento, al bien común.

Debemos, por fin, aportar información clara e independiente sobre el estado epidemiológico de la comunidad. La sociedad debe poder confiar en las autoridades de Salud Pública en momentos como el actual. La política sanitaria, economía para la salud, sociología y otras ramas de la Salud Pública tienen aspectos discutibles desde diferentes puntos de vista. La epidemiología en cuanto a descripción de la aparición y evolución de una enfermedad infectocontagiosa, como es el caso de covid-19, trata de incidencia, prevalencia, contagio, tasas reproductivas, valores de agregación. Los datos sobre incidencia, prevalencia y mortalidad deben ser claros y estar disponibles para la sociedad y para la comunidad científica. El seguimiento epidemiológico de las epidemias debe estar alejado físicamente y administrativamente de su seguimiento político-económico.

En resumen: el coronavirus SARS-Cov-2 seguirá presente en nuestras vidas convirtiéndose en uno más de los factores que forman parte de nuestra sociedad. Hemos derrotado otros patógenos temibles (la viruela está erradicada, la polio casi lo está), hemos aprendido a controlar otros virus letales como el HIV y hemos hecho grandes progresos en el control de Ébola. En todos los casos, el objetivo ha sido siempre dominar el patógeno para continuar con nuestra forma de vida. En el caso de la epidemia del coronavirus, sin embargo, son muchas las voces que llaman a cambiar radicalmente nuestros hábitos de vida con la excusa de luchar contra la enfermedad. Me parece, cuando menos, un error: nuestra sociedad es el resultado de la evolución de nuestra especie y sus características aportan más ventajas que lastre evolutivo. Desarrollemos las medidas destinadas a integrar el coronavirus como característica de nuestra sociedad en nuestra forma de vida, la que nos ha permitido llegar hasta aquí y poder desarrollar sociedades libres y prósperas.

 

Nota 1: listado de artículos del catedrático Antonio G. Pisabarro De Lucas sobre el coronavirus.

1. ¿Qué es el coronavirus?

2. Coronavirus: ¿cómo es el “malo” de esta película?

3. ¿Quiénes son las primeras víctimas del ataque del coronavirus?

4. ¿Cómo nos invade el virus? El primer encuentro del virus con nuestras células

5. ¿Cómo secuestra el coronavirus la célula?

6. ¿Cómo sabe el sistema inmune que una célula está infectada? Diario de la resistencia. Día 1

7. ¿Cómo se producen los primeros síntomas de la enfermedad covid-19? Fuego y explosiones en el inicio de la batalla

8. ¿Qué es la tormenta de citoquinas? Diario de resistencia ante el coronavirus

9. ¿Cómo se producen los anticuerpos contra el coronavirus?

10. ¿Qué son los linfocitos T y cómo luchan contra las células infectadas? Los linfocitos responsables de la lucha célula a célula

11. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma diferente a distintas personas? Preguntas esperando respuestas

12. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma tan grave a las personas mayores? Preguntas esperando respuestas

13. ¿Por qué se producen las epidemias? Preguntas esperando respuestas

14. ¿Qué medimos con cada uno de los tipos de pruebas de detección del coronavirus? Preguntas esperando respuestas

15. Transmisores y supertransmisores Preguntas esperando respuestas

16. ¿Cómo podemos seguir adelante en un mundo con el coronavirus SARS-Cov-2? (presente artículo)

17. ¿Vacunas, qué vacunas? Preguntas esperando respuestas

 

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico ucc@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.

 

 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: Desescalada sanitaria versus escalada fiscal

Responde: Idoya Zabaleta Arregui, profesora del Departamento de Economía de la Universidad Pública de Navarra.

Hace unas semanas apareció la noticia del anuncio de la campaña del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF, en adelante) ocupando las portadas de los periódicos locales. Por unos momentos nos devolvió a una realidad conocida y cotidiana y hasta nos alegramos de verla porque temporalmente, desplazó a las terribles noticias de decesos y contagios que nos ha traído esta pandemia.

Ya decía Benjamin Franklin en el siglo XVIII, que lo único cierto eran la muerte y los impuestos.

En estos momentos en los que la población ha tomado conciencia de la importancia de los servicios que nos prestan los distintos niveles de Gobierno, vamos a suponer que la campaña del IRPF nos recordará la importancia de contribuir, ya que el Sector Público juega un papel relevante en nuestra vida.

Pero la realidad es que, aunque el ciudadano esté agradecido por la labor desempeñada por sanitarios y otras tantas ramas de la Administración, lo cierto es que los impuestos también nos crean unas obligaciones económicas, que precisamente en estas circunstancias van a ser difíciles de afrontar para algunos.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

A la crisis sanitaria le está sucediendo una crisis económica que va a hacer que las rentas del trabajo caigan por la tasa de paro tan elevada que se prevé, por encima del 21%, algo que inevitablemente reducirá la recaudación del IRPF.

Y después vendrá la crisis político-social, que generará más desconfianza entre la población y el destino de sus impuestos. Ante este panorama, seguro que el Gobierno plantea modificaciones en algunas figuras impositivas. ¿Bajarán los impuestos? Parece obvio que el clamor popular es que baje la presión fiscal sobre los contribuyentes, autónomos o empresarios, o en general, aquellos que han visto cerrados sus negocios durante dos meses y su futuro se presenta incierto. Pero no se nos olvide que antes de este caos, el Gobierno había planteado una reforma fiscal con una subida de impuestos a rentas altas, grandes empresas, multinacionales tecnológicas y transacciones financieras para este año. A finales del año 2019 ya algunos asesores fiscales planteaban una revolución fiscal 4.0. Por tanto, habrá cambios inminentes en esta materia.

En Navarra, la campaña del IRPF 2018 recibió un total de 351.296 declaraciones de un total de 500.000 declarantes según datos de la Memoria 2018 publicada por la Hacienda Foral. En ese año, bueno en cuanto a datos de empleo en Navarra, la recaudación por IRPF creció un 4,9% respecto a 2017. Los ingresos por IRPF ascendieron a 1.345.815,5 miles de euros, que supusieron un 30,31% de la recaudación de todos los impuestos.

Debido a las circunstancias excepcionales en las que nos encontramos, la campaña de IRPF 2019 retrasó el inició hasta el 6 de mayo y concluirá el 20 de julio. Tradicionalmente solía ir del 21 de abril aproximadamente al 21 de junio.

La principal novedad para este año es la ausencia de atención presencial, es decir Hacienda no va a atender en sus oficinas territoriales al contribuyente y arranca por primera vez en su historia, una campaña virtual y telefónica. A este hecho, se le ha sumado que las tres principales entidades financieras que colaboran con Hacienda Navarra, CaixaBank, Caja Rural y Laboral Kutxa, el día de inicio de la campaña publicaron que no iban a realizar liquidaciones presenciales a sus clientes. Y añadieron que se replantearían en junio (dependiendo de la evolución para esa fecha del virus) ofrecer este servicio. En la campaña 2018, estas entidades realizaron un 17,20% de las declaraciones presentadas, en concreto 60.423.

Así, el contribuyente este ejercicio se encuentra igual que Gary Cooper en “Solo ante el peligro”. Para paliar esta situación, Hacienda Navarra ha publicado una web sencilla y aunque arrancó con algunas caídas de red, que también han sufrido otras instituciones ante el incremento de usuarios (por ejemplo, la UNED en una prueba que realizó el 16 de abril para medir su capacidad ante los exámenes virtuales), ya está en marcha.

La buena noticia es que las devoluciones llegan a partir del 11 de mayo. Con ellas el Gobierno ingresará a algunos ciudadanos un total de 73,7 millones de euros, aliviando así situaciones de falta de liquidez como consecuencia del Covid-19.

Hay que reconocer el esfuerzo que Hacienda Navarra ha hecho para ofrecer alternativas para confeccionar la declaración. Además, ha enviado 200.000 propuestas a las que solo hay que dar un click para aceptarlas.

Para enviar una declaración de IRPF hay que disponer de NIF y PIN (forma de identificación ante Hacienda). A los que lo han perdido o lo desconocen, se les ofrece en la web alternativas para recuperarlo o crear uno nuevo.

Las modalidades para presentar nuestro IRPF son:

  • Renta on line
  • Renta guiada

En el primer caso la confección de la declaración es sencilla ya que los datos fiscales se descargan a un simulador (programa) de liquidación del impuesto. Si comprobamos que los datos descargados son correctos se envía directamente y genera un archivo PDF que puedes descargar y guardar en tu ordenador.

Si elegimos la opción de Renta guiada (no todos los contribuyentes pueden hacerlo[1]), autorizamos a Hacienda (mediante un impreso que nos ofrece la web) a que nos haga la declaración con los datos que dispone de cada contribuyente. Esta modalidad es aconsejable cuando en el año 2019 se haya producido un hecho puntual, como un divorcio, una defunción, una venta de un inmueble…operaciones que requieren agregar documentación.

Los pasos a seguir son:

  1. Solicitar cita mediante llamada telefónica. Si cumples los requisitos para acceder a esta modalidad, te mandarán un SMS para iniciar el proceso.
  2. Enviar documentación o justificantes: documentos originales escaneados o fotografiados o relleno de algunas plantillas.
  3. Comprobar el resultado de la declaración. Hacienda te mandará un SMS para acceder a la declaración y si estás de acuerdo, ya está terminado el proceso.

Durante el confinamiento, todos nos hemos convertido en cocineros, youtubers y deportistas, con más o menos éxito, pero liquidar un impuesto, es un paso más allá. Lo podemos tomar como un último reto (como los que semanalmente hemos recibido a través de las redes sociales -hay quién ha corrido Tour y Giro-). Sin embargo, entiendo que no todo el mundo quiera arriesgarse a enviar una declaración de IRPF sin contrastarla, y las sanciones y los intereses de demora posteriores, no entienden de coronavirus.

Para las personas que se manejen mal con las nuevas tecnologías o la atención telefónica no les genere confianza (puesto que ya han advertido de estafas en las que timadores llaman haciéndose pasar por personal de Hacienda -y ésta ha advertido que NUNCA se va a dirigir a contribuyentes-), se aconseja que recurran a familiares o amigos que puedan ayudarles con este cometido. No se trata de que las personas se sientan torpes por no saber hacer su IRPF, sino de seguir siendo solidarios y ayudarnos en el cumplimiento de esta obligación personal.

 

[1] No puedes acceder al servicio si presentas alguna de las siguientes características:

  • Rendimientos íntegros de trabajo superiores a 65.000 euros anuales.
  • Ingresos por actividad empresarial o profesional que tributen en régimen de estimación directa, normal o simplificada.
  • Dos o más inmuebles arrendados, o cuyos ingresos totales superen los 24.000 euros en concepto de rendimiento del capital inmobiliario declarado en el año anterior.
  • Haber realizado en 2019 dos o más transmisiones mediante protocolo notarial por importe superior a 10.000 euros.
  • Haber realizado en 2019 dos o más transmisiones de acciones u otros valores mobiliarios con valor superior a los 10.000 euros.
  • Participar en una entidad en régimen de atribución de rentas con participación en actividad empresarial con tributación en régimen de estimación directa

 

Nota 1: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico ucc@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.

 

 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: Pequeño apostante y errores de valoración: Impulsividad y Aplicaciones móviles

Responden: Luis Muga, Isabel Abínzano y Rafael Santamaría, docentes del Departamento de Gestión de Empresas Instituto y del Instituto Inarbe (Institute for Advanced Research in Business and Economics) de la Universidad Pública de Navarra.

La pandemia COVID-19 ha supuesto una caída de la actividad económica a nivel mundial y el deporte profesional no ha resultado una excepción. Si nos fijamos en el fútbol, como deporte más representativo en nuestro país, se suspendieron todas las competiciones internacionales a nivel mundial y únicamente se jugaron partidos de algunas ligas menores como la nicaragüense o la bielorrusa. La primera gran liga de fútbol que ha reanudado su actividad ha sido la Bundesliga el 16 de mayo de 2020. Con el regreso de las competiciones han vuelto también a la actividad los mercados de apuestas deportivas, un fenómeno que estaba generando un importante debate antes del inicio de la pandemia.
A pesar de estar cada vez más cuestionados desde un punto de vista social, estos mercados y, en particular, los datos generados en ellos llevan un tiempo sirviendo como campo de pruebas para el estudio del comportamiento de los agentes y la validación de diferentes teorías económicas. Sin ánimo de ser exhaustivos, Croxson y Reade (2014) muestran los efectos de la no información en el marco de la hipótesis de mercados eficientes, Brown y Yang (2018) muestran que los agentes toman peores decisiones cuando los problemas se les presentan de forma más compleja, o Rothschild (2009) que encuentra que este tipo de mercados son más precisos a la hora de predecir resultados electorales que las encuestas.

Imagen de Pixabay

Otra de las cuestiones para las que pueden resultar de utilidad es para contrastar los efectos de la presencia de pequeño inversor (apostante) en la formación de precios. Sea cual sea la aproximación que se realice, se asume que la presencia de pequeños inversores no sofisticados genera pequeñas desviaciones en los precios respecto a su equilibrio que, o bien son aprovechadas por inversores más sofisticados para adquirir información, generar beneficio y aumentar el volumen negociado (Glostem y Milgrom, 1985), o bien, si la presencia de inversor ruidoso es lo suficientemente relevante se transforman en errores de valoración más o menos permanentes (De Long et al., 1990).

A partir de los datos del Open de Australia de Tenis de 2017 de una casa de apuestas española, que proporcionaba a sus clientes acceso a de uno de los “betting exchange” más líquidos del mundo, se han estudiado las desviaciones de precios que pueden generar los pequeños apostantes. El primer resultado indica ligeras pérdidas pero no significativas para este tipo de apostante, lo cual no resulta sorprendente para este tipo de agentes operando en un mercado relativamente líquido. Conviene recordar que, al tratarse de una estructura tipo “betting exchange”, lo perdido por estos apostantes es ganado por los apostantes que tomaron la posición contraria si obviamos los costes de transacción que no están incluidos en los precios.

Además, se encuentra, tal y como se preveía, que diversas variables que pueden aproximar la presencia de sesgos de comportamiento de los agentes o diferentes niveles de información afectan a la formación de precios en estos entornos. El nivel de atención mediática o la proximidad del partido a la final generan mayores errores de valoración en este tipo de agentes. También el sesgo de sobre-confianza o la escasamente adecuada utilización de la posibilidad de apostar en contra de la ocurrencia de un determinado suceso generan mayores pérdidas al pequeño apostante.

Sin embargo, los resultados más llamativos se producen cuando se introducen en el análisis variables que tradicionalmente se han relacionado con la capacidad y rapidez a la hora de procesar nueva información, y la impulsividad a la hora de tomar decisiones, en concreto, realizar una apuesta en directo (mientras el evento está sucediendo) y realizar una apuesta a través de una aplicación móvil. La interacción de ambas variables conduce a mayores errores de valoración y, por lo tanto, pérdidas para estos agentes.

Es lógico pensar que, los “bookmakers” (casas de apuestas tradicionales cuyo beneficio está implícito en la cuota que ofrecen a sus clientes) son conocedores de este tipo de comportamientos y los utilizan en beneficio propio, bien a través de cuotas que les generen mayor beneficio cuando es más probable que se produzcan sesgos de comportamiento de sus clientes, bien a través de publicidad que induzca al juego con aplicaciones móviles mientras los eventos se están disputando (Parke et al. 2014).

De igual modo, sería interesante que reguladores y supervisores tomaran acciones que pudieran evitar que el uso de este tipo de dispositivos derivaran en incrementos del juego problemático.

Nota 1: Bibliografía

Brown, A., Yang, F. 2018. “Framing Effects and Market Selection Hypothesis”, Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3087832.
Croxson, K. Reade, J. 2014. “Information and Efficiency: Goal Arrival in Soccer Betting”. Economic Journal, 124, 62-91.
Delong, J., Shleifer, A., Summers, L., Waldmann, R. 1990. “Noise trader risk in financial markets”, Journal of Political Economy, 98, 703 – 738.
Glosten, L. R., Milgrom, P. R. 1985. “Bid, Ask, and Transaction Prices in a Specialist Marketwith Heterogenously Informed Traders”, Journal of Financial Economics, 14, 1, 71-100.
Parke, A., Harris, A., Parke, J., Rigbye, J., Blaszczynski, A. 2014. “Responsible marketing andadvertising in gambling: A critical review”, The Journal of Gambling Business and Economics, 8, 21–35.
Rothschild, D., 2009. “Forecasting elections: Comparing prediction markets, polls and their biases”, The Public Opinion Quarterly, 73, 895 – 916.

 

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico ucc@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.