Cómo profundizar en los resultados de las estadísticas

Hoy en día, la encuesta es una fuente habitual de información, pero es frecuente que, ante una misma encuesta, diferentes medios de comunicación publiquen resultados con titulares que parecen contradictorios, lo que produce desconfianza en las encuestas. Las estadísticas se suelen presentar en tablas que recogen el número o el porcentaje de personas que responden de una u otra forma a distintas preguntas. A veces, las tablas contienen numerosos datos que es necesario observar en su contexto y resulta difícil sacar conclusiones de la simple observación de los datos. De ahí que dos periodistas resalten conclusiones o pongan titulares diferentes. Sin embargo, la estadística dispone de poderosas herramientas que permiten analizar estas tablas en su conjunto y obtener, de forma automática, resultados gráficos que resaltan lo más destacable, teniendo en cuenta todos los datos y sin que intervenga en el análisis la subjetividad de cada persona que le hace fijarse más en unos datos que en otros.

Para ilustrar esta facultad de las técnicas estadísticas, analizamos una pregunta de una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un organismo autónomo dependiente del Ministerio de la de la Presidencia que realiza periódicamente estudios en la población española con objetivo medir el estado de la opinión pública; son los denominados barómetros de opinión. Estos estudios se hacen a través de entrevistas realizadas a unas 2.500 personas elegidas al azar y representativas de la población española. Están representadas todas las comunidades autónomas, tanto las ciudades grandes como las localidades pequeñas o medianas y personas de todos los niveles de edad y género.

En este caso, nos ha interesado el barómetro publicado en enero de 2013 que trata de recoger la opinión de los españoles sobre diversas cuestiones relacionadas con aspectos políticos. Nos centraremos en la pregunta siguiente: en política, normalmente se habla de “ser de derechas” y “ser de izquierdas”; voy a leerle una serie de palabras y quisiera que me dijera, con respecto a cada una de ellas, si las identifica Ud. más con “ser de derechas” o con “ser de izquierdas”.

El CIS pública una tabla de resultados en la que se recogen, para cada palabra, el porcentaje de personas que lo identifican con “ser más de izquierdas”, “ser más de derechas”, “ambas”, “ninguna”, “no sabe” y “no contesta”. Incluye el número de encuestados. Un análisis estadístico considera todos los aspectos y obtiene el gráfico adjunto en el que, con ayuda de unos indicadores de calidad, se puede ver cómo, en opinión de los encuestados, se asocian las diferentes palabras o valores con las ideologías políticas.  El eje horizontal es el más importante. Podemos ver que, en un extremo, aparecen próximos “ser de derechas” y valores como tradición y orden, que son las palabras que los encuestados identifican más con esta ideología. En el lado izquierdo, tolerancia, solidaridad, igualdad y derechos humanos se identifican más con “ser de izquierdas”.

La honradez y la eficacia aparecen en la parte inferior, próximas a ninguna. Estas dos características no se asocian ni con “ser de izquierdas”, “ni de derechas”, sino con la respuesta “ninguna”. Ahora bien, la honradez está situada más a la izquierda, es decir, más próxima a “ser de izquierdas”. Esto significa que  la mayoría de los encuestados han escogido la respuesta “ninguna” asociada a honradez, pero un segundo gran grupo de encuestados ha elegido “ser de izquierdas”. Análogamente sucedería en el caso de la eficacia y “ser de derechas”.

El idealismo aparece en la parte superior izquierda, pero más desplazada que otras palabras hacia la derecha, lo que indica que se ha asociado principalmente con “ser de izquierdas”, pero también hay un número importante de personas que lo han asociado con “ser de derechas”.

La situación de “ambas”, próxima al centro, significa que, para todas las palabras, ha habido una respuesta semejante.  No se puede asociar a progreso por estar en el centro del gráfico.

El estudio se podría repetir para grupos de encuestados. Por ejemplo, uno para los que declaran ser de izquierdas y otro para los que se declaran ser de derechas y comparar los resultados.

 

Esta entrada ha sido elaborada por Elena Abascal Fernández, profesora del Departamento de Estadística, Informática y Matemáticas de la Universidad Pública

Bioplásticos a partir de lana y plumas para una economía circular

Los avances en la petroquímica durante el siglo XX dieron lugar a una gran familia de nuevos materiales: los plásticos. El desarrollo de este material, polímeros derivados del petróleo fósil,  ha dado lugar, durante la pasada centuria, a un gran progreso económico basado en el desarrollo de numerosas áreas, como el envasado de alimentos, el transporte, la aeronáutica, la automoción, la medicina, la electrónica de consumo, el textil o las actividades deportivas, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, este desarrollo también tiene una “cara b” asociada al fin de la vida útil de los materiales plásticos, que, en gran medida, son depositados en vertederos, incinerados o vertidos en cuencas naturales por comodidad e inconsciencia.

Además, los plásticos derivados del petróleo tienen otro factor negativo como es su huella de carbono. Esta se vincula a la cantidad de CO2 emitida a lo largo de su extracción, procesado, transporte, gestión o incinerado (Figura 1). Por si fuera poco, estos plásticos tienen inherente una alta huella energética.

Debido a los efectos perjudiciales en el clima, derivados de una emisión indiscriminada a la atmósfera de CO2 y otros gases, desde el comienzo del siglo XXI, la comunidad científica trabaja con el objeto de desarrollar procesos y materiales con una menor huella ecológica. Aquí surgen conceptos como química verde, materiales renovables o, más recientemente, economía circular. Para esta disciplina, los residuos de ciertas actividades también tienen valor (Figura 1) y trata de paliar las nefastas consecuencias de una “economía lineal”, aquella caracterizada por una explotación irreversible de los recursos.

En este contexto, entran en juego los bioplásticos, unos materiales poliméricos de origen renovable, con baja huella de CO2 y fácilmente integrables en el medio tras su vida útil. Algunos bioplásticos actualmente disponibles en el mercado en forma de bolsas biodegradables son los derivados del almidón de patata o maíz. No obstante, la implementación masiva de esta vía podría dar lugar al encarecimiento del precio de los alimentos (por la competitividad en el suelo agrario) y a la deforestación, tal y como ha ocurrido en el caso de los biocombustibles derivados de plantas.

En los laboratorios del Instituto de Materiales Avanzados (InaMat) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), dentro de un proyecto financiado por la Obra Social “la Caixa” y la Fundación Caja Navarra, se trabaja en una alternativa fundamentada en la reconversión de residuos agroindustriales, como la lana y el plumaje, en bioplásticos. Este concepto, al igual que en el caso de los bioplásticos derivados de las plantas, daría lugar a una minimización de la huella de CO2, puesto que las plantas y la hierba de la cual se nutren estos animales absorben el dióxido de carbono a través de la fotosíntesis. A su vez, también aprovecharía la energía del sol para su biosíntesis y los bioplásticos desarrollados serían fácilmente re-integrados en el medios tras su compostaje (Figura 1).

La investigación se ha centrado en desarrollar un método “verde” de extracción de las queratinas (unas proteínas). Para ello, se siguen los principios de la Química Verde, en donde se minimizan el uso de reactivos tóxicos y la generación de residuos. También se ha demostrado la posibilidad de desarrollar biopelículas derivadas de la queratina de la lana (Figura 2) con propiedades plásticas.

La investigación se centra ahora en tratar de comprender las posibilidades de procesar estos bioplásticos por vías térmicas, semejantes a las empleadas a día de hoy por la industria del plástico convencional. También, en los laboratorios de la UPNA, se está buscando metodologías para dotar a estos bioplásticos de propiedades funcionales análogas a los plásticos actuales derivados del petróleo. De conseguir desarrollar bioplásticos competitivos y unas vías de procesado escalables a nivel industrial, el proyecto solucionaría dos problemas a la vez: buscaría una alternativa para la gestión de residuos de lana y plumaje, y mitigaría el impacto del vertido en el medio de plásticos derivados del petróleo.

 

Esta entrada ha sido elaborada por Borja Fernández-d’Arlas Bidegain, investigador posdoctoral en el Instituto de Materiales Avanzados (InaMat) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)