Las vivencias de Francisca Burdeos Zamboráin, una mujer soldado que pasó por hombre en el siglo XIX (I)

Las mujeres que a lo largo de la historia se vistieron como los hombres (y, en muchos casos, participaron en acciones de guerra codo a codo con ellos) se prestan a relatos más o menos novelescos y más o menos sensacionalistas. Así ocurre, por poner algún ejemplo, con la donostiarra Catalina de Erauso (Antonio de Erauso), la famosa “monja alférez”, a la que el papa autorizó a vestirse de hombre y cuya participación en numerosos combates y lances armados hacen de ella uno de las mujeres más sorprendentes del siglo XVI, lo que explica el interés que despierta su figura.

Los condicionantes y objetivos del travestismo son particularmente un campo fértil para la especulación acerca de la sexualidad de estas mujeres-soldados. Una de ellas es Francisca Burdeos Zamboráin (protagonista de este artículo), de quien se ha dicho que en 1861 convivía con “su pareja”, una mujer con hijos, como veremos más adelante, pero, a mi juicio, sin base documental precisa. Por lo demás, parece que no pasaron de meras bromas sus promesas de casamiento a dos mujeres que lo tomaron por hombre. Sea como fuere, su caso es bastante similar al de Ana María de Soto (Aguilar, Córdoba, ca. 1777), infante de marina que, entre 1793 y 1798, participó en combates hasta que, en un reconocimiento médico rutinario, se descubrió que era mujer y recibió una pensión del Gobierno. De todos modos, sus peripecias, como las de Francisca Burdeos, fueron muy diferentes y mucho menos complejas que las de Teresa o Florencio Pla Meseguer, jefe guerrillero antifranquista que actuó en la provincia de Castellón, o el coronel Amelio Robles, “una mujer transgénero” del México revolucionario.

En este sentido, a la luz de los pocos datos que disponemos sobre Francisca Burdeos, su “transgresión a la feminidad normativa” es muy peculiar, como ocurre en los casos de mujeres que se mueven entre los márgenes que marcan el sexo, una condición social humilde y unos ideales políticos revolucionarios. La información disponible sobre ella, en su mayor parte procedente de sus propias declaraciones en el juicio que tuvo lugar en 1848 en Navarra, permite afirmar que estamos ante un caso en que se unen la decisión y la valentía para subsistir y alcanzar la independencia personal por encima de toda clase de riesgos, lo que hace de ella una adelantada, aparentemente sin pretenderlo, de la lucha por la igualdad y la emancipación femenina. Por ello, lo que más llama la atención de su figura son los parabienes que su comportamiento mereció a la prensa de mediados del XIX.

Francisca Burdeos Zamboráin, cuya abuela paterna era navarra (de Burgui), nació en Tiermas (Zaragoza) en 1810. Tuvo al menos tres hermanos (Sebastián, María Josefa y Benito; los dos últimos, nacidos en Eslava, Navarra).

Benito murió siendo muy niño y, desde adolescente, Francisca tomó su nombre y con él llevó una rocambolesca vida, ya que logró ocultar su condición femenina durante muchos años seguidos. Según refirió ella misma al periódico “La España” (1848), que publicó sus declaraciones para que el Gobierno premiara sus servicios, a los 5 años perdió a madre y quedó muy pobre con dos hermanos. Su padre se volvió a casar con una mujer que la maltrataba. Por ello, a los 13 años, “harta ya de sufrir”, decidió hacerse pasar por hombre con el nombre de su hermano Benito, pensando que, a su edad, ganaría más que como mujer “con el mismo trabajo”.

Marchó a Sangüesa (Navarra), a unos veinte kilómetros de Tiermas, y, en un caserío llamado San Nicolás, trabajó como boyero o conductor de bueyes durante cuatro años. A lo largo de este tiempo, estuvo casi siempre en el monte y cada año ganó entre once y catorce duros y el calzado. En esta situación, según su testimonio, comenzó la Primera Guerra Carlista, lo que plantea algún interrogante, pues no concuerda, como se deriva de su propio testimonio, con que habría dejado de trabajar en Sangüesa en 1828 con apenas 18 años. Cabe pensar, por tanto, que omitió sus vicisitudes entre 1828 y 1833 o contó los años a partir del nacimiento de Benito.

En cualquier caso, cuando se inició la guerra, al saber (por los jóvenes que frecuentaba) que en el cuerpo de Tiradores de Isabel II de Navarra se pagaban seis reales, se alistó en él con el nombre de Javier Urbiza o Javier Burdeos. Como tal, participó en varias decenas de acciones de guerra en Navarra. Después, cuando en 1837 dicho cuerpo fue disuelto, se incorporó en Zaragoza al Segundo Batallón de Cuerpos Francos de Aragón con uno de los dos nombres citados. Siempre se portó como el más valiente soldado y no fue herida. Tras la disolución de su unidad, una vez obtenida la licencia absoluta en 1842, trabajó en el campo para varios propietarios sin decirles que era mujer.

En primer lugar, lo hizo en Olite durante un año como criado(a) en la casa de Isidro Lasaga. Después, como no quería ser comprendido(a) en la quinta, pues prefería seguir trabajando, se acordó de que sus padres habían vivido en Eslava y que habían tenido un hijo que se había marchado a Aragón y había muerto en Huesca. Entonces, fue a ese pueblo navarro y logró que el párroco le diera una partida de bautismo de su hermano Benito y comenzó a emplear ese nombre. Finalmente, no tuvo que utilizar este documento, pues resultó corto(a) de talla y no fue incluida en el sorteo. Desde entonces, utilizó el nombre de su hermano y ocultó siempre su condición femenina. Así, trabajó otro año más en Olite en la casa de Elías Gómez.

Por aquel tiempo, engañó a su propio hermano Sebastián, cuando volvió de América, pues le hizo creer que era Benito y que Francisca había fallecido. Probablemente, dada la proximidad entre Olite y Tafalla, fue cuando presuntamente prometió a una joven de esta última localidad que se casaría con ella, “broma”, según el “Diario de Palma” (1848), que obligó “a esta heroína” a cambiar de residencia para no descubrir su sexo. En efecto, pasó a trabajar dos años en la casa de Juan Domingo Mozaz en Mélida (Navarra) y otros dos, en la de Domingo Palacios en Castillo (¿Carcastillo?). Más tarde, vivió cinco meses en la casa de su hermano Sebastián en Moriones (Navarra), y le ayudó en las labores del campo, haciéndose pasar siempre por Benito.

Segura de encontrar trabajo como mozo de labranza y con un pase que le dio el alcalde de ese pueblo, se fue a Corella (Navarra), donde sirvió año y medio como criado en la casa de Manuel Lizar hasta que, con un pasaporte que le proporcionó el alcalde de esa ciudad, en 1848 fue a buscar otra colocación en Tudela. Ahí se presentó como Benito Burdeos y se empleó en la casa de un hojalatero de origen italiano, Juan Benturini, cuya esposa, María Malo, le puso a trabajar en su cantina. Al poco tiempo de su llegada a la capital de la Ribera, la falta de entendimiento con su patrona propició su detención y el descubrimiento de que era mujer.

En efecto, como no tenía pasaporte, se ordenó que fuera conducida, “de justicia en justicia”, hasta su pueblo de origen y, cuando un alguacil, que había combatido con ella en los Cuerpos Francos, la llevaba al próximo pueblo, fue detenida y encarcelada en Tudela acusada de estar implicada en una riña y de deber 24 reales a la dueña de la cantina por las comidas que le daba. Nuestra protagonista negó que tuvieras que pagárselas y afirmó que su patrona actuaba así resentida, porque quería dejar su trabajo.

Según algunos periódicos, como “El Clamor Público” (1848), otro motivo para ser detenida y encausada es que no habría cumplido la palabra dada a una sobrina del matrimonio para el que trabajaba y de la que habría obtenido algunas meriendas y jarros de vino. Fuera como fuese, como en la cárcel se le destinó a la misma celda que otros presos, “pidió, suplicó, rogó, instó y volvió a solicitar que le pusieran en una estancia separada por razones de conveniencia propia”. Al no conseguirlo, se vio obligada a declarar que era mujer y que se llamaba Francisca Burdeos.

Encausada por delito de estafa, en 1848 dio su poder a un procurador, Anselmo Arnedo García, para que la defendiese. La causa se vio en la Sala Segunda de la Audiencia Territorial de Pamplona. Según “La España”, Francisca declaró que “jamás” abusó de su disfraz de hombre para “no faltar en lo más mínimo a sus deberes de mujer honrada”, a pesar de “haber estado entre soldados libertinos que jamás advirtieron que fuese mujer”. También alegó que tomó “mil precauciones” para que los hombres con quienes trabajaba no advirtieran su condición, como servir en casas donde no hubiera otros criados o no embriagarse.

“El Clamor Público” dio por entonces una descripción de su vestimenta que viene a paliar la aparente falta de fotografías suyas. Este periódico progresista señaló que vestía “chaqueta de pana, ancho pantalón de ídem, chaleco de solapa, cachirulo en la cabeza, y largas guedejas [melenas] al estilo del país”.

¿Qué resolvió el tribunal sobre ella? La respuesta, la próxima semana en este blog.

 

Esta entrada al blog ha sido elaborada por Ángel García-Sanz Marcotegui, catedrático de Historia Contemporánea del Departamento de Ciencias Humanas y de la Educación e investigador del Instituto I-Communitas (Institute for Advanced Social Research-Instituto de Investigación Social Avanzada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

Una microcámara para explorar el tubo digestivo

La tecnología es una gran aliada en la labor de los médicos para contribuir a mejorar la salud de los pacientes. Un ejemplo es la cápsula endoscópica, una nueva tecnología utilizada para explorar el intestino delgado, un órgano móvil localizado en el interior de la cavidad abdominal. Presenta una longitud media de seis metros y está formado por el duodeno, el yeyuno y el íleon. Esto hace que su accesibilidad hasta la aparición de la cápsula endoscópica mediante las técnicas existentes (gastroscopia y colonoscopia) fuera limitado, pues sólo permitía explorar unos pocos centímetros del duodeno y del íleon terminal.

En 2001, con la aparición y posterior comercialización de esta nueva tecnología (la cápsula endoscópica), el abordaje endoscópico del intestino delgado dejó de ser una utopía, pues permite explorar de una forma fácil y sencilla la totalidad de este órgano (enteroscopia).

Esta nueva tecnología consta tres elementos fundamentales: la cápsula endoscópica, la grabadora y un software especial instalado en el ordenador. La cápsula endoscópica es ligeramente mayor que un comprimido (de entre 11 y 26 milímetros) y fácil de ingerir por vía oral. Se caracteriza por capturar de dos a seis imágenes por segundo desde su activación en la boca y mantiene su función hasta que alcanza el colon o se agota la batería, cuya duración alcanza entre diez y doce horas de media. Las imágenes obtenidas son trasmitidas por radiofrecuencia a la grabadora que porta el paciente para, posteriormente, ser descargadas y procesadas por un software especial en un ordenador hasta obtener el vídeo final.

Tal ha sido el impacto de esta técnica en la medicina moderna que, en la actualidad, más de tres millones de exploraciones con cápsula endoscópica se han realizado en todo el mundo y se ha visto un incremento en las indicaciones para su uso. Todo ello, en parte, se debe a la sencillez de la prueba y a la buena aceptación del público en general. De hecho, actualmente todas las guías clínicas consideran a la cápsula endoscópica como la primera exploración a realizar para estudiar el intestino delgado, relegando a la endoscopia convencional al estudio del esófago, estómago y colon.

La cápsula endoscópica es capaz de detectar lesiones extra-intestinales de una forma fácil y sencilla, según recogen un gran número de estudios. Algunos de estos hallazgos son de una relevancia extrema, al tratarse de lesiones desapercibidas con anterioridad por otros procedimientos. Si bien los hallazgos obtenidos son prometedores, hay que tomarlos con cautela, pues que aún no se ha demostrado que esta tecnología sea superior a la endoscopia convencional, sino que más bien se trata de un complemento de esta.

En conclusión, nos hallamos ante una nueva herramienta útil y complementaria a la endoscopia convencional, que permite explorar de forma no invasiva todo el tubo digestivo desde la boca hasta el ano (panendoscopia). A pesar de este horizonte tan prometedor, se debe ir aún con cautela dadas las limitaciones que estos dispositivos aún presentan y, muy probablemente, pronto se pulirán.

 

Esta entrada ha sido elaborada por José Francisco Juanmartiñena Fernández, médico adjunto del Servicio de Digestivo del Complejo Hospitalario de Navarra (CHN) y doctor por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) con una tesis doctoral sobre lesiones extra-intestinales detectadas con cápsula endoscópica

La importancia de la motivación docente en las aulas

A menudo se habla sobre la importancia de la motivación estudiantil para el aprendizaje y el rol que ejerce el profesorado en su potenciación. Sin embargo, rara vez se discute sobre las estrategias para promover la motivación docente al momento de impartir las clases y el papel que juegan los distintos actores sociales en su promoción.

Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, ha expresado al diario “El País” (Silió, 2018) que el sistema educativo español no brinda suficiente apoyo al profesorado, lo que está haciendo que la carrera docente se vuelva poco atractiva. Esto se puede reflejar, por ejemplo, en que el salario es inferior a la media europea o el sistema de oposiciones alcanza un 9,6% de plazas desiertas. Otro ejemplo se observa en la insistencia política por instalar reformas educativas que siguen modelos curriculares propios de la revolución industrial, restringiendo así la autonomía docente, ya que el profesorado tiene poca libertad para interactuar con el grupo de pares, resolver cuestiones administrativas del estudiantado y tomar decisiones sobre los planes de estudios.

Este último ejemplo tiene directa relación con las situaciones de aula, dejando en evidencia la importancia de los factores contextuales en la motivación docente. Es decir, el profesorado motivado establece relaciones sanas de compañerismo con sus pares y jefaturas, tiene capacidad para resolver problemas estudiantiles en conjunto con padres y tutores y, por último, tiene autonomía para decidir los contenidos de aprendizaje que se deben tratar en las situaciones de aula. En este sentido, las administraciones educativas deberían promover dicho actuar docente mediante la implementación de proyectos educativos que fomenten la realización de actividades interdisciplinares, la participación activa de toda la comunidad educativa en las cuestiones académicas y el aprendizaje permanente del profesorado para mejorar su quehacer pedagógico.

En definitiva, la motivación docente en las situaciones de aula es una materia compleja que también debería ser tratada por la investigación educativa, porque los distintos actores sociales tienen un impacto en ella, especialmente, en los tiempos que corren, donde se aproxima una nueva reforma educativa. Específicamente, entre los actores no solo podemos considerar las jefaturas, docentes, estudiantes, padres y tutores; sino también debemos tener en cuenta a los agentes políticos por una cuestión muy simple: las reformas educativas cambian el “status quo” de la labor pedagógica, tanto desde el punto de vista curricular como económico.

A muestra de un botón, tenemos el caso de la educación artística en Educación Primaria, la que, tras ser eliminada del marco de asignaturas troncales con la entrada en vigencia de la LOMCE, comenzó a percibir menos financiación. Esto no solo provocó que se redujeran las horas lectivas para la asignatura, sino también gatilló que un sector del profesorado de música debiera dictar otras asignaturas distintas con el objeto de completar su horario laboral. Por consiguiente, la motivación docente se ha visto negativamente afectada por la aplicación de la LOMCE que regulan las administraciones educativas, ya que el profesorado de música ha estado perdiendo gradualmente su pasión pedagógica al verse forzado a impartir asignaturas distintas a la que optó profesionalmente.

Nuestro deber social es asegurar un sistema educativo de calidad. Para ello, es fundamental motivar al profesorado mediante estrategias basadas en el cariño y el respeto social, la dignificación laboral y la autodeterminación en la toma de decisiones pedagógicas, ya que, solo a través de dichas estrategias, se podrá garantizar la construcción de entornos socioeducativos afectivos que sirvan de catalizadores para la motivación estudiantil.

 

Referencia:
Silió, Elisa. (10 de octubre de 2018). Los profesores en España parece que trabajan en una cadena de producción. Diario El País. Recuperado de https://elpais.com/sociedad/2018/10/09/actualidad/1539106335_328097.html

 

Esta entrada al blog ha sido elaborada por Rolando Angel-Alvarado, doctor por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) con una tesis que analiza el impacto en el aula de la eliminación de la Música en Primaria como asignatura obligatoria

¿Cuáles son los beneficios en salud de los nuevos antivirales para el tratamiento de la hepatitis C crónica?

En 2015, la hepatitis C crónica constituía un problema de salud pública de importante magnitud, con, aproximadamente, 500.000 personas afectadas en España. Las complicaciones de esta enfermedad son potencialmente graves, como el cáncer hepático y la cirrosis y, por este motivo, la hepatitis C crónica constituía la primera causa de trasplante de hígado en nuestro país.

Ante este problema de salud, es importante disponer de una terapia eficaz. Precisamente, el objetivo del tratamiento antiviral es eliminar la infección por el virus de la hepatitis C, para evitar la progresión de la enfermedad y sus complicaciones. Hasta el año 2015, el tratamiento se basaba en interferón, con tasas de éxito limitadas y múltiples efectos adversos. Desde ese año, se han comercializado en España diferentes combinaciones de antivirales de acción directa contra el virus, lo que ha supuesto un cambio relevante en el manejo de la enfermedad.

 

Los ensayos clínicos de estos nuevos fármacos mostraban resultados prometedores, con alta eficacia para conseguir la curación de la infección. Esta situación generó una elevada demanda de tratamiento por parte de los pacientes, pero el elevado coste inicial de los fármacos dificultaba el acceso simultáneo de todos ellos al tratamiento. Por eso, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad elaboró un “Plan Estratégico para el abordaje de la Hepatitis C”, priorizando el tratamiento de aquellos pacientes que se encontraban en las fases más avanzadas de la enfermedad. El descenso progresivo del coste de los fármacos posibilita actualmente el tratamiento de todos los pacientes con hepatitis C.

Ante la llegada de los nuevos medicamentos, existía la necesidad de evaluarlos en la vida real, ya que los resultados terapéuticos en la práctica clínica pueden ser menos favorables que los observados en los ensayos clínicos.

La tesis elaborada por quien esto escribe se ha centrado en conocer el impacto real de los antivirales de acción directa en términos de efectividad, seguridad y efecto sobre la calidad de vida de los pacientes tratados en Navarra.

El estudio se centró en tres ejes: saber cuánto curan los nuevos antivirales, cómo lo hacen (si son seguros) y el impacto sobre la calidad de vida de los pacientes, un aspecto novedoso ya que apenas había sido evaluado previamente en los ensayos clínicos. Se estudiaron los pacientes tratados con antivirales de acción directa en el Complejo Hospitalario de Navarra, desde 2015 a 2017. El tratamiento se consideró efectivo cuando no se detectaba el virus en sangre a las doce semanas de finalizar el tratamiento (respuesta viral sostenida).

La efectividad global de los antivirales de acción directa en Navarra fue del 97%. Los resultados han sido muy positivos incluso en aquellos subgrupos que se consideraban difíciles de tratar (presencia de cirrosis hepática, coinfección por VIH, fracaso terapéutico previo a interferón), con tasas de curación superiores al 95%.

 

El estudio de la seguridad terapéutica incluyó a 227 pacientes monoinfectados por el virus de la hepatitis C. No se produjo ningún abandono voluntario de la terapia y solamente en un caso se suspendió por toxicidad renal. La alteración analítica más frecuente fue la anemia (33%), asociada al empleo de ribavirina con los antivirales. Sin embargo, esta fue de grado leve y transitoria, ya que los pacientes se recuperaban al finalizar el tratamiento. Este fármaco se utilizó en los primeros años, pero actualmente está en desuso.

La participación en el estudio de calidad de vida fue elevada, incluyendo a 206 pacientes con respuesta viral sostenida (79% de las personas a las que se propuso el estudio). Después de eliminar la infección por el virus de la hepatitis C, se observó un descenso en la proporción de pacientes que referían problemas de movilidad (de 35% a 24%), dolor o malestar (de 60% a 42%) y ansiedad/depresión (de 57% a 44%). Asimismo, hubo un aumento de diez puntos en el estado de salud autorreferido, lo que refleja una mejoría en la valoración global de la salud por parte de los pacientes. Este beneficio sobre la calidad de vida se observó también en los pacientes coinfectados por el VIH y en los pacientes cirróticos.

La comparación de la calidad de vida con la de la población general española mostró más problemas entre los pacientes con hepatitis C crónica antes del tratamiento, principalmente, en aquellos que se encontraban en las fases más avanzadas de la enfermedad. Después de curar la infección, persistían las diferencias, hasta tres veces más frecuente la limitación en las actividades cotidianas y la ansiedad/depresión entre los pacientes con respuesta viral sostenida que en la población general. Sin embargo, la valoración global del estado de salud consiguió asemejarse a la de la población española (75 puntos y 77 puntos, respectivamente).

Cuando se comparaban los resultados en función del grado de fibrosis hepática, aquellos pacientes con fibrosis leve fueron los que más se equipararon a la población general después de la curación, con un nivel similar de problemas en movilidad, autocuidado, actividades cotidianas y dolor o malestar. En cambio, los pacientes cirróticos continuaron estando alejados de la población general española, principalmente en los problemas relativos a las dimensiones físicas de la salud. Mejorar la calidad de vida y los problemas referidos por los pacientes son un objetivo de salud importante una vez curada la hepatitis C.

En definitiva, los nuevos antivirales han demostrado tener un buen perfil de seguridad en práctica clínica, simplificando la monitorización de los pacientes durante la terapia, con un menor consumo de recursos sanitarios. La curación de la infección por el virus de la hepatitis C tiene un impacto positivo sobre la calidad de vida de los pacientes, consiguiendo equipararla a la de población general española del mismo sexo y edad para los pacientes en los estadios más leves de la enfermedad.

 

Esta entrada ha sido elaborada por la farmacéutica hospitalaria Regina Juanbeltz Zurbano, doctora en Ciencias de la Salud por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) con una tesis sobre el tratamiento de la hepatitis C crónica con antivirales acción directa de segunda generación

Los efectos de la custodia compartida en el mercado laboral español

En las últimas décadas, se ha visto un cambio significativo en la sociedad española, en especial, en la nueva conformación de la población activa y la mayor participación de la mujer en ella. No sólo se ha podido observar ese cambio, sino también un aumento considerable de disoluciones de matrimonios y, al mismo tiempo, de la asignación de custodia compartida.

¿Puede afectar la custodia compartida de los hijos al mercado laboral de los padres? La respuesta es sí, de forma rotunda.

 

Según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) del año 2016, solamente el 28,3% de los casos de divorcio y separación obtuvieron la custodia compartida. Aunque el concepto de custodia compartida se incluyó en el Código Civil en España en 2005, la adopción del concepto no vino acompañada de una regulación general a nivel estatal. No fue hasta seis años después cuando cinco comunidades autónomas con legislación propia (Cataluña, Navarra, Aragón, País Vasco y Comunidad Valenciana) tomaron la iniciativa de aplicar una regulación propia sobre la custodia compartida.

En consecuencia, son precisamente esas comunidades las que registran mayor porcentaje de custodias compartidas, según el INE, mientras que, en el resto del país, las madres siguen obteniendo la mayor parte (66%) de las custodias exclusivas de los hijos.

¿Qué consecuencias económicas puede tener esta situación?

En términos generales, el tiempo dedicado al cuidado de los hijos aumenta considerablemente cuando a uno de los padres se le otorga la custodia y guarda exclusiva y, por tanto, ese tiempo no puede ser invertido simultáneamente en el mercado laboral.

La diferenciación en el uso del tiempo y el tipo de jornada laboral de acuerdo con el género, un análisis desarrollado por el INE, han contribuido a cuestionar la existente desigualdad existente:

  • El 72% de las mujeres dedican más tiempo a las tareas domésticas que los hombres y, del mismo modo, un 59% de la población femenina destina más tiempo al cuidado de los hijos que la población masculina.

 

  • El 56% hombres frente a un 44% mujeres son los porcentajes de la población ocupada. A primera vista, parecen equitativos, pero, al descomponer los datos, el 72% de esos trabajos ocupados por mujeres son a tiempo parcial.

Por lo tanto, la aparente igualdad en la que creemos vivir maquilla la realidad. En vez de desafiar la teoría del premio Nobel Gary Becker, quien explica que el hombre invertirá su tiempo únicamente al mercado laboral, mientras que la mujer a las responsabilidades en el ámbito privado (tareas domésticas, cuidado de hijos…), la estamos defendemos inconscientemente.

Mi trabajo de fin de grado consistió en poner la economía al servicio del estudio social y analizar los efectos de la custodia compartida en la tasa de empleo femenino. Usando una metodología econométrica, con una muestra de 2.437.792 individuos, se obtuvieron unos resultados estadísticamente robustos y significativos. Esta es el más contundente:

“Las mujeres nacidas en las cinco comunidades autónomas donde prevalece la ley de custodia compartida tienen mayor probabilidad de estar trabajando que las mujeres nacidas en el resto del país”.

En conclusión, la custodia compartida, es decir, el reparto equitativo del tiempo y costes en el cuidado de los hijos, contribuiría a la igualdad de género en el mercado laboral. Sin olvidar que igualdad no quiere decir que el hombre y la mujer sean iguales, sino que tengan los mismos derechos, responsabilidades y oportunidades.

 

Esta entrada ha sido elaborada por Pilar Alvargonzález Muñoz, graduada en el Programa Internacional de Administración y Dirección de Empresas (ADE) por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y ganadora del I Premio al Trabajo de Fin de Grado, concedido por la Asociación Española de Economía, por su estudio sobre los efectos de la custodia compartida  en la tasa de empleo femenino

Las mujeres en carreras STEM (“Science, Technology, Engineering and Mathematics”) o cómo sin maestras no hay alumnas

Escribo esta entrada para tratar la situación de las mujeres en las carreras STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), ya que, como subdirectora de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación (ETSIIT) y como profesora de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) en los grados en Ingeniería en Tecnologías de Telecomunicación e Ingeniería Informática, soy testigo del bajón de mujeres en estas disciplinas.

En la UPNA y en el sistema universitario español, prácticamente el 50% de los estudiantes son mujeres. Sin embargo, el número de las estudiantes de las dos escuelas de ingeniería de la UPNA (ETSIIT y la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos-ETSIA) ronda, de media, en los últimos años el 23%. Los grados de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Eléctrica y Electrónica presentan los porcentajes de mujeres más bajos (por debajo del 12%).

Las causas de esta situación son muy diversas. Por un lado, la educación y la opinión pública siempre han considerado estas carreras como masculinas y desprovistas de efectos sociales. Sin embargo, las carreras STEM sí pueden proporcionar ese elemento social que valoran las mujeres. Además, la sociedad necesita, y va a necesitar para el año 2020, profesionales STEM y estos deberían ser mujeres, al menos, en un 50%.

También está la falta de referentes femeninos para explicar la falta de interés de las chicas por las carreras técnicas. En las carreras de ingeniería de la universidad, las mujeres están en clara minoría dentro de las plantillas de personal docente e investigador y, si no hay maestras, no hay alumnas.

Tampoco quiero olvidar el contexto educativo. De pequeños, la mayoría de las niñas aventajan a los niños en todas las materias, incluyendo las matemáticas. La diferencia en sus comportamientos tiene que ver con la forma de enfrentarse a los retos. Mientras que los chicos piensan que no solucionan un problema porque es difícil, las chicas piensan que se debe a que no pueden hacerlo.

A esto se añade que existe un problema de comunicación. Mucha gente no sabe a qué nos dedicamos exactamente los ingenieros… Tenemos que transmitirles en qué hacemos mejor la vida de todos gracias a la ingeniería, y cómo lo hacemos.

Por todo ello, es preciso hacer algo para visibilizar a las mujeres que trabajamos en STEM. En este sentido, son muy destacables las acciones de fomento de las ciencias llevadas a cabo por la Real Academia de Ingeniería, como una campaña de actividades para potenciar la inclusión y la vocación de niñas y jóvenes en este ámbito con el fin de desterrar la concepción de que las mujeres que tienen vocación por esas áreas son “bichos raros” o “intrusas”.

La UPNA no se queda atrás en este campo. Así, cuenta con un programa de charlas de divulgación científica, en las que el profesorado acude a los centros escolares; y organiza las Semanas de la Ciencia, que se realizan en noviembre con diversas actividades para diferentes públicos, por citar dos ejemplos.

Sin embargo, quiero adentrarme en una obra de teatro, la titulada “Yo quiero ser científica”, en la que nueve profesoras de la UPNA damos vida a otras tantas mujeres científicas del pasado, con el fin de visibilizar a estas féminas que padecieron muchas penurias para poder desarrollarse como científicas. Dicha obra concluye con una charla final, en la que hablamos al público (fundamentalmente, escolares) de nuestra carrera investigadora actual para poder visibilizar el papel de la mujer en la ciencia en este momento.

No quiero olvidarme de las numerosas mujeres emprendedoras tecnólogas, muy importantes a nivel internacional, y también mujeres tituladas por la UPNA, que han desarrollado su carrera de Ingeniería de Telecomunicación y han podido llevar a cabo acciones de emprendimiento hasta el punto de crear algunas de ellas empresas o grupos de investigación de gran prestigio internacional.

Para concluir, cabe preguntarse qué acciones pueden fomentar el incremento de mujeres en carreras STEM. Por ejemplo, la educación desde la infancia o la correcta orientación en los colegios e institutos.

En conclusión, el incremento de mujeres en las carreras STEM es una labor que involucra a toda la sociedad. No podemos desperdiciar el talento de la mitad de la población. Nos jugamos el futuro en ello.

 

 

Esta entrada ha sido elaborada por Silvia Díaz Lucas, doctora en Ingeniería de Telecomunicación, profesora del Departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y de Comunicación de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), donde también es investigadora en el Instituto de Smart Cities (ISC) y subdirectora de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación (ETSIIT); es autora e intérprete de la obra “Yo quiero ser científica”, en la que da vida a la actriz y tecnóloga Hedy Lamarr

 

Inferencia estadística: del indicio a la evidencia

Seguro que el lector se habrá formulado alguna vez una pregunta de este tipo: “¿Cómo es posible que se afirme que el 27% están preocupados por determinado tema de actualidad o que las noticias de una cadena de televisión han sido las más vistas el mes pasado, cuando a mí no me han consultado, ni tampoco a mis familiares, ni amigos?

 

Es también seguro que el lector conoce que esos resultados se obtienen a través de muestras representativas de toda la población. Los datos que conocemos por los medios de comunicación son los resultados obtenidos en la muestra.

Para extender los resultados de la muestra a toda la población, se realiza un proceso, que en estadística se denomina inferencia, que da como resultado un intervalo de valores numéricos, dotado de un grado de confianza que representa la seguridad o fiabilidad que ese intervalo nos inspira. Su fundamento matemático está en el cálculo de probabilidades. Por ejemplo, si en la muestra hay un 27% de personas preocupadas por el tema en cuestión, podemos obtener que, en la población, el porcentaje estará comprendido entre un 25,5% y un 28,5% con un grado de confianza del 95%. El tamaño de la muestra es esencial para obtener intervalos de pequeña amplitud, es decir, muy informativos o concretos, y con un grado de confianza alto, muy fiables.

Un dato que puede resultar curioso es que el tamaño de la muestra que nos garantice determinadas buenas cualidades, en cuanto a grado de confianza y concreción, no es directamente proporcional al tamaño de la población. Por ejemplo, para dos poblaciones grandes, una de un millón y otra de veinte millones de habitantes, el tamaño de la muestra necesario para garantizar un grado de confianza del 95% y una amplitud del intervalo no superior al 3% (para estimación de porcentajes) es prácticamente el mismo: bastarían 4.300 personas en ambos casos.

Otra parte importante de la inferencia estadística es la enfocada a contrastar hipótesis. Una hipótesis es una afirmación de ámbito poblacional. Por ejemplo: “El porcentaje de trabajadores eventuales es el mismo en hombres y en mujeres”. Esta hipótesis puede ser rechazada (invalidada estadísticamente) si los resultados muestrales marcan suficientes diferencias entre los porcentajes de hombres y mujeres eventuales. Resultados muestrales distintos en hombres y mujeres pueden ser un indicio de que la hipótesis no es cierta y, una vez realizado el proceso de contraste, el indicio se ha podido convertir en una evidencia o quedarse en mero indicio. De nuevo, será el cálculo de probabilidades el que sea capaz de aportar un grado de verosimilitud a la hipótesis planteada.

Para hacernos una idea intuitiva de cómo el cálculo de probabilidades nos ayuda a tomar decisiones sobre hipótesis concretas, consideremos el siguiente ejemplo: nos dicen que, en una caja opaca, hay 19 bolas blancas y una negra. Nos permiten sacar una bola al azar y, después de verla, la devolvemos a la caja y hacemos una nueva extracción.

Supongamos que, en cinco extracciones consecutivas, nos hubiera salido siempre negra. Exclamaríamos: “¡No me creo que la caja tenga 19 blancas y una negra!”. Pese a que es posible, ya que la bola negra siempre está presente cuando realizo la extracción, es altamente improbable (una posibilidad entre 3.200.000) y, por eso, decido rechazar que la composición de la caja sea de 19 blancas y una negra. La decisión que se adopta en un contraste lleva implícita la probabilidad de cometer errores como rechazar la hipótesis siendo cierta o no rechazarla siendo falsa. No obstante, con un tamaño muestral suficiente, esas probabilidades son muy pequeñas.

 

Posibilidad de sacar una bola negra entre 19 blancas de una a cinco veces.

 

Así pues, la inferencia estadística nos permite tener un conocimiento preciso de la población, sin necesidad de realizar un estudio exhaustivo caso por caso.

 

Esta entrada ha sido elaborada por Sagrario Gómez Elvira, profesora jubilada de Estadística e Investigación Operativa de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

Una reflexión en torno a la cooperación y el aseguramiento de actividades deportivas transfronterizas. ¿Un nuevo paradigma de las relaciones internacionales?

La nueva dimensión geopolítica de un contexto europeo e internacional, presidido por la evidencia sobrevenida de que las reglas que han gobernado las relaciones internacionales están en cuestión y han devenido ya obsoletas, requiere, por parte de la academia y de la sociedad, un ejercicio de análisis crítico y reflexivo que nos permita interiorizar que el mundo ya no queda integrado únicamente por actores estatales. Sin duda, estos grandes actores de un pasado reciente han cedido protagonismo a otra realidad compuesta de grandes corporaciones multinacionales, actores no estatales y actores no gubernamentales.

En efecto, nos adentramos en un siglo XXI con grandes retos globales, entre otros, migraciones, exclusión social, cambio climático, degradación medioambiental, trata de seres humanos, pobreza y los crecientes intentos de retorno a la clara delimitación y demarcación de las fronteras (Brexit del Reino Unido/ des-Unión Europea) y el nítido mantenimiento de un concepto de poder de los Estados sobre el territorio anquilosado en una concepción del siglo XIX que fomenta, en detrimento de la evolución, una clara involución que olvida que la persona, sus obligaciones, sus derechos y libertades deben erigirse protagonistas.

La consolidación del viejo proyecto de los Estados Unidos de Europa no puede permitirse el lujo de no avanzar significativamente en los próximos años, pues de él dependen las crecientes aspiraciones de un mundo y de una sociedad y ciudadanía, la europea, que requieren hoy de la internacionalización de empresas, del desplazamiento transfronterizo de personas trabajadoras y sus familias, de la cooperación transfronteriza entre entes territoriales y/o Administraciones públicas para la prestación de servicios públicos y/o privados conjuntos, y de una respuesta global lo más consensuada posible para garantizar la protección de los Derechos Humanos.

Sin lugar a dudas, son tiempos difíciles para una Europa ante un gran dilema, su mayor integración, y cabe plantearse qué utilidad puede aportar un elenco de instrumentos normativos e institucionales que permitan consolidar la cooperación transfronteriza y su utilidad social y beneficio para el conjunto de la ciudadanía navarra y vasca.

La pluralidad legislativa en ocasiones plantea problemas y distorsiones para la ciudadana y el ciudadano transfronterizo en multitud de ámbitos, también para las actividades deportivas transfronterizas y su aseguramiento. Recuérdese que la Unión Europea contribuirá al desarrollo de la dimensión europea del deporte, “promoviendo la equidad y la apertura en las competiciones deportivas y la cooperación entre los organismos responsables del deporte, y protegiendo la integrad física y moral de los deportistas”.

La cooperación transfronteriza puede aflorar en diversos y muy variados sectores como el turismo, el desarrollo regional, la gestión compartida de residuos, las actividades deportivas transfronterizas, la creación y fomento de sociedades públicas y/o agencias para el desarrollo de las comarcas fronterizas, sus economías locales, la generación de empleos de calidad y la organización de eventos deportivos transfronterizos por parte de universidades públicas.

El estudio y análisis del marco jurídico transfronterizo aplicable a cuestiones litigiosas que puedan suscitarse a partir de daños que podrían acontecer como consecuencia de la realización de eventos deportivos transfronterizos (en especial, en eventos de índole deportiva celebrados en el marco transfronterizo vasco-navarro y francés) presenta una complejidad jurídica indudable, debido a la coexistencia de diversos bloques normativos que son de aplicación (europeo, internacional, nacional, regional y autonómico). Esto no debe atemorizarnos a la hora de comprender, en clave de futuro, la transcendencia de la consolidación de la cooperación transfronteriza en diversos sectores.

En definitiva, el fomento y la mejora de los instrumentos normativos para la cooperación transfronteriza nos permitirá asistir a una mayor integración de la Unión Europea y a la consolidación de una sociedad de naciones que pivote alrededor de la ciudadanía europea, la persona, sus obligaciones, derechos y libertades.

Esta entrada ha sido elaborada por Unai Belintxon Martin, profesor e investigador del Departamento de Derecho de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

Radicales libres y antioxidantes

No, cuando hablamos de radicales libres, no nos referimos a ninguna organización de jóvenes agitadores en favor de la libertad, sino a moléculas muy reactivas que están implicadas en las principales enfermedades y en el envejecimiento. Los antioxidantes representan el otro frente que contrarresta y nos ayuda a mantener nuestras células funcionales, aunque es cierto que tampoco los antioxidantes son moléculas modélicas en todas las circunstancias, como veremos a continuación.

Los radicales libres se definen como las moléculas que tienen uno o más electrones desapareados en su capa electrónica más externa; una definición química dentro de las que se encuentran, en general, moléculas muy reactivas y con tiempos de vida media muy cortos, precisamente, debido a esta alta reactividad. Por ello, resulta muy difícil detectarlos “in vivo” en los organismos biológicos y, por ello, se tardó muchos años (oficialmente, hasta 1969) desde que se sospechó su función “in vivo”, hasta que se les pudo empezar a atribuir la importancia que tienen hoy en día en el inicio y desarrollo de las principales enfermedades, en la defensa frente a patógenos e, incluso, en el proceso de envejecimiento a nivel celular y a nivel de organismo completo. Estamos hablando de moléculas como el radical hidroxilo, radical superóxido, el oxígeno singlete, o el óxido nítrico y otras, con unos tiempos de vida media extremadamente cortos (ver la figura 1 sobre la estructura electrónica de algunos radicales libres). Por todo ello, fueron necesarios varios decenios antes de que su producción y presencia en los organismos biológicos pudiera ser demostrada con rotundidad (Halliwell y Gutteridge, 2015).

La historia de los radicales libres en biología. Esta comienza en el siglo pasado, cuando empezaron a conocerse los efectos deletéreos o destructores que tenía la radiactividad sobre los organismos vivos, incluyendo, la inducción de mutagénesis y cáncer en los investigadores que utilizaban la radiactividad más frecuentemente. Por ejemplo, Pierre y Marie Curie sufrieron cáncer y otras importantes enfermedades asociadas a las radiofrecuencias ionizantes. Ahora conocemos que la radiación nuclear induce la lisis del agua y la producción de radicales libres como el radical superóxido y el radical hidroxilo. Posteriormente, se conocieron los problemas asociados con trabajar con aire enriquecido en oxígeno, a concentraciones superiores a la habitual, que es un 21% de oxígeno en la atmósfera. Ahora sabemos que aumentar la concentración de oxígeno induce una mayor producción de radicales libres, que se generan a partir del oxígeno presente dentro y fuera de las células.

A mediados del siglo XX, ya existían diversas líneas que evidenciaban la problemática. Fue Denham Harman quien, en 1956, propuso la teoría de que el envejecimiento es producido por radicales libres originados durante el metabolismo normal de la mitocondria, teoría que, más tarde, redefiniría el propio Harman como teoría del reloj biológico (1972). En los años 50, ya se conocían un enzima esencial para la vida en presencia de oxígeno como era la catalasa, que se encarga de eliminar el peróxido de oxígeno (molécula mas conocida popularmente como agua oxígenada). Aunque el peróxido de oxígeno, que es una molécula bastante reactiva, no es un radical libre, es potencialmente muy peligrosa, pues su lisis catalizada por metales de transición como el Fe2+ o Cu+ producía el altamente energético y muy deletéreo radical hidroxilo (ΔΕ’o=2,4 V/mol). Pese a que estos contienen H2O2 y también Fe2+ o Cu+, en esos momentos se dudaba de que este proceso tuviese importancia en los seres vivos, ya que el radical hidroxilo tenía un tiempo de vida demasiado corto (10-9s) en sistemas biológicos, y no podía ser detectado.

Así las cosas, fueron el Dr. Irwin Fridovich y su estudiante de doctorado Joe McCord (ver figura 2) quienes en 1969 consiguieron atribuir una función anti-radicales libres a una proteína ya conocida como era la eritrocupreína, pero de la que no se tenía ni idea para que servía. Estos investigadores consiguieron demostrar que esta proteína eliminaba el radical superóxido: el primer radical producto de la reducción univalente del oxígeno molecular (Fridovich y McCord, 1969).

Al asociar una actividad antioxidante y anti-radicales libres a una proteína de los seres vivos, se estaba demostrando implícitamente que los radicales libres eran importantes en las células y que la célula necesitaba ejercer un control sobre ellos. La superóxido dismutasa fue, por tanto, la primera enzima antioxidante conocida (Figura 3.).

Esta enzima muestra la mayor relación kcat/KM (lo cual representa una buena aproximación de la eficiencia catalítica), y la reacción se considera limitada sólo por la propia velocidad de difusión del superóxido y la enzima dentro del solvente en el que se encuentran (Halliwell y Gutteridge, 2015). La importancia del enzima superóxido dismutasa es clave para la vida en presencia de oxígeno, y está presente en todos los organismos aerobios, sean eucariotas o procariotas (salvo contadas excepciones que confirman la regla). Además, dentro de las células las superóxido dismutasas, pueden estar presente dentro de diferentes localizaciones subcelulares dependiendo del tipo de enzima y del orgánulo, lo cual proporciona flexibilidad y plasticidad a las defensas antioxidantes (Figura 4).

El sentido biológico de los radicales libres. Después de 3.500 millones de años desde que se estima pudo aparecer la vida en la Tierra, ¿por qué la evolución no ha conseguido evitarlos totalmente? En la actualidad, la visión que tenemos de los radicales libres y otras moléculas relacionadas y altamente reactivas (ROS, de las siglas en inglés, “Reactive Oxygen Species”) es que son moléculas esenciales que nuestras células utilizan como señales. Cuando aumentan, señalizan que “hay problemas” y que se deben activar diferentes tipos de respuestas, incluyendo las antioxidantes que desactivarían la señal. Junto con la respuesta, va también sintetizado el antioxidante que elimina la señal, puesto que tan importante como dar la alarma es desactivarla cuando esta ya no es necesaria. Eso sí, una producción incontrolada de ROS inducirá procesos deletéreos que conducirán a estrés, enfermedades, y envejecimiento.

Los antioxidantes. Representan el contrapunto, eliminando los ROS y contribuyendo a restaurar las condiciones adecuadas en la célula y desactivando la señal. Estos son esenciales, tanto los que producimos de manera endógena en las células, como los que adquirimos como parte de la dieta. Los antioxidantes pueden reaccionar directamente con los ROS como hacen los antioxidantes esenciales en nuestras células, por ejemplo, el ácido ascórbico o vitamina C y la vitamina E; o pueden tener un mecanismo de acción más indirecto mediante la activación de cascadas celulares que señalizan la inducción de la síntesis de antioxidantes celulares. Así es como actúa, por ejemplo, el sulforrafano, el potente antioxidante de las crucíferas como el brócoli (Yang et al., 2016).

Los antioxidantes pueden tener una doble cara, y así algunos potentes antioxidantes pueden tener efectos pro-oxidantes en determinadas circunstancias. Por ejemplo, la vitamina C puede ser pro-oxidante y, en presencia de Fe (hierro) libre o conjugado a pequeñas molécula, estimula la reacción de Fenton de producción de radical hidroxilo. Así se ha demostrado “in vitro”, que, a elevadísimas concentraciones, elimina las células cancerígenas en mayor medida debido a este efecto (Yu et al., 2015). De hecho, la evolución de los grandes primates ha suprimido uno de los genes esenciales para la síntesis de vitamina C en nuestras células y, por ello, debemos adquirir esta vitamina con la dieta. Y sí, el contenido en vitamina C de nuestra sangre se asocia con mayor salud (siempre que se tome la vitamina C de plantas, y no de suplementos), lo cual puede indicar la importancia de los contenidos de este antioxidante en sangre o, más probablemente, está relacionado con la ingesta de alimentos vegetales en nuestra dieta, lo cual también se correlaciona con mejor salud y más longevidad.

Por todo ello, los antioxidantes de las plantas, se consideran ya como una parte obligatoria a adquirir en nuestra dieta, sin los que nuestra salud se verá gravemente comprometida, no sólo con una esperanza de vida menor, sino, sobre todo, con un aumento importante de enfermedades de todo tipo.

Referencias:

•Halliwell y Gutteridge (2015). “Free Radicals in Biology and Medicine. 5ª edition”. Oxford University Press. Oxford, Reino Unido

•McCord y Fridovich (1969). “An enzymic function for eritrocuprein”. Journal of Biological Chemistry 244: 0044-0055

•Moran JF, James EK, Rubio MC, Sarath G, Klucas RV, Becana M (2003). Functional Characterization and Expression of a Cytosolic Iron-Superoxide Dismutase from Cowpea (Vigna unguiculata) Root Nodules. Plant Physiol 133:773-82.

•Muñoz I, Moran JF, Becana M, Montoya G (2005). The Crystal Structure of the Eukaryotic Iron Superoxide Dismutase Suggests Intersubunit Cooperation During Catalysis. Protein Science 14: 387-394.

•Yang et al (2016). Frugal chemoprevention: targeting Nrf2 with foods rich in sulforaphane. Seminars in Oncology 43(1): 146-153. doi: 10.1053/j.seminoncol.2015.09.013

•Yu et al. (2015). Vitamin C selectively kills KRAS and BRAF mutant colorectal cancer cells by targeting GAPDH. Science 350 (6266):1391-6. doi: 10.1126/science.aaa5004.

Esta entrada ha sido elaborada por José Fernando Morán Juez, profesor en el Departamento de Ciencias e investigador en el Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Applied Biology-Instituto de Biología Multidisciplinar Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

Florence Nightingale, pionera en el desarrollo de técnicas estadísticas

El origen de la Estadística está  ligado a los primeros esfuerzos administrativos al servicio de un Estado (de ahí, su nombre) por inventariar su población, riqueza o sus movimientos comerciales. A mediados del siglo XIX, se produce un desarrollo de la estadística debido a la sistematización de la recogida de datos por parte de los Estados modernos y a su aplicación en otros campos.

Florence Nightingale es, sobre todo, recordada como la mujer pionera en los métodos de la enfermería moderna, pero quizá sea más desconocido su innovador uso para la época  de técnicas estadísticas en sanidad, mostrando cómo un fenómeno social puede ser analizado matemáticamente mediante medidas objetivas.

Nació en 1820 en el seno de una familia acomodada de la Inglaterra Victoriana. Tuvo el privilegio de aprender latín, griego, historia, filosofía y matemáticas de la mano de su padre. Florence mostró especial interés en matemáticas y logro convencer a sus padres para disfrutar de tutores en la materia. Siempre le guió su amor por el razonamiento, basado en el cuestionamiento y en un cuidadoso proceso para obtener conclusiones. En 1850, viajó a Alemania para formarse como enfermera en un hospital-orfanato. Completó su instrucción en Gran Bretaña y Europa, donde recabó informes y publicaciones sobre la sanidad pública, lo que pone en evidencia el espíritu analítico, más allá del meramente instructivo, con que se enfrentaba a su formación.

En 1854, estalló la Guerra de Crimea. Las noticias del frente sobre el estado de los soldados conmovieron a la opinión publica, lo que llevó al Secretario de Estado para la Guerra a nombrar a Florence como oficial del Ejército, algo inaudito para una mujer, con el fin de formar un equipo de enfermeras y acudir al hospital de campaña en Escutari (Turquía). A su llegada, encontraron unas condiciones alarmantes: los soldados heridos yacían en habitaciones sin ventilación, con sábanas y uniformes sucios y mal alimentados. No resulta extraño que el tifus, la disentería y el cólera fueran tres principales causas de muerte. Con gran habilidad, para no ganarse la antipatía de los oficiales médicos, pronto logró instalar una lavandería y mejoras en la alimentación y en la higiene de las salas.

Durante este tiempo, Florence recogió datos y sistematizó un control de registros. Con sus métodos innovadores de recolección, tabulación y presentación, mostró como la estadística proporciona un marco para comprender la realidad y proponer mejoras. Elaboró numerosos informes e ideó un gráfico (el de áreas polares) para presentar sus estadísticas sobre causas de mortalidad. En él, se muestra el círculo dividido en doce sectores (uno por cada mes), cuya área varía, según el número de soldados caídos, en tres colores: el rojo, para los caídos por heridas de guerra; el azul, por enfermedades infecciosas; y el negro, por otras causas. El gráfico evidencia que la principal causa de muerte eran las enfermedades infecciosas y que la mejora de las condiciones en el hospital reducía mucho el número de muertes.

Sus  gráficos fueron tan convincentes que llevaron al Parlamento, a la Reina Victoria y a las autoridades militares a formar en 1858 una Real Comisión que estudiara la tasa de mortalidad, en guerra y en paz, del Ejército, semilla de la futura Universidad Médica Militar. Uno de los muchos frutos de la Real Comisión fue la reorganización de las estadísticas del Ejército, que fueron reconocidas como las mejores de Europa.

Florence continuó aplicando técnicas estadísticas para hospitales civiles; desarrolló un modelo de formulario estadístico para los hospitales con el fin de  recoger y generar datos y estadísticas consistentes. También recogió estadísticas sobre la sanidad en la India y en las escuelas en las colonias.

Trabajó en la oficina de Guerra Británica para asesorar sobre cuidados médicos del Ejército en Canadá. Sus métodos incluyeron, por ejemplo, el tiempo medio requerido para el transporte de heridos en trineo en las inmensas distancias del citado país norteamericano. También durante la Guerra Civil Americana , fue asesora del Gobierno de los Estados Unidos para la sanidad del Ejército.

Por sus aportaciones estadísticas, fue nombrada en 1860 primera mujer miembro de la Real Sociedad de Estadística Británica y, posteriormente, Miembro Honorífico de la Sociedad Estadística Americana.

 

Esta entrada ha sido elaborada por Henar Urmeneta Martín-Calero, profesora del Departamento de Estadística, Informática y Matemáticas de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), donde forma parte del Grupo de Investigación q-UPHS (siglas en inglés de Métodos Cuantitativos para Mejorar el Rendimiento de los Servicios de Salud)