Ensayos clínicos, experimentos estadísticos

Las autoridades que controlan la distribución de los medicamentos deben estar convencidas de su calidad antes de autorizarlos. ¿Qué procedimientos científicos permiten asegurar que un medicamento es eficaz y que no va a producir efectos secundarios graves?

La legislación europea, mucho antes de que cualquier medicamento llegue a las farmacias, obliga a que un equipo de profesionales conteste a esa misma pregunta mediante un procedimiento bien regulado. Tras los obligados ensayos de laboratorio y preclínicos (en animales), este procedimiento contempla la realización de ensayos clínicos que, en el caso de medicamentos, son estudios realizados con seres humanos para determinar o confirmar su eficacia y su no toxicidad. El manual de buena práctica clínica prevé un plan estadístico para realizar el ensayo.

El ensayo que responde a la pregunta “¿Son los genéricos tan eficaces y seguros como los medicamentos de marca?” es un ejemplo paradigmático de experimento estadístico en ciencias de la salud.

En primer lugar, para realizar el ensayo, se toma un grupo de pacientes (muestra) y se asigna a una parte de ellos el medicamento de marca y a la otra parte, el genérico. El investigador observa las respuestas de los pacientes, por ejemplo, si se curan o el grado de mejoría en su enfermedad. Tengamos en cuenta que, ante una misma dosis de medicamento, las respuestas de los pacientes pueden resultar muy distintas o, como preferimos decir en estadística, dispersas o variables. Los procedimientos estadísticos permiten analizar esa variabilidad.

Después, el investigador compara los resultados obtenidos en la muestra con ambos medicamentos y llega a una conclusión sobre si son igualmente efectivos y seguros. Esta conclusión afecta a todos los pacientes, hayan participado o no en el experimento, ya que, si la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios considera que el ensayo se ha realizado adecuadamente, la conclusión obtenida permitirá o no la comercialización del medicamento.

El procedimiento mediante el que se extienden las conclusiones procedentes de la muestra a todos los pacientes se denomina inferencia estadística. Pero hay un elemento más en los ensayos clínicos que los hace peculiares dentro de la estadística: la ética.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, los medicamentos se consideraban buenos o malos según el dictamen realizado por un médico con prestigio entre sus colegas. Pero este procedimiento dejaba mucho espacio a la subjetividad. Además, las aberraciones realizadas por los nazis durante la contienda bélica en las investigaciones clínicas fueron desencadenantes de un acuerdo por el que, por encima del beneficio científico, estuviera la dignidad y el bienestar de los sujetos con los que se experimenta. Este acuerdo se plasmó en la denominada Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial en 1964. A ella queda sujeta, también por ley, la experimentación clínica mundial.

Las consideraciones éticas requieren que sea el paciente quien decida su participación en el ensayo tras ser informado de los posibles riesgos. También exigen que pueda abandonarlo en cualquier momento. Por otra parte, el equipo clínico debe valorar la aceptación o no de un paciente en el ensayo. Como consecuencia, la muestra no se escoge al azar entre todos los pacientes y esto conlleva cambios en los procedimientos estadísticos clásicos cuyo estudio constituye un campo amplio y muy actual de investigación.

En conclusión, los ensayos clínicos son, en gran medida, experimentos estadísticos de gran trascendencia por sus implicaciones en la salud. Las agencias estatales, mediante protocolos muy exigentes, vigilan las buenas prácticas clínicas entre las que se encuentran el plan estadístico y la supervisión de un comité ético. Es importante disponer de buenas técnicas estadísticas para que los ensayos clínicos consigan sus objetivos con más eficiencia, en menos tiempo y reduciendo en lo posible los riesgos para las personas que participan en ellos.

 

Esta entrada ha sido elaborada por José Antonio Moler Cuiral, profesor del Departamento de Estadística, Informática y Matemáticas e investigador en el Instituto de Smart Cities (ISC) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), y Fernando Plo Alastrué, profesor del Departamento de Métodos Estadísticos de la Universidad de Zaragoza

 

Bioestadística: transformando hipótesis en resultados científicos

La bioestadística, definida como la aplicación de métodos estadísticos en las ciencias de la vida, ocupa un lugar de enorme importancia en la investigación médica, debido al papel fundamental que juega en el proceso de convertir la observación, intuición y experiencia de los profesionales sanitarios en resultados científicos contrastados. Podríamos decir que, en investigación clínica, la estadística es una herramienta esencial que permite dar respuesta a preguntas científicas.

Para conocer la función que desempeña la estadística en la investigación médica, repasemos antes el modo de proceder de los profesionales sanitarios en la investigación de enfermedades. Se puede resumir en tres fases. En la primera, observan las características de los pacientes y de sus enfermedades, identifican qué aspectos son desconocidos y merecen ser investigados, y formulan hipótesis que deben ser contrastadas. En la segunda, diseñan un estudio que les permitirá comprobar, a partir de la información que tienen de sus pacientes, si sus hipótesis se corroboran. Finalmente, obtienen resultados y extraen conclusiones que comparten con otros investigadores de su área mediante publicaciones en revistas científicas. Si bien la primera fase es casi exclusivamente biomédica, el uso de la estadística es crucial tanto en el diseño del estudio como en la obtención de resultados. Pensemos en dos ejemplos prácticos: el estudio del patrón geográfico del riesgo de mortalidad por cáncer y el estudio de los factores que influyen en la evolución de los pacientes diabéticos.

Todos nosotros conocemos a personas que han padecido cáncer. Incluso muchos nos hemos alarmado pensando que el número de personas fallecidas por cáncer en nuestro pueblo, barrio o comunidad en un determinado año ha sido muy elevado. Estas mismas cuestiones se plantean también los responsables de la salud pública, que diseñan estudios para investigar, por ejemplo, si existen zonas que tienen un mayor riesgo de mortalidad por alguna causa. Para llevarlos a cabo, utilizan los registros de mortalidad: grandes bases de datos que recogen información sobre los fallecidos como la causa de la muerte, su lugar de residencia, su edad o su sexo. La estadística entra en juego aquí para analizar los datos y transformarlos en información científicamente válida, como, por ejemplo, detectar qué zonas de Navarra tienen un riesgo alto de mortalidad por cáncer. Después de utilizar técnicas complejas, la estadística nos proporciona algo tan sencillo de interpretar como un mapa coloreado indicando las zonas con un riesgo alto de mortalidad en tonos más oscuros. Además, en estos estudios, se pueden incluir otras características del municipio (socio-económicas, ambientales o relativas a la propia atención sanitaria), y valorar si estas tienen relación con el mayor o menor riesgo de mortalidad de algunas zonas, guiando estudios específicos posteriores.

La estadística también está presente en los estudios clínicos. Pensemos en los pacientes con diabetes, una enfermedad que afecta al 10% de la población navarra mayor de 30 años. Conocer de qué factores, además del tratamiento, depende la evolución de estos pacientes es una cuestión de gran interés de la que indudablemente todos ellos pueden beneficiarse. Para ello, la estadística dispone de toda una batería de herramientas que transforman la compleja información procedente de la observación clínica en resultados útiles en la práctica. Es precisamente esta ciencia la que permite determinar si el hecho de tener hipertensión arterial, obesidad o insuficiencia cardíaca puede conducir a un peor control de los niveles de glucosa en sangre, o si practicar ejercicio físico lo mejora.

Por último, merece la pena destacar el papel que juega la estadística en la evaluación de los servicios sanitarios, cuyo objetivo es determinar si la práctica médica está respondiendo de forma óptima a las necesidades de la población, y si lo está haciendo de forma justa, equitativa, eficaz y eficiente. Estos estudios, que generalmente requieren de modelos estadísticos sofisticados, permiten identificar áreas de mejora en la planificación sanitaria, contribuyendo así a proporcionar una mejor atención a la población.

 

Esta entrada ha sido elaborada por Berta Ibáñez Beroiz (Unidad de Metodología de Navarrabiomed, centro de investigación biomédica de la Universidad Pública de Navarra y el Gobierno de Navarra) y Tomás Goicoa Mangado (profesor del Departamento de Estadística, Informática y Matemáticas de la Universidad Pública de Navarra)