Smart cities: ¿Cómo serán las ciudades inteligentes del futuro?

Ignacio Matías Maestro, catedrático del Departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y de Comunicación e investigador del ISC (Institute of Smart Cities) de la Universidad Pública de Navarra.

“Debemos hacer más inteligentes y tecnológicas nuestras ciudades, sí, pero también más humanas”

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¿Viviremos en una ciudad como las de las películas de ciencia ficción? ¿Estarán nuestras casas totalmente robotizadas? ¿Encenderemos los aparatos con la mente? ¿Habrá espacio para la libertad? Nos adentramos en el universo de las ciudades inteligentes con el profesor Ignacio Matías Maestro, quien fuera el primer director del Instituto de Smart Cities de la Universidad Pública de Navarra y quien, en esta entrevista, nos ofrece las claves para entender las múltiples posibilidades de las ciudades inteligentes… y las dudas que les rodean.

¿Qué necesita una ciudad para ser inteligente?
Una ciudad inteligente es aquella que integra a la sociedad con el gobierno de la propia ciudad y que, a través de sistemas inteligentes, detecta necesidades y genera soluciones, a ser posible, en tiempo real. Una smart city es aquella que usa la tecnología para ser más sostenible y mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas. Existen muchos factores que influyen para que una ciudad pueda llamarse inteligente como, por ejemplo, que tenga sistemas de ahorro de energía que permitan el consumo inteligente, el reciclaje, la reducción de residuos o emisión de gases; que en el campo médico apueste por la telemedicina o la teleasistencia o que, en el transporte, cuente con una gestión eficiente del tráfico, optimización de rutas de transporte público, infraestructuras sostenibles…

¿Cómo serán las ciudades inteligentes en el futuro?

Sinceramente, no lo sabemos. Es muy complicado prever cómo será la tecnología dentro de 50 años. Lo que se ha evolucionado en este último medio siglo, comparándolo con lo que vamos a avanzar en los próximos 50 años, si todo va bien, es infinito. Jamás habíamos tenido tantas posibilidades de crecimiento como ahora: tenemos tantas, que no sabemos por dónde vamos a ir. Para el ser humano, vivir en la actualidad es como un don y va a ser espectacular. Dentro de 30 años, miraremos atrás y todo nos va a parecer muy extraño. No sé cómo serán en el futuro las ciudades inteligentes, pero sí sé que las ciudades del futuro serán inteligentes.

¿Qué es lo que sí podemos predecir?

Sabemos que viviremos en ciudades porque es la única forma de preservar el resto de la Naturaleza, ya que, si nos extendemos por todo el territorio, mataremos lo que esté a nuestro alcance. En el año 2050, el 85% de la población mundial va a vivir en ciudades, fundamentalmente, porque el ser humano es un ser urbano y necesitamos vivir juntos para avanzar. Además, es evidente que tendremos que intentar ir al espacio, porque aquí no cabemos y ya estamos colapsando la Tierra. Por otra parte, sabemos que serán millones los objetos conectados en el mundo. Actualmente, ya hay unos 200 millones de sensores conectados: solo en el 2025, es posible que ya sean mil millones. Habrá muchos sensores, muchos datos, mucha tecnología.

Sensores, datos, tecnología…

Sí, por supuesto. Los datos son imprescindibles para poder hacer una buena gestión de la ciudad, por ello los sensores son fundamentales para obtener información, desde datos semafóricos, cuánta gente hay en la calle, contaminación, etc. Internet de las cosas es la única manera que tenemos actualmente para anticiparnos y resolver los problemas de las ciudades. Jugarán un papel esencial la inteligencia artificial, el machine learning y tecnologías como digital twins, edge computing o fog computing.

Las ciudades inteligentes van tomando forma y la tecnología avanza en todos los planos posibles, como el transporte. ¿Qué cambios veremos en este campo?

El transporte va a cambiar tanto que es muy posible que en el centro de las ciudades no puedan circular coches particulares y que el transporte público sea lo único que exista. Una vez que tengamos el control del tráfico de la ciudad y de sus semáforos, todo va a ser mucho más sencillo y automatizado. No habrá atascos o, si los hay, se podrán solucionar de una forma más eficiente que ahora. Por otra parte, no sabemos si habrá o no coches voladores, pero sí es seguro que contaremos con vehículos autónomos, y, si los coches van solos, es muy factibles que puedan volar.

Y en el ámbito de la seguridad, ¿podremos combatir mejor el crimen?

Por supuesto. En algunas ciudades de China ya controlan a quien va por la calle: saben en todo momento quién eres. Si hay un indicio de que se ha cometido un crimen o robo, enseguida lo pueden detectar e identificar a los culpables, lo cual, por otra parte, da cierto miedo. La seguridad es muy importante y con inteligencia artificial, sensores y cámaras, se puede avanzar mucho, pero siempre deberemos tener muy presente el límite de la libertad.

¿Vamos a estar totalmente controlados en una ciudad en la que haya más sensores que personas?

Ahí está el tema. La tecnología no es el problema: es la solución. El verdadero problema es la cuestión social. En el siglo XXI, los datos son la materia prima y quien los controle, tendrá mucho poder. ¿Quién puede controlar los datos que generamos nosotros mismos? Puede ser una ciudad, un Estado o una empresa. Una empresa, si sabe cómo nos comportamos, puede intentar vendernos sus productos. Si quien nos controla es una ciudad o un Estado, la situación es peor, porque nos pueden dirigir para intentar que pensemos de un modo concreto. A este respecto, ya la Unión Europea ha dado pasos para velar por que los datos sean nuestros, pero no me lo acabo de creer. Actualmente, simplemente cuando utilizamos cualquier aplicación, ya estamos cediendo nuestros datos.

¿Cuál es el verdadero peligro de que nuestros datos no nos pertenezcan?

La sociedad avanza si tiene libertad, pero si no somos capaces de preservarla y hay una inteligencia superior que controle nuestras libertades, podremos acomodarnos y actuar como borregos. Si los datos no son nuestros, van a coartar nuestra libertad. Por todo ello, cuando construyamos una ciudad inteligente, debemos intentar que sea una ciudad inteligente con alma, y no una ciudad tipo centro comercial.

¿Qué es más sencillo, crear una ciudad inteligente desde cero o hacer más inteligente a una ciudad que ya existe?

Una ciudad inteligente creada desde cero carece de alma. Una ciudad inteligente tiene que reforzar su identidad, pensar en las personas que habitan, estar viva y siempre en constante adaptación. En mi opinión, es mucho más importante hacer más inteligentes a ciudades ya existentes y lograr que sean inteligentes desde su punto de vista: es decir, que cuenten con su propia historia e inteligencia, como las personas, y desarrollen aquellos aspectos que, cada ciudad, de forma individual, quiera impulsar. Existen ejemplos de ciudades inteligentes creadas desde cero, como Songdo, en Corea del Sur, pero mucha gente no quiere vivir en ellas, quizá porque tienen miedo de vivir en una ciudad con tanta tecnología. Quizá prefieren vivir en una ciudad menos inteligente, pero con alma. Por todo ello, debemos hacer más inteligentes y tecnológicas nuestras ciudades, sí, pero también más humanas.

Descubre más sobre este tema escuchando el podcast ¿Cómo serán las ciudades inteligentes del futuro?, el podcast de divulgación científica de la UPNA.

Más información:

Kirimtat, O. Krejcar, A. Kertesz and M. F. Tasgetiren, “Future Trends and Current State of Smart City Concepts: A Survey,” in IEEE Access, vol. 8, pp. 86448-86467, 2020, doi: 10.1109/ACCESS.2020.2992441.

STARDUST: Holistic and Integrated urban model for smart cities. H2020 European Project.

Emilio Ontiveros, Diego Vizcaíno, Verónica López Sabater, “Las ciudades del futuro: inteligentes, digitales y sostenibles”. Fundación Telefónica, 2016.

Alex Steffen, El futuro compartido de las ciudades. Ted Talks.

Pablo E. Branchi, Carlos Fernández-Valdivielso, Ignacio R. Matías-Maestro, “Metodología para evaluar el impacto de la incorporación de nuevas tecnologías en ciudades inteligentes”, DYNA, vol 90(3), pp. 285-293, 2015.

Ciudades accesibles y comprensibles, además de inteligentes

Llegas conduciendo a una ciudad desconocida. Con el navegador del teléfono, apareces fácilmente cerca del lugar al que tenías que ir. Das un par de vueltas y, afortunadamente, encuentras un lugar para aparcar en la calle. ¡Bien! Te fijas en el color del que están pintadas las zonas de aparcamiento y buscas el punto en el que hacerte con un tique de aparcamiento. A partir de ahí, las cosas dejan de ser tan sencillas. ¿Qué significa la zona naranja en esa ciudad? ¿Cuál es la tarifa en esta zona a estas horas? ¿Cómo se opera este aparato? Esas preguntas no son nada evidentes. Al día siguiente, decides ir en transporte público. ¿Cuál es el tipo de abono más conveniente para el tiempo que voy a estar? ¿Dónde se compran ese tipo de billetes? ¿Se puede pagar con tarjeta?

Para interaccionar con el entorno, hace falta información, un conocimiento que, en ocasiones, se obtiene de forma muy natural, pero en otras muchas, no tanto. Al estudio de esta cuestión, se le denomina “accesibilidad cognitiva”. Cuando pensamos en accesibilidad, normalmente no se incluye este aspecto. Parece que la accesibilidad se limita a disponer de rampas para que se pueda llegar a los sitios en silla de ruedas y, como mucho, alguna rotulación en Braille. Sin embargo, hay que pensar que todas las personas deberían ser capaces de interaccionar con el entorno de forma completa, hasta culminar la tarea de que se trate en cada caso.

Según Cristina Larraz, entendemos la accesibilidad cognitiva como el derecho a comprender la información que nos proporciona el entorno, a dominar la comunicación que mantenemos con él y a poder hacer con facilidad las actividades que en él se llevan a cabo sin discriminación por razones de edad, de idioma, de estado emocional o de capacidades cognitivas.

Las ciudades constituyen un hábitat especialmente proclive a generar problemas de accesibilidad cognitiva. Hay muchas actividades, muchos procedimientos, en ocasiones prolijos, con los que regular esas actividades comunes. No es raro que los responsables de todo ello no perciban la dificultad de comprensión que se genera. A fin de cuentas, ellos le dedican muchas horas a esas cosas y se las saben bien, pero un usuario casual de uno de esos servicios pude llegar a desesperarse. Seguro que a todos nos ha pasado más de una vez. Lo que ocurre es que tendemos a pensar que somos nosotros los que andamos “espesos” y no que el sistema está mal diseñado.

Trafic light tree. Escultura, instalada en Londres, del artista Pierre                        Vivant (foto de Diamond Greezer).

Aunque no sea un dispositivo real, ilustra muy bien la confusión que puede generar la yuxtaposición de demasiados elementos informativos; una ilustración magnífica de la ausencia de accesibilidad cognitiva.

También hay actuaciones excelentes desde el punto de vista de la accesibilidad cognitiva. Un ejemplo paradigmático son las instrucciones de montaje de los muebles de Ikea. Estas piezas de información consiguen transmitir la serie de instrucciones necesaria para realizar operaciones (a veces, de bastante complejidad) a personas enormemente variadas en cualquier lugar del mundo. Evitando lenguajes y símbolos con contextualizaciones culturales importantes, así como analizando muy bien el contenido que quieren comunicar, consiguen ese nivel tan alto de comprensión.

En resumen, las ciudades del futuro, como parte de su inteligencia, han de incorporar de manera natural la accesibilidad, en general, y la accesibilidad cognitiva ,en particular. Cualquier objeto o servicio al que se accede mal o no se comprende, difícilmente se le podrá calificar de inteligente.

 

Esta entrada al blog ha sido elaborada por Joaquín Sevilla Moróder, responsable de la Cátedra de Divulgación del Conocimiento y Cultura Científica, profesor titular del Departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y de Comunicación e investigador del Instituto de Smart Cities (ISC) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)