#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué es el coronavirus?

Responde: Antonio G. Pisabarro De Lucas, catedrático de Microbiología en el Departamento de Ciencias de la Salud y director del Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Research in Applied Biology-Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

Los virus son moléculas de material genético que invaden células y, tomando su control, las ponen a su servicio para multiplicarse y empezar un nuevo ciclo de infección. Se trata de un verdadero secuestro biológico: las células infectadas ya no funcionan normalmente, sino que se transforman en factorías de ensamblaje de nuevos virus. En realidad, no podemos decir que los virus sean seres vivos, ya que no desarrollan actividad metabólica de ningún tipo mientras están fuera de la célula a la que infectan; y, cuando están dentro de ella, es la célula la que funciona siguiendo las órdenes del virus que la ha abducido. Los virus tampoco son capaces de multiplicarse fuera de las células (son siempre parásitos), ni tienen capacidad de movimiento. Como los virus no son seres vivos, en realidad no podemos matarlos: podemos destruirlos físicamente o podemos inactivarlos como se inactiva una bomba. Nuestra lucha contra los virus cuando nos invaden se basa en las dos armas que tenemos: una natural, la respuesta inmune que desarrollaremos o induciremos mediante la vacunación; otra artificial, mediante el uso de compuestos antivirales que destruyan de forma selectiva estos invasores.

Los virus que se ven en las fotografías son esas moléculas de material genético envasadas en cápsulas formadas por proteínas y, en ocasiones, envueltas por una capa tomada de la membrana de la célula en la que se ensambló. Aunque hay virus extremadamente pequeños, como el de la polio, y otros muy grandes, caso del de la viruela, la mayoría de ellos son tan pequeños que sólo pueden verse usando microscopios electrónicos. Al observarlos con estos microscopios, se ven algunos con formas alargadas (como el virus Ébola) o, más frecuentemente, con apariencia esférica. En muchos casos, como ocurre en el que nos ocupa estos días, la forma del virus y algunas estructuras características nos permite saber a qué grupo pertenece y tener una primera idea de sus características y del tipo de patología que pude causar, en su caso.

Coronavirus

En la naturaleza hay muchísimas más partículas víricas que células de cualquier tipo. Se estima que en un mililitro de agua de mar hay en torno a diez millones de partículas víricas. Todos los virus son parásitos. Hay virus que son parásitos de células animales, otros de células vegetales, también de bacterias (los llamados bacteriófagos) e, incluso, hay virus que funcionan como polizones de otros virus. En conjunto, son parásitos de todo lo que se puede parasitar en este mundo. Sin embargo, son parásitos muy selectivos. Cada tipo de virus sólo es capaz de infectar a un tipo específico de células: los virus bacterianos sólo infectan bacterias; los de plantas, sólo vegetales, y los animales, sólo células animales. Es más: dentro de los virus animales, los virus de unas especies tienen muy difícil infectar otras especies diferentes. Esta selectividad de células a las que parasitar llega a distinguir distintas células dentro del cuerpo. Así, por ejemplo, los virus que infectan las células del hígado y producen hepatitis, no infectan células pulmonares para producir una neumonía; y tampoco ocurre al revés. Cada virus tiene su tipo de célula víctima específico.

¿A qué se debe esta especificidad? Se debe a que los virus necesitan agarrarse a la célula que van a infectar para poder entrar en su interior y dominarla. Para hacerlo, para unirse a su víctima, los virus tienen en el exterior proteínas o estructuras que les permiten asirse de forma específica a un tipo de molécula determinada (una proteína o un azúcar, por ejemplo) que esté en la superficie de la célula. Así, si un virus determinado encuentra la estructura a la que asirse, lo hará e infectará dicha célula. Si no la encuentra, pasará de largo sin infectarla. Por esto, sólo un número muy pequeño de la enorme diversidad de virus existente puede interaccionar con nosotros y causarnos, en su caso, enfermedades. Sólo nos infectarán los virus para los que algún tipo de células de nuestro cuerpo tenga un asidero, tenga un receptor.

En el caso del nuevo coronavirus, el asidero para el virus es una proteína, ACE2, que se encuentra en el exterior de las células que recubren interiormente los pulmones, arterias, corazón, riñones e intestinos. Por esto, cuando se inhala un coronavirus y llega al interior de los pulmones, puede unirse a las células que recubren los alveolos pulmones y, a partir de ese momento, se produce la infección, se produce la enfermedad.

En un siguiente artículo, veremos cómo se produce la infección y la enfermedad.

Mientras tanto, cuídense.

 

Nota 1: listado de artículos del catedrático Antonio G. Pisabarro De Lucas sobre el coronavirus.

1. ¿Qué es el coronavirus? (presente artículo)

2. Coronavirus: ¿cómo es el «malo» de esta película?

3. ¿Quiénes son las primeras víctimas del ataque del coronavirus?

4.  ¿Cómo nos invade el coronavirus? El primer encuentro del virus con nuestras células?

5. ¿Cómo secuestra el coronavirus la célula?

6. ¿Cómo sabe el sistema inmune que una célula está infectada por el coronavirus? Diario de la resistencia. Día 1

7. ¿Cómo se producen los primeros síntomas de la enfermedad covid-19? Fuego y explosiones en el inicio de la batalla

8. ¿Qué es la tormenta de citoquinas? Diario de resistencia ante el coronavirus

9. ¿Cómo se producen los anticuerpos contra el coronavirus?

10. ¿Qué son los linfocitos T y cómo luchan contra las células infectadas? Los linfocitos responsables de la lucha célula a célula

11. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma diferente a distintas personas? Preguntas esperando respuestas

12. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma tan grave a las personas más mayores? Preguntas esperando respuestas

13 y siguientes. Se pueden localizar con el buscador de la parte superior derecha.

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué estrategias de acompañamiento podemos desarrollar para combatir la soledad?

Responde: Víctor Sánchez Salmerón, investigador del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

No cabe la menor duda de que las nuevas tecnologías tienen un potencial enorme para romper las barreras comunicativas que comportan el periodo de confinamiento que vivimos. Tras la primera semana de cuarentena, se ha intensificado más si cabe el papel central de las nuevas tecnologías en nuestro día a día. Las TICs (tecnologías de la información y las comunicaciones) están mostrándose esenciales para favorecer el teletrabajo de muchos sectores profesionales, o para mantener activa la vida académica. Con tanta o más intensidad, están contribuyendo a entretenernos, informarnos y mantener el contacto con familiares y personas allegadas. Por ello, si tanto nos están facilitando a las generaciones más jóvenes a superar la actual coyuntura de confinamiento, ¿por qué no también a las personas mayores?

No se puede negar que existen importantes brechas en el uso de las nuevas tecnologías, sobre todo, etarias (de edad) y socioeconómicas. El uso de estas es especialmente bajo entre los sectores de población de mayor edad. Sin embargo, estudios recientes concluyen que las personas mayores se muestran muy abiertas al aprendizaje del uso de nuevas tecnologías, y que las generaciones más jóvenes tienen un papel fundamental a la hora de motivar y facilitar su uso y adopción entre sus mayores.

Así entonces, las nuevas tecnologías pueden —y deben— ponerse al servicio de las personas mayores para que puedan beneficiarse también de las bondades de las TICs nos están proporcionando en estos días de aislamiento. Y esto no es una novedad. El teleacompañamiento —sobre todo telefónico— es un recurso ya conocido y empleado por entidades que trabajan con población mayor para atender situaciones de soledad y especial vulnerabilidad. En la actual coyuntura, es muy importante reforzar esta función, pero también dar un salto cualitativo en el uso de nuevos medios (redes sociales, mensajería instantánea, videollamadas…) para acompañar a nuestros mayores, independientemente de que se enfrenten o no a situaciones como las anteriores. Y esto, porque como señala, por ejemplo, un reciente informe elaborado por el Observatorio Social de La Caixa, la soledad no se siente solo por no estar acompañada, sino que tiene sobre todo que ver con la percepción de sentirse apoyada y con capacidad de encontrar apoyo caso de necesidad. La incertidumbre y el miedo que padecen las personas estos días hacen más urgente si cabe hacer notar este apoyo.

La extraordinaria labor del sector sanitario durante las últimas semanas, y el compromiso colectivo con las medidas de distancia social son imprescindibles para proteger y cuidar a las personas mayores en tanto población en situación de riesgo. Pero es necesario también prestar atención y mitigar las consecuencias psicosociales que para muchas personas mayores pueda tener el aislamiento de estos días haciendo uso de todos los medios posibles. Las redes colectivas de ayuda mutua que están surgiendo estos días contribuyen sin duda a ello. Pero también el contacto telefónico, telemático y virtual tiene que incorporarse a la lucha contra la soledad de muchas personas mayores. Estamos a tiempo como se señalaba anteriormente —en la medida que lo permita el confinamiento— de introducir a las personas mayores en su uso, y de ayudarles a adaptarse a los nuevos canales de interacción y comunicación social, también con vistas a mejorar su bienestar relacional en el futuro que vendrá después de la crisis.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Cómo está siendo la respuesta a esta crisis desde las políticas sociales? ¿Igual o distinta a la crisis de 2008?

Responde: Lucía Martínez Virto, profesora del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) e investigadora del Instituto I-Communitas (Institute for Advanced Social Research-Instituto de Investigación Social Avanzada) de esta institución.

 

Las crisis económicas tienen un impacto directo en los modelos de atención a la ciudadanía. El impacto de la crisis económica de 2008 ha dejado, a día de hoy, huella en los servicios sanitarios, educativos y, cómo no, en la intervención en emergencia social. Ahora, en el 2020, nos enfrentamos, posiblemente, a una nueva crisis de envergadura global, pero con un impacto local muy significativo. Pero ¿estamos respondiendo igual ante esta emergencia? La crisis del covid-19 tiene elementos muy diferenciados a la crisis anterior. Es todavía pronto para avistar cómo responderá en sistema a las necesidades sociales emergidas, aunque las medidas de urgencia que están desarrollando algunos gobiernos apuntan, desde luego, a un escenario distinto. Tanto el gobierno central, como comunidades, ayuntamientos e, incluso, universidades se han dotado, de manera ágil, de prestaciones y servicios que amortiguen este impacto.  Por tanto, es posible que veamos comportamientos muy distintos en el ámbito de las políticas sociales.

La inversión en gasto social tiene como objetivo, desde el desarrollo de los Estados de Bienestar, reducir las desigualdades que genera la renta y el mercado con el fin de tener una sociedad más cohesionada y con una brecha menor entre clases sociales. Ya desde los primeros seguros sociales aprobados a principios del siglo XX, las políticas sociales públicas han contribuido a la estabilidad social. Este hecho consiguió el acuerdo de la mayoría de la sociedad y, por tanto, su legitimación.  En el siglo XXI, estas bases ideológicas permanecen en nuestro imaginario social, y la inversión social en momentos de crisis es más o menos legitimada en función del reparto democrático o no de sus consecuencias.

Política social

El sociólogo, profesor e investigador José Antonio Noguera (2020) apunta a que son varias las razones que llevan a pensar que la respuesta a la emergencia generada por el covid-19 no será la misma reacción a la crisis del 2008. La primera de ellas tiene que ver con que esta crisis tiene un causante externo e imprevisto, por lo que se considera que, a todas las personas, independientemente de su situación económica y social previa, la crisis les ha pillado por sorpresa. Por tanto, se destierra la sospecha a la responsabilidad individual y la lógica del “merecimiento” a la ayuda social se legitima ante situaciones socioeconómicas imprevistas. En segundo lugar, porque las consecuencias directas y colaterales de esta crisis han tocado a todas las puertas, familias y clases sociales. Por tanto, se intensifica la “empatía” y ello reactiva la solidaridad colectiva. En tercer lugar, la necesidad se ha asentado en los hogares de manera rápida e intensa, la incertidumbre y el miedo hacen que se tambaleen los pilares de la seguridad y, por tanto, esto refuerza cualquier medida pública que contribuya a aportar estabilidad y certidumbre. En este contexto, nadie, independientemente de su ideología, se atreve a valorar como contraproducente cualquier incremento de gasto público para superar la coyuntura. Por último, ser seres humanos que viven en un mismo planeta se constituye, más que nunca, como nuestro principal rasgo identitario y, ello, homogeneiza e intensifica nuestro sentimiento colectivo y de comunidad. Por tanto, estamos en un momento paradigmático de solidaridad y redistribución.

Sin embargo, si bien el escenario que rodea a las políticas sociales es más optimista que nunca, no podemos olvidar que, al igual que ocurrió en la crisis del 2008, los efectos de esta pandemia no se distribuirán de manera democrática. Si bien sabemos que el virus es más agresivo en algunas personas (por razones de edad, patologías previas, etc.), también se identifican situaciones que pueden apuntar a las graves consecuencias que esta cuarentena tendrá para las familias más vulnerables, con empleos temporales, que viven en situaciones de soledad o hacinamiento, con dificultades económicas, sin medios telemáticos para el seguimiento de las clases que incrementarán la desigualdad educativa, etc. Cabe señalarse que el último informe Foessa (2019) constataba que el 18,4% de la población española (8,5 millones de personas) se encontraba en situación de pobreza y exclusión y que más de 4,6 millones de personas en España viven en casas que no reúnen las condiciones de habitabilidad, salubridad o adecuación suficiente. Por tanto, el momento de emergencia social no entiende de clases sociales, pero, en sus costes y recuperación, las brechas sociales serán determinantes. En los momentos de crisis, las políticas sociales toman un papel determinante. No se trata sólo de contener sus efectos, sino de invertir en una salida fuerte y resistente que supere la fragilidad de una sociedad desigual.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué pasos deben tenerse en cuenta para implantar el teletrabajo? ¿Qué normativa existe para regular esta cuestión?

Responde: Amaya Erro Garcés, profesora del área de Gestión de Empresas en el Departamento de Gestión de Empresas de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

El teletrabajo es una forma de organización del trabajo que realiza una persona para una empresa desde un lugar diferente a la propia sede de la empresa, a través de un sistema de telecomunicación. Es decir, para que exista teletrabajo deben darse dos elementos; el lugar de trabajo diferente a la sede de la organización y el uso de tecnología. Normalmente, el teletrabajo se realiza desde el domicilio, aunque existen otras posibilidades (trabajo en viajes, etc.). En todo caso, nos referiremos aquí al teletrabajo desde el domicilio.

Hasta la fecha, las personas que teletrabajan en España son aproximadamente el 7% del total de trabajadores, por lo que nos encontramos en una situación por debajo de la media europea en número de teletrabajadores y, de hecho, parece que el teletrabajo no acaba de despegar.

Sin embargo, ante la crisis sanitaria provocada por el covid-19, muchas empresas han optado por el teletrabajo como vía para asegurar la continuidad de la actividad económica y proteger, al mismo tiempo, la salud de los trabajadores. Este hecho hace que las cifras de teletrabajadores anteriormente descritas presenten un despunte durante el año 2020. En este sentido, podríamos afirmar que, además de las causas tradicionales que justifican el teletrabajo, como la conciliación familiar, la reducción de costes, la flexibilidad o la reducción de la contaminación derivada de los desplazamientos,  la seguridad sanitaria ha surgido como una razón adicional que puede incrementar el uso del teletrabajo.

Diversas multinacionales y grandes empresas, como Orange, Vodafone, Telefónica, BBVA, Banco Santander, Google, etc., han puesto en marcha de forma masiva el teletrabajo para casi todos sus empleados localizados en zonas de alto riesgo de coronavirus.

Es más, un análisis en Google Trends del número de búsquedas del término “teletrabajo” muestra que, a partir del mes de marzo de 2020, las búsquedas de este concepto se han multiplicado exponencialmente, tanto en España como a nivel global.

Teletrabajo

En este contexto, una de las cuestiones que centran las búsquedas de información se refiere al modo en el que se debe desarrollar el teletrabajo; a los derechos y deberes de los trabajadores bajo esta forma de organización del trabajo.

En primer lugar, es preciso señalar que no existe una normativa específica que regule en España el teletrabajo, si bien son de aplicación diversos textos legales que actúan a modo de recomendaciones o buenas prácticas. En este sentido, el Acuerdo Marco sobre Teletrabajo en Europa establece un marco general a nivel europeo para la implantación y el desarrollo del teletrabajo. Así, el Acuerdo Marco establece el carácter voluntario del teletrabajo, recomienda a los empleadores hacer frente al coste derivado de la implantación y desarrollo del teletrabajo (conexión a Internet, equipos tecnológicos) o hace referencia a la protección de datos, entre otros aspectos. En todo caso, como comentaba anteriormente, el Acuerdo Marco es un texto no normativo.

Por otro lado, el teletrabajo se regula en el artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores como trabajo a distancia, y en muchas organizaciones se incluye en el convenio colectivo, que establece artículos concretos relativos a la forma de organizar el teletrabajo (tiempo, acceso al teletrabajo, etc.). Por último, hay empresas que optan, además, por firmar acuerdos individuales con los trabajadores a los que ofrecen esta modalidad del trabajo. En estos acuerdos, se regulan aspectos como el horario del teletrabajo, el pago de los equipos y conexiones necesarias o el tiempo de vigencia del teletrabajo.

En todo caso, ante la situación de alarma generada por el covid-19, la implantación del teletrabajo como respuesta a esta crisis se ha realizado de urgencia y, en consecuencia, la mayoría de las organizaciones no han desarrollado documentación específica para regular esta situación.

Cabe preguntarse si, a futuro, este incremento del teletrabajo derivará en la redacción de un texto normativo que regule esta modalidad de trabajo. Sería bueno que así fuera, ya que, de hecho, los expertos indican que la falta de regulación ha sido uno de los principales obstáculos para la implantación del teletrabajo.

Finalmente, cabe indicar que la razón fundamental que explica el teletrabajo reside en la confianza entre trabajador y empresa. Las organizaciones que han implantado el teletrabajo indican que no sólo ha aumentado la motivación de los trabajadores, sino que, además, se ha mejorado la productividad empresarial.

Confío que este experimento masivo de teletrabajo conduzca finalmente al despegue de esta forma de trabajo, beneficiosa tanto para la empresa como para el trabajador.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué consecuencias psicológicas puede generar un estado de cuarentena?

Responde: Javier Fernández-Montalvo,  catedrático de Psicopatología del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

La evidencia científica sobre las consecuencias psicológicas de la cuarentena no es muy numerosa. Son realmente muy pocos los estudios que se han dedicado a analizar este fenómeno. Paradójicamente, la información existente en las redes sociales es abrumadora, por lo que parece fundamental analizar qué se sabe realmente sobre este fenómeno. Existen precedentes de medidas similares de cuarentena durante epidemias anteriores. Por ello, se acaba de publicar un artículo de revisión en The Lancet (Brooks y Webster, 2020 [1]), que analiza la evidencia existente sobre los efectos psicológicos de la cuarentena. Para ello, se han tenido en cuenta 24 estudios con datos relevantes, que se llevaron a cabo durante las crisis del SARS (2003), Gripe A (2009-2010), MERS (2012-2013) o Ébola (2014), entre otros. A continuación, se resumen los principales hallazgos encontrados en las personas que han pasado por una cuarentena:

a)      Mayor propensión a presentar síntomas del trastorno por estrés agudo: agotamiento, desapego, ansiedad, irritabilidad, insomnio, poca concentración e indecisión, y deterioro del desempeño laboral.

b)      Aumento de la prevalencia de síntomas de angustia y problemas psicológicos generales: trastornos emocionales, trastornos depresivos, trastornos de ansiedad y síntomas de estrés postraumático. El bajo estado de ánimo y la irritabilidad destacan por tener una elevada prevalencia.

c)       La cuarentena derivada del contacto cercano con un caso positivo aumenta los sentimientos negativos durante el período de cuarentena: temor, nerviosismo, tristeza y culpabilidad.

d)      Los niños/as presentan puntuaciones medias de estrés postraumático cuatro veces más elevadas, en comparación con aquellos/as que no han estado en cuarentena.

e)      La cuarentena es un predictor de síntomas de estrés postraumático y de depresión en trabajadores sanitarios, incluso tres años después de la misma.

f)       Los antecedentes de problemas de salud mental se asocian con ansiedad e irritabilidad, hasta 4-6 meses después del final de la cuarentena. Después de este período, muchas personas continúan desarrollando conductas de evitación: evitar a las personas que tosen o estornudan, rehuir los lugares cerrados e, incluso, los espacios públicos en las semanas posteriores a la cuarentena, etc.

g)      Los trabajadores de la salud que han sido puestos en cuarentena presentan síntomas más graves de estrés postraumático que el resto de la sociedad general y sienten una mayor estigmatización, exhiben más conductas de evitación después de la cuarentena y están más afectados psicológicamente: presentan más sentimientos de enfado, molestia, miedo, frustración, culpa, impotencia, aislamiento, soledad, nerviosismo, tristeza, preocupación y se sienten menos felices. También en este colectivo la probabilidad de pensar que están contagiados y que pueden propagar el virus a otros es mayor.

 

Tristeza

 

Estos son los únicos datos científicos que se tienen hasta la fecha sobre el impacto psicológico de la cuarentena. Se necesitan, por tanto, más estudios que valoren de forma precisa las consecuencias psicológicas del confinamiento actual, así como los factores mediadores que durante y después de la cuarentena influyen en el mayor o menor desarrollo de sintomatología específica. Entre los factores estresantes durante la cuarentena, destacan la duración de la misma, el miedo a la infección, la sensación de frustración y aburrimiento, tener suministros básicos inadecuados (comida, agua, ropa, etc.) y recibir información inadecuada y poco precisa. Entre los factores estresantes tras la cuarentena, sobresalen las pérdidas económicas como resultado de la misma y el estigma que rodea a las personas puestas en cuarentena. Se sabe que estos factores aumentan la probabilidad de desarrollar problemas específicos como resultado de la cuarentena, por lo que constituyen aspectos fundamentales a tener en cuenta para el desarrollo de consejos psicológicos basados en la evidencia, que permitan afrontar lo más adecuadamente posible el confinamiento y mitigar así las consecuencias de la cuarentena. No se debe olvidar que la capacidad de adaptación del ser humano a las circunstancias adversas es inmensa. Las personas más vulnerables, con un punto de partida más débil (soledad, exclusión, pobreza, problemas mentales previos, etc.), son las que más probabilidad tienen de verse afectadas. Probablemente, la mayoría de nosotros saldremos fortalecidos de la situación actual.

 

[1] Brooks, R. K. y Webster, L. E. (2020). The psychological impact of quarantine and how to reduce it: rapid review of the evidence. The Lancet, 395, 913-920.

 

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#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Cómo está respondiendo nuestro sistema sanitario? Innovación en atención sanitaria para hacer frente al coronavirus

Responde: Tomás Belzunegui Otano, vicedecano del Grado en Medicina de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

Personalmente, creo que el sistema sanitario de Navarra está respondiendo bien y, sobre todo, de forma muy ágil y coordinada al reto que supone la emergencia infecciosa del coronavirus en la Comunidad Foral.

Todos somos conscientes de que tenemos una red sanitaria pública muy robusta y una importante presencia privada y de que esta emergencia está poniendo a prueba nuestra capacidad de adaptarnos a una situación a la que nunca nos habíamos enfrentado y que tiene unas claves muy concretas: afecta a un gran número de personas que, en un porcentaje no despreciable, presentan un cuadro clínico respiratorio grave que precisa ingreso en Unidades de Cuidados Intensivos, ventilación mecánica y un tiempo de ingreso de entre tres y cuatro semanas

Desde el principio, el Departamento de Salud del Gobierno de Navarra asumió el mando de la crisis y tuvo claro que había que cambiar totalmente la organización. Atención Primaria suspendió toda la actividad programada y se convirtió en el primer escalón de cribado y valoración (fundamentalmente, telefónica) de todas las personas   que presentaban patología respiratoria, realizando un trabajo fundamental.

Urgencias de los Hospitales (que vieron bajar a menos de la mitad el volumen de pacientes diarios) se han convertido en los lugares donde se valoran los casos con dificultad respiratoria y se les realiza una RX (radiografía) para ver si existe neumonía.

El Hospital ha suspendido todas aquellas actividades “programadas” (fundamentalmente, quirúrgicas) que no son imprescindibles.  En ese sentido, se han garantizado una serie de servicios que no se pueden suspender, como los hospitales de día de oncología, diálisis, radioterapia, intervenciones quirúrgicas urgentes, banco de sangre, coordinación de trasplantes, etc… Esto ha permitido aumentar notablemente el número de camas en unidades específicas, evitando así el contacto de pacientes con COVID-19 con el resto de personas enfermas y permitiendo cuadruplicar el número de camas en cuidados intensivos.

SOS-Navarra 112 y la red de transporte sanitario también han necesitado cambiar totalmente su forma de funcionamiento. Por decirlo de una forma comprensible, nuestro sistema de emergencias está preparado para el día a día “habitual”: accidentes de tráfico, infartos, ictus etc…, lo que en atletismo sería una carrera de 100 metros y la pandemia de coronavirus es una maratón.

Sanitaria

Es cierto que el desarrollo de los acontecimientos nos permite algo de tiempo con el fin de  prepararnos para una realidad que consiste en muchos pacientes confinados en sus domicilios con miedo, muchos pacientes ingresados en las plantas de hospitalización y muchos pacientes que están muchos días en las unidades de cuidados intensivos.

Esta situación de emergencia ha propiciado, además, que se haya creado la figura de un coordinador con capacidad ejecutiva y de decisión organizativa sobre todos los hospitales de Navarra (públicos y privados). La capacidad de la red hospitalaria es de 1.500 camas, de las que podría dedicar hasta un 50% a la atención de pacientes con coronavirus. Por ese motivo y dado que la capacidad del sistema permite seguir atendiendo a los pacientes en entornos hospitalarios, no se plantean espacios en forma de hospitales de campaña como los montados en otras comunidades.

Por el momento, se descarta el uso de hoteles para acoger pacientes con poco soporte familiar, aunque se está valorando, en función de las necesidades, ponerlos a disposición de profesionales sanitarios que estén en contacto con afectados para que no tengan que volver a sus casas y evitar posibles casos de contagio.

En definitiva, una situación a la que nunca nos habíamos enfrentado, que ha requerido un cambio total en la organización sanitaria de Navarra para responder de forma óptima. La innovación más importante del sistema, por tanto, ha sido organizativa.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.