Huella hídrica: el uso invisible del agua

Alrededor del 90% del agua que consumimos se utiliza para producir alimentos, por lo que tanto unos sistemas de producción agrícolas adecuados como una buena elección de productos por parte de los consumidores son importantes.

El agua “invisible” utilizada en el proceso de producción de un bien cualquiera (agrícola, alimenticio, industrial) se denomina huella hídrica. Por ejemplo, según datos de la Red de la Huella Hídrica (Water Footprint Network), para producir un kilo de legumbres se necesitan unos 3.000 litros de agua, como media global. Un kilo de ternera requiere de 15.000 litros de agua, pues hay que contabilizar la cantidad de agua que ha bebido el animal, el forraje que ha comido y los servicios que ha necesitado a lo largo de su vida (limpieza, veterinaria, etc.). La distribución de la huella hídrica en los cultivos y ganadería varía mucho según el lugar, época del año, variedad y sistema de producción. Esto nos proporciona una excelente base de datos de partida para tener en cuenta el uso oculto del agua.

Figura 1. Cantidades de agua (litros) para producir una unidad de algunos bienes. Fuente: Water Footprint Network (2018).

Una reciente publicación de la Comisión Europea en la prestigiosa revista “Nature” sobre la huella hídrica de diferentes dietas en los principales países europeos (Reino Unido, Francia y Alemania) (Vanham et al., 2018) pone de manifiesto que un cambio en la dieta actual, con exceso de azúcares, grasas y carne, hacia una dieta saludable recomendada no solo es bueno para la salud, sino que también reduce sustancialmente el consumo de recursos hídricos en unos rangos de 11–35% al cambiar a una dieta saludable con carne, 33–55% a una dieta saludable basada en pescado y 35–55% a una dieta saludable vegetariana.

El enfoque que nos ofrece la huella hídrica ha generado un cambio de paradigma en la gestión de los recursos hídricos y la sostenibilidad del agua en este planeta azul. Proporciona otra manera de entender los usos del agua dejando clara la diferencia entre el uso de agua directo en los domicilios y las fábricas, y el uso de agua indirecto, que es el que está relacionado con la materia prima agrícola, y que es notablemente mayor.

Figura 2. Huella hídrica directa e indirecta. Fuente: www.aquapath-project.eu.

¿Qué podemos hacer?

  • Opciones alimentarias:

-Reducir el desperdicio de alimentos. La comida desperdiciada se suma a la energía desperdiciada y al agua desperdiciada.
-Probar “el lunes sin carne”. La producción de carne requiere más agua y combustibles fósiles que las verduras y los granos. Por lo tanto, omitir el consumo de carne por solo un día a la semana puede reducir tu huella hídrica y energética.
-Apoyar la agricultura sostenible. En lo posible, compra alimentos de granjas sostenibles que minimicen el uso de pesticidas peligrosos y fertilizantes sintéticos. Esto reduce el uso energético y protege los cursos de agua de ser contaminados.

  • Opciones hídricas:

-Ahorrar agua ahorra energía. Al utilizar menos agua en el hogar (por ejemplo, el uso de cabezales de ducha de bajo flujo y la reparación de fugas), una menor cantidad de agua va por el desagüe y debe ser canalizada y depurada en una planta de tratamiento.
-Comprar menos cosas. La reutilización y reciclaje de los productos puede reducir tu uso de agua indirecto, lo que podría disminuir tu impacto en los recursos alimentarios y energéticos.
-Decir “no” al agua embotellada. En 2006, se requirió el equivalente a más de 17 millones de barriles de petróleo para producir el plástico del agua embotellada en Estados Unidos.

  • Opciones energéticas:

-Ser eficientes. Compra productos energéticamente eficientes (busca la etiqueta Energy Star) cuando reemplaces tus electrodomésticos antiguos. Ahorrarás energía y agua.
-Fomentar la energía renovable. Los paneles solares eléctricos y muchos otros sistemas eléctricos renovables requieren poca o ninguna agua, a diferencia de las centrales eléctricas convencionales.
-Cambiar a una fuente de energía verde. Elige opciones de energía verde disponibles a través de tu compañía.

 

Esta entrada al blog ha sido elaborada por Maite Martínez Aldaya, investigadora del Instituto de Innovación y Sostenibilidad en la Cadena Agroalimentaria (IS-FOOD) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), donde evalúa la huella hídrica en el marco del proyecto “La sostenibilidad del agua en el sector agroalimentario navarro: La evaluación de la huella hídrica y el análisis económico de los usos del agua” con el apoyo de la convocatoria de Captación de Talento de la Obra Social Caixa-Fundación Bancaria Caja Navarra. Es también académica de número de la Academia Joven de España

La brecha salarial por sexo

Las diferencias salariales por sexo son menores cuando se comparan salarios en un mismo tipo de ocupación y una misma empresa, porque no puede retribuirse de forma distinta a personas que desempeñan la misma tarea si esa retribución no está debidamente justificada (experiencia, antigüedad,…) y se desea evitar una demanda por discriminación. Así, el origen de las diferencias está en la segregación de los trabajadores entre empresas y entre categorías ocupacionales.

En el Reino Unido, se dispone de una fuente de información que permite comprender mejor el fenómeno. Las empresas británicas de al menos 250 trabajadores están obligadas desde 2017 a publicar las diferencias salariales por sexo medias y medianas, la distribución de sus trabajadores por cuartil de salarios y las diferencias de sus complementos salariales. En https://gender-pay-gap.service.gov.uk puede consultarse esta información para más de 10.700 empresas.

Es sabido que la actividad a la que se dedica una empresa en muchos casos se asocia a una especialización por sexo. El Barclays Bank UK, por ejemplo, está moderadamente feminizado (puede leerse el informe añadiendo esto a la dirección anterior: Employer/MxCVjH2H/2017), puesto que un 63% de sus trabajadores son mujeres (frente al 47% que representan las mujeres en el empleo total del Reino Unido -LFS, datos anuales, 2017-). Sin embargo, en el primer cuartil (el 25% de los trabajadores con menores salarios), hay un 73% de mujeres y en el segundo cuartil encontramos un 67%. Por el contrario, en el cuartil superior las trabajadoras suponen el 45% del total. En el Barclays Bank, el salario medio por hora de las mujeres es un 26% inferior al de los hombres (una diferencia superior a la media nacional, que fue en 2016 del 20,6% -Encuesta de Estructura Salarial (EES), Eurostat-). Este caso es un buen ejemplo de cómo la segregación ocupacional por sexo dentro de una empresa amplía la brecha salarial.

La empresa Ad Astra Academy Trust, dedicada a la Educación Primaria, nos permite ilustrar otro caso, el de aquellas empresas en sectores muy feminizados. En esta empresa, el salario medio de las mujeres (el 90% del total de trabajadores) es algo inferior al de los varones (9,5%) por la segregación ocupacional, pues el peso de las trabajadoras en el cuartil de salarios más altos (90%) es algo menor que en de salarios más reducidos (93%). Este caso nos permite entender otra constante empírica: en ocupaciones con un grado alto de “feminización”, las diferencias salariales por sexo son menores.

Esta fuente de información, que lógicamente presenta resultados dispares (empresas masculinizadas en las que el salario medio de las mujeres es algo mayor, o equilibradas en cuanto a participación y en las que las mujeres perciben un salario por hora mayor), nos permite extraer una serie de conclusiones. En primer lugar, la existencia de una clara segregación por sexo en función de la rama de actividad (el transporte es un sector de varones y el de los cuidadores, de mujeres) y por categoría ocupacional (la proporción de varones en la parte alta de la distribución de salarios supera a la de mujeres en más de tres cuartas partes de las empresas de las que se dispone de información).

Otra de las conclusiones, menos conocida que la anterior, es que la diferencia salarial media por sexo, de acuerdo con los datos de estas empresas, es inferior a la diferencia que proporciona la EES (Eurostat) o la Annual survey of hours and earnings (del Reino Unido). Esto podría deberse a que la proporción de mujeres, con respecto a la de varones, es mayor en empresas con menores salarios medios. Cabe recordar que estos datos se refieren exclusivamente al salario por hora de asalariados en empresas medianas o grandes (más de 250 trabajadores).

La obligación de publicar esta información persigue que, al menos, cada una de estas empresas reflexione sobre la distribución de sus trabajadores por ocupaciones. No obstante, el problema de las diferencias salariales por sexo persistirá siempre y cuando no se retribuya de la misma manera un empleo de igual valor. Así, aunque se eliminara la brecha salarial por sexo en cada una de las empresas (el 10% de estas empresas dicen no retribuir de forma distinta y en una proporción algo mayor de empresas las mujeres ganan más que los varones) todavía seguirían existiendo diferencias a favor de los varones si se mantuviera la segregación sectorial por sexo, esto es, que una proporción algo mayor de varones fuesen contratados en sectores de salarios más altos. Hace años que nos encontramos con más población femenina con nivel superior de estudios (entre la población de 25 a 64 años, en 2017, en el Reino Unido, el 44,5% frente al 41%; -en España, el 38,9% frente al 33%-) y más entre los ocupados (49,4% frente al 43% -Reino Unido- y el 48,5% frente al 38,8% -España-), pero la especialización por sexo en la formación es un hecho, al menos entre un grupo de población. Islandia ha ido más allá al aprobar una norma que obliga (el momento de entrada en vigor de esta norma difiere según el tamaño de la empresa) a las empresas a obtener un certificado de igualdad de retribución por sexo, asimilable a los certificados de calidad. De todas formas, como ya se ha señalado, la brecha salarial por sexo en la empresa es solo una parte del problema.

 

Esta entrada al blog ha sido elaborada por Miren Ullibarri Arce, profesora titular de Universidad en el Departamento de Economía e investigadora del Instituto INARBE (Institute for Advanced Research in Business and Economics) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

Actividad emprendedora e intraemprendedora

Se habla muy a menudo de la importancia de generar una mayor actividad emprendedora, pues existen evidencias que sugieren que esta genera mayor crecimiento económico, progreso y bienestar. ¿Pero a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de emprendimiento? La definición más comúnmente aceptada de emprendimiento es aquella que la define como el proceso de detección, evaluación y explotación de oportunidades de negocio. Este proceso tiene dos grandes manifestaciones. Por un lado, está la creación de nuevas empresas, seguramente la manifestación que primero viene a nuestras mentes cuando oímos la palabra emprendimiento, y, por otro, la actividad innovadora que desarrollan las empresas ya existentes.

Hablemos de esa primera manifestación ¿Cómo son las nuevas empresas que se crean? ¿Cuánto aportan al empleo o al crecimiento? Las estadísticas nos muestran que la mayoría de las empresas que se crean, en cualquier país del mundo, son pequeñas (normalmente emplean a una o dos personas), sin grandes aspiraciones de crecimiento y orientadas a la demanda interna. La orientación hacia la demanda interna es significativamente mayor en España que en los países de su entorno, una regularidad que parece extenderse a las empresas consolidadas. Más aún, las nuevas empresas tienen menos de un 50% de posibilidades de sobrevivir más de cinco años. El empleo que generan las nuevas empresas suele rondar el 5 o el 6% del empleo total de la economía. La elevada mortandad de las nuevas empresas hace que, tras cinco años, el crecimiento de las empresas que han sobrevivido apenas pueda compensar el empleo perdido por aquellas que han desaparecido.

¿Es, por tanto, el emprendimiento menos relevante para la economía de lo que se piensa? No, por supuesto que no. En primer lugar, porque la dinámica del emprendimiento, incluso la de creación de empresas, favorece el cambio técnico y la mejora de la productividad. En segundo, porque si bien la mayoría de las nuevas empresas crecen poco o desaparecen, hay un reducido grupo de nuevas empresas que sobreviven y crecen de manera significativa contribuyendo al crecimiento del empleo y la economía. Encontramos ejemplos de estas empresas, que reciben nombres como gacelas o unicornios, tanto a nivel mundial como nacional. Y en tercer lugar, porque las estadísticas a las que antes hacía alusión solo se refieren a la creación de nuevas empresas y no recogen la actividad innovadora o emprendedora que se desarrolla dentro de las empresas ya existentes (intraemprendimiento). El proceso de detección, evaluación y explotación de oportunidades de negocio se engloba dentro de lo que comúnmente hemos denominado actividad innovadora de las empresas, y se vincula con su capacidad para aprovechar oportunidades de generación de riqueza a través de la introducción de innovación de producto, de proceso, de modelos de negocio o incluso organizativas.

Por su capacidad para escalar los proyectos, es posible que la actividad intraemprendedora genere un impacto muy significativo en el crecimiento económico de los países y regiones. Sin embargo, aunque todas las empresas instaladas tienen el potencial para ser emprendedoras e innovar, esta actividad intraemprendedora no está presente en igual grado o intensidad en todas las firmas instaladas. Ni mucho menos. Y es que intraemprender (y, sobre todo, culminar con éxito este proceso) requiere no solo la voluntad de los gestores de las empresas, sino de una organización y una cultura acorde a dicho objetivo. Liderazgo de la gerencia, implementar mecanismos de participación de los empleados, generar un clima de confianza que favorezca la participación y la creatividad, motivar a los empleados, o desarrollar sistemas de incentivos que distribuyan las ganancias derivadas de los éxitos y no castiguen los fracasos están entre las medidas que fomentan el intraemprendimiento exitoso de las empresas instaladas. Si somos capaces de promover una cultura empresarial y laboral que incida en estas líneas, estaremos favoreciendo una economía más emprendedora, y a través de ella y del adecuado reparto de las ganancias del emprendimiento, un mayor desarrollo económico y social.

 

Esta entrada al blog ha sido elaborada por Martin Larraza Kintana, profesor titular del Departamento de Gestión de Empresas e investigador del Instituto INARBE (Institute for Advanced Research in Business and Economics) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

¿Ganamos con la guerra comercial entre Estados Unidos y China?

La guerra comercial que la Administración Trump tiene con China es apasionante para los que nos dedicamos a estudiar los efectos económicos de las políticas comerciales. En la teoría económica existe consenso a la hora de evaluar el efecto global de una guerra comercial: el bienestar global mundial tiene más probabilidades de caer que de mejorar. Pero ese bienestar enmascara que hay ya y habrá ganadores y perdedores. ¿Y nosotros? ¿Estamos en el grupo de los ganadores o en el de los perdedores?

Podemos intentar saber si hay posibilidades de estar entre los ganadores. Cuando un país grande, con influencia económica, como EEUU, impone aranceles, los precios mundiales de los bienes cambian. La teoría económica y los datos históricos nos dicen que los estadounidenses verán abaratadas las importaciones que lleguen a su frontera. A estos abaratados productos que llegan a la frontera, se les fija un nuevo impuesto que llamamos arancel. Y este impuesto, como cualquier otro impuesto del mismo tipo, afecta negativamente al bienestar de los consumidores estadounidenses y positivamente a sus productores porque ahora pueden vender los mismos bienes a precios más altos. Estos son los efectos económicos de mayor dimensión de un arancel y, si el arancel no es muy grande, no es extraño que para países como EEUU el efecto global sea positivo. Pero, ¿y para nosotros?

Lo primero es ubicar nuestro “patrón comercial” en relación a los de EEUU y China. El patrón comercial se define como el tipo de bienes y servicios que exportamos e importamos. Examinando nuestro patrón comercial, observamos que es más parecido al de EEUU que al de China. Esto implica que importamos y exportamos bienes similares a los de los estadounidenses. Y eso significa que, a causa del arancel estadounidense, los bienes que llegan a nuestras fronteras también se verán abaratados. Ahí tenemos un efecto positivo para nuestro bienestar, porque aumenta nuestra capacidad de compra de productos extranjeros. Pero, además, como aquí no se ha fijado ningún arancel, nos libramos del efecto negativo. Como conclusión podríamos decir que ganaríamos, y sin llevarnos la fama de pendencieros que se ha ganado la Administración Trump.

Hay otras ganancias que pueden surgir en este caso concreto. Por ejemplo, EEUU le exige a China que tome medidas en relación a la falta de protección de la propiedad intelectual que perciben en el gobierno chino en relación a la actividad de muchas empresas chinas. En breve: les piden que tomen medidas contra el pirateo. Me consta que hay empresas en Navarra que, después de gastar mucho dinero en investigación y desarrollo, han visto como en poco tiempo sus innovaciones eran también incorporadas por empresas chinas. Y esa imitación parece que sólo se puede explicar por la existencia de espionaje industrial. Esto, evidentemente, hace mucho daño. Todo lo que reduzca el espionaje industrial chino, en principio, es positivo para nosotros.

¿Quiere todo lo anterior decir que nos viene de maravilla esta guerra comercial? No. Quiere decir que hay aspectos positivos. Los aspectos negativos son también muy grandes: mayor incertidumbre en los negocios internacionales, mayores riesgos para nuestras empresas con intereses en China o en EEUU, represalias de China, el uso que haga China de su poder financiero (adivinen qué país es el mayor prestamista para el gobierno de EEUU), etc. No es muy arriesgado decir que estos efectos negativos pueden llegar a superar a los positivos. Tampoco hay que olvidar que la Administración Trump antes atacó, entre otros, a las lavadoras coreanas, al acero canadiense, a los tomates mexicanos…, y que en breve amenaza con meterse con el sector del automóvil europeo.

Como me decía hace poco un antiguo alumno de la universidad, ahora alto funcionario en la UE, las empresas navarras es mejor que se concentren en el mercado propio. En nuestro caso, como somos Unión Europea, significa intentar aumentar la actividad con los otros 27 países con los que no nos pueden cambiar las normas comerciales del consolidado Mercado Único Europeo. ¡Ay, no!, que tenemos el Brexit. Pero esa es la otra historia apasionante para los profesores de Comercio Internacional en estos momentos.

 

Esta entrada al blog ha sido elaborada por Antonio Gómez Gómez-Plana, profesor de Comercio Internacional en el Departamento de Economía de la Universidad Pública de Navarra, donde es investigador del Instituto INARBE (Institute for Advanced Research in Business and Economics)

 

La privacidad de la nube para el internet de las cosas

El escándalo de Cambridge Analítica ha mostrado el peligro de la agregación de información. La empresa utilizó datos obtenidos de diferentes fuentes para enviar publicidad dirigida a influir en las elecciones de Estados Unidos. La información utilizada incluía datos de millones de usuarios de Facebook obtenidos de forma fraudulenta, pero, en cualquier caso, datos provenientes de una aplicación con la que los usuarios interactúan y son conscientes de haber compartido. Hasta cierto punto, nos preocupa de la información que tenemos en redes sociales, elegimos contraseñas decentes y protegemos con antivirus nuestros móviles y ordenadores. Bueno, al menos las cosas que parecen ordenadores…

En los últimos años, ha surgido un creciente número de dispositivos: termómetros, cámaras, alarmas… todo tipo de sensores y elementos que nos permiten observar y controlar lo que ocurre en el hogar. Incluso sin estar físicamente, podemos obtener la información y actuar desde un “smartphone”. Esto implica, por supuesto, que estos dispositivos puedan comunicarse a través de la red, dando origen al término internet de las cosas o IoT (Internet of Things).

El primer problema de seguridad en estos dispositivos es precisamente ese: que los vemos como únicamente cosas. Un dispositivo capaz de comunicarse a través de internet es un ordenador. Aunque esté metido en una caja pequeña sin pantalla ni cables, tiene los mismos problemas de seguridad que un ordenador. A eso se añade que, al no interactuar directamente con el dispositivo, no nos daremos cuenta de si le pasa algo raro. No vemos si da mensajes extraños de error o si “va lento”.

Para comunicarnos con estos dispositivos IoT, podríamos usar varias filosofías. Lo más natural sería pensar que, cuando estamos fuera, usamos una aplicación del móvil para establecer una comunicación con el dispositivo que está en casa. Con esta comunicación, el móvil obtendrá la información que ofrece el dispositivo (por ejemplo, la temperatura) o bien le dará las órdenes correspondientes (por ejemplo, encender la calefacción). Todo ello, protegido por el correspondiente intercambio de información de autenticación para proteger que no pueda ser controlado por cualquiera.

Sin embargo, hoy en día, las redes residenciales no permiten normalmente este funcionamiento. Se utilizan redes con direcciones internas privadas y dispositivos NAT en el router de acceso, que únicamente permiten que se inicien comunicaciones desde la red de casa hacia el exterior. La información puede fluir en los dos sentidos, pero lo que llamamos conexión sólo puede iniciarse desde el interior hacia el exterior.

Por eso, los fabricantes de la mayoría de dispositivos IoT en venta deciden utilizar una segunda filosofía de comunicaciones. Los dispositivos de casa inician la comunicación con servidores en la nube (perteneciente al fabricante del dispositivo). El servidor actúa de pasarela. Nuestros dispositivos le informan de las medidas que realizan y se mantienen en contacto por si deben recibir órdenes. Esta comunicación funciona, porque la inician los dispositivos desde nuestra red hacia el exterior.

El usuario que está fuera establece una comunicación con el servidor y puede consultar los datos de sus dispositivos o incluso darles órdenes. El servidor reenviará las órdenes a los dispositivos en casa y permite consultar la información que ha recibido de ellos.

Esto es cómodo y permite vender dispositivos listos para usarse con poca configuración, pero a costa de que los datos de nuestros sensores y el acceso al control de nuestra casa estén en manos de un intermediario. Estos intermediarios serán el blanco de ataques y filtraciones.

La alternativa será utilizar tecnologías que permitan comunicarnos con los dispositivos sin utilizar intermediarios. Esa es una de las ventajas del uso de la siguiente versión del protocolo IP, la versión 6, que no acaba de despegar en los últimos años. Quizá la proliferación de dispositivos de IoT sea la que genere el impulso definitivo a que los operadores ofrezcan conectividad con IPv6, permitiendo utilizar direcciones IP públicas en las redes residenciales y facilitando la comunicación sin intermediarios.

En este escenario, la vigilancia de la actividad y los flujos de comunicación en las redes residenciales será fundamental. La monitorización de este tipo de tráfico es una de las líneas de investigación del Grupo de Redes, sistemas y servicios telemáticos del Instituto de Smart Cities (ISC) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

Esta entrada al blog ha sido elaborada por Mikel Izal Azcárate, profesor titular de Universidad del Departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y de Comunicación e investigador del Instituto de Smart Cities (ISC) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

¿Tipo fijo o variable? Poca broma

Hace un tiempo, se viralizó un vídeo en el que, después de una cena de empresa, dos asesores financieros glosaban las virtudes del endeudamiento a tipo fijo. Dicho vídeo hizo que la discusión entre tipo fijo y tipo variable sonara a broma. Ese recuerdo y una conversación de café en la que un compañero nos pregunta, en el contexto actual, qué le conviene más a su hijo (una “hipoteca a tipo fijo” o una “hipoteca a tipo variable”) nos sirven para reflexionar acerca del poco rigor que, en ocasiones, utilizamos para tomar nuestras decisiones financieras.

“¿Fijo o variable? No lo sé. Depende”, trato de escaquearme de la incómoda pregunta. “¿Cómo qué no lo sabes? Tú eres de finanzas. Tienes que saberlo. ¿Con qué alternativa va a pagar menos?”. La tentación, entonces, es responder algo genérico relativo a las expectativas de subidas de tipos en la zona euro, que los tipos fijos ahora mismo son atractivos, que con tipos fijos estará cubierto ante esta eventualidad, y que, seguramente, con esta alternativa acabará pagando menos. Nuestro compañero, muy probablemente, se irá satisfecho con la respuesta y nosotros habremos regateado una situación incómoda. Sin embargo, habremos contribuido a la extendida sensación de que nuestra profesión consiste en, poco más o menos, chuparnos el dedo, levantarlo y acabar señalando la dirección en la que sopla el viento.

No me imagino a un médico siendo asaltado en la máquina de café y cuestionado: “Mi hijo tiene fiebre. ¿Le doy paracetamol o antibiótico?”. La respuesta, obviamente, sería “No lo sé. Depende”. Ante lo cual es, de nuevo, interpelado: “¿Cómo qué no lo sabes? Tú eres médico. Tienes que saberlo. ¿Con qué alternativa se va a curar?”. Si esta conversación nos parece ridícula, lo mismo debería pasarnos con la anterior sobre hipotecas y, por motivos como este, deberíamos insistir en una mayor cultura financiera en nuestra sociedad y en una adecuada formación especialista en asesoramiento financiero.

Volviendo a nuestra disyuntiva financiera. Si la pregunta es “¿con qué alternativa voy a pagar menos?”, la respuesta no es inmediata ni evidente. Es más, ni siquiera hay una respuesta. Cierto es que, actualmente, los tipos fijos que nos ofrecen las entidades financieras son aparentemente muy atractivos. Sin embargo, a la hora de realizar la comparativa, hay dos hechos que solemos pasar por alto. El primero es que, para los préstamos a tipo variable, el diferencial es conocido (euríbor+X%), mientras que, para los préstamos a tipo fijo, desconocemos el diferencial que nos está cobrando la entidad financiera respecto a la curva IRS (Interest Rate Swap; que representa, básicamente, los intereses de un préstamo a tipo fijo por los que se pueden intercambiar los intereses de un préstamo a tipo de interés variable a diferentes plazos). Y el segundo es que, habitualmente, el método de amortización utilizado es un sistema de términos amortizativos constantes, en el que el nominal del préstamo se va reduciendo con el tiempo y, con él, la cuota de intereses. O lo que es lo mismo, pagamos más intereses al comienzo que al final del préstamo. Ambos hechos dificultan la comparación directa entre alternativas.

Vamos a desarrollar un pequeño ejemplo para un préstamo de nominal de 100.000 euros y que se amortizará en diez años. La hipoteca a tipo variable se ha calculado con un tipo de interés nominal el primer año del 1,75% y con un diferencial sobre el euríbor del 0,85% en cada uno de los siguientes años. Para aproximar el euríbor en cada una de las revisiones anuales, se han deducido los tipos a plazo implícitos en la curva de mercado. La hipoteca a tipo fijo se ha desarrollado con un tipo nominal del 2,19%, es decir, con un margen del 1,25% sobre el IRS a diez años. Estos datos se corresponderían con los existentes en el mercado y los ofrecidos por cualquier entidad financiera a finales de 2018. Los resultados de este ejercicio se encuentran expuestos en la Tabla 1.

Se puede observar que, aun teniendo en cuenta las subidas de tipos de interés recogidas en las expectativas de mercado y que hacen que el tipo de interés esperado del préstamo variable sea superior los cuatro últimos años, el coste esperado del préstamo fijo es superior. Evidentemente, la pregunta sería: “¿cuánto debería adelantarse la subida de tipos y de qué magnitud debería ser la misma para compensar este mayor coste del préstamo a tipo fijo?”. Para responder a esta cuestión, habría que hacer un análisis de sensibilidad de ambos componentes, dado que las combinaciones que dan respuesta a esta cuestión son múltiples, si bien el incremento en el tipo variable debería ser importante para compensar el importe pagado de más con el tipo en los primeros años, teniendo en cuenta que el capital vivo de la operación va disminuyendo a lo largo de la vida del préstamo. Con el ejemplo anterior, se observa un sobrecoste del 0,59% anual. ¿A cuánto importe asciende esta diferencia? Con los tipos actuales, se pagaría 3.074,03 euros en cantidad absoluta y 3.019 euros en valor actual (descontando la diferencia cada año entre el importe abonado a tipo fijo y variables a la curva cupón cero).

La segunda cuestión importante, y que causa la diferencia entre los tipos de interés fijo y variable, es el margen aplicado en las hipotecas a tipo variable (0,89%) y a tipo fijo (1,25%). Pues bien, ambos márgenes deberían ser equivalentes, que no iguales, porque hay ciertos costes de transacción que asume el banco al trasladarle el cliente el riesgo de tipo de interés. En este ejemplo, la diferencia es 0,40% anual. De la diferencia expresada anteriormente (3.074 euros), 2.032 euros se explican por esta diferencia. Ciertamente este importe parece excesivo.

Ya hemos visto que, si la pregunta es “¿con qué alternativa voy a pagar menos?”, la respuesta es con el préstamo a tipo de interés variable, dadas las expectativas actuales de mercado recogidas por el IRS. Sin embargo, si la pregunta es “¿qué alternativa es más conveniente para nosotros?”, la respuesta dependerá de cuestiones como el volumen a financiar, el plazo de la hipoteca, nuestro plan de amortización (¿pensamos hacer amortizaciones anticipadas?), la posibilidad de desapalancarnos ante futuras subidas de tipos, nuestras expectativas sobre el comportamiento futuro de los tipos de interés, o nuestras preferencias por el riesgo. No olvidemos que, en una hipoteca a tipo fijo, hemos trasladado el riesgo de interés a la entidad financiera. Por lo tanto, para poder responder a esta cuestión, deberíamos hacer un análisis detallado de los flujos de caja familiares esperados (no solo de los gastos sino también de los ingresos). ¿Tipo fijo o variable? Poca broma.

 

Esta entrada ha sido elaborada por Luis Muga Caperos, profesor titular de Universidad del Departamento de Gestión de Empresas e investigador del Instituto INARBE (Institute for Advanced Research in Business and Economics) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), y Roberto Cascante Rodrigo, profesor asociado del Departamento de Gestión de Empresas de la UPNA

Las mujeres en carreras STEM (“Science, Technology, Engineering and Mathematics”) o cómo sin maestras no hay alumnas

Escribo esta entrada para tratar la situación de las mujeres en las carreras STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), ya que, como subdirectora de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación (ETSIIT) y como profesora de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) en los grados en Ingeniería en Tecnologías de Telecomunicación e Ingeniería Informática, soy testigo del bajón de mujeres en estas disciplinas.

En la UPNA y en el sistema universitario español, prácticamente el 50% de los estudiantes son mujeres. Sin embargo, el número de las estudiantes de las dos escuelas de ingeniería de la UPNA (ETSIIT y la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos-ETSIA) ronda, de media, en los últimos años el 23%. Los grados de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Eléctrica y Electrónica presentan los porcentajes de mujeres más bajos (por debajo del 12%).

Las causas de esta situación son muy diversas. Por un lado, la educación y la opinión pública siempre han considerado estas carreras como masculinas y desprovistas de efectos sociales. Sin embargo, las carreras STEM sí pueden proporcionar ese elemento social que valoran las mujeres. Además, la sociedad necesita, y va a necesitar para el año 2020, profesionales STEM y estos deberían ser mujeres, al menos, en un 50%.

También está la falta de referentes femeninos para explicar la falta de interés de las chicas por las carreras técnicas. En las carreras de ingeniería de la universidad, las mujeres están en clara minoría dentro de las plantillas de personal docente e investigador y, si no hay maestras, no hay alumnas.

Tampoco quiero olvidar el contexto educativo. De pequeños, la mayoría de las niñas aventajan a los niños en todas las materias, incluyendo las matemáticas. La diferencia en sus comportamientos tiene que ver con la forma de enfrentarse a los retos. Mientras que los chicos piensan que no solucionan un problema porque es difícil, las chicas piensan que se debe a que no pueden hacerlo.

A esto se añade que existe un problema de comunicación. Mucha gente no sabe a qué nos dedicamos exactamente los ingenieros… Tenemos que transmitirles en qué hacemos mejor la vida de todos gracias a la ingeniería, y cómo lo hacemos.

Por todo ello, es preciso hacer algo para visibilizar a las mujeres que trabajamos en STEM. En este sentido, son muy destacables las acciones de fomento de las ciencias llevadas a cabo por la Real Academia de Ingeniería, como una campaña de actividades para potenciar la inclusión y la vocación de niñas y jóvenes en este ámbito con el fin de desterrar la concepción de que las mujeres que tienen vocación por esas áreas son “bichos raros” o “intrusas”.

La UPNA no se queda atrás en este campo. Así, cuenta con un programa de charlas de divulgación científica, en las que el profesorado acude a los centros escolares; y organiza las Semanas de la Ciencia, que se realizan en noviembre con diversas actividades para diferentes públicos, por citar dos ejemplos.

Sin embargo, quiero adentrarme en una obra de teatro, la titulada “Yo quiero ser científica”, en la que nueve profesoras de la UPNA damos vida a otras tantas mujeres científicas del pasado, con el fin de visibilizar a estas féminas que padecieron muchas penurias para poder desarrollarse como científicas. Dicha obra concluye con una charla final, en la que hablamos al público (fundamentalmente, escolares) de nuestra carrera investigadora actual para poder visibilizar el papel de la mujer en la ciencia en este momento.

No quiero olvidarme de las numerosas mujeres emprendedoras tecnólogas, muy importantes a nivel internacional, y también mujeres tituladas por la UPNA, que han desarrollado su carrera de Ingeniería de Telecomunicación y han podido llevar a cabo acciones de emprendimiento hasta el punto de crear algunas de ellas empresas o grupos de investigación de gran prestigio internacional.

Para concluir, cabe preguntarse qué acciones pueden fomentar el incremento de mujeres en carreras STEM. Por ejemplo, la educación desde la infancia o la correcta orientación en los colegios e institutos.

En conclusión, el incremento de mujeres en las carreras STEM es una labor que involucra a toda la sociedad. No podemos desperdiciar el talento de la mitad de la población. Nos jugamos el futuro en ello.

 

 

Esta entrada ha sido elaborada por Silvia Díaz Lucas, doctora en Ingeniería de Telecomunicación, profesora del Departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y de Comunicación de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), donde también es investigadora en el Instituto de Smart Cities (ISC) y subdirectora de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación (ETSIIT); es autora e intérprete de la obra “Yo quiero ser científica”, en la que da vida a la actriz y tecnóloga Hedy Lamarr

 

Cómo profundizar en los resultados de las estadísticas

Hoy en día, la encuesta es una fuente habitual de información, pero es frecuente que, ante una misma encuesta, diferentes medios de comunicación publiquen resultados con titulares que parecen contradictorios, lo que produce desconfianza en las encuestas. Las estadísticas se suelen presentar en tablas que recogen el número o el porcentaje de personas que responden de una u otra forma a distintas preguntas. A veces, las tablas contienen numerosos datos que es necesario observar en su contexto y resulta difícil sacar conclusiones de la simple observación de los datos. De ahí que dos periodistas resalten conclusiones o pongan titulares diferentes. Sin embargo, la estadística dispone de poderosas herramientas que permiten analizar estas tablas en su conjunto y obtener, de forma automática, resultados gráficos que resaltan lo más destacable, teniendo en cuenta todos los datos y sin que intervenga en el análisis la subjetividad de cada persona que le hace fijarse más en unos datos que en otros.

Para ilustrar esta facultad de las técnicas estadísticas, analizamos una pregunta de una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un organismo autónomo dependiente del Ministerio de la de la Presidencia que realiza periódicamente estudios en la población española con objetivo medir el estado de la opinión pública; son los denominados barómetros de opinión. Estos estudios se hacen a través de entrevistas realizadas a unas 2.500 personas elegidas al azar y representativas de la población española. Están representadas todas las comunidades autónomas, tanto las ciudades grandes como las localidades pequeñas o medianas y personas de todos los niveles de edad y género.

En este caso, nos ha interesado el barómetro publicado en enero de 2013 que trata de recoger la opinión de los españoles sobre diversas cuestiones relacionadas con aspectos políticos. Nos centraremos en la pregunta siguiente: en política, normalmente se habla de “ser de derechas” y “ser de izquierdas”; voy a leerle una serie de palabras y quisiera que me dijera, con respecto a cada una de ellas, si las identifica Ud. más con “ser de derechas” o con “ser de izquierdas”.

El CIS pública una tabla de resultados en la que se recogen, para cada palabra, el porcentaje de personas que lo identifican con “ser más de izquierdas”, “ser más de derechas”, “ambas”, “ninguna”, “no sabe” y “no contesta”. Incluye el número de encuestados. Un análisis estadístico considera todos los aspectos y obtiene el gráfico adjunto en el que, con ayuda de unos indicadores de calidad, se puede ver cómo, en opinión de los encuestados, se asocian las diferentes palabras o valores con las ideologías políticas.  El eje horizontal es el más importante. Podemos ver que, en un extremo, aparecen próximos “ser de derechas” y valores como tradición y orden, que son las palabras que los encuestados identifican más con esta ideología. En el lado izquierdo, tolerancia, solidaridad, igualdad y derechos humanos se identifican más con “ser de izquierdas”.

La honradez y la eficacia aparecen en la parte inferior, próximas a ninguna. Estas dos características no se asocian ni con “ser de izquierdas”, “ni de derechas”, sino con la respuesta “ninguna”. Ahora bien, la honradez está situada más a la izquierda, es decir, más próxima a “ser de izquierdas”. Esto significa que  la mayoría de los encuestados han escogido la respuesta “ninguna” asociada a honradez, pero un segundo gran grupo de encuestados ha elegido “ser de izquierdas”. Análogamente sucedería en el caso de la eficacia y “ser de derechas”.

El idealismo aparece en la parte superior izquierda, pero más desplazada que otras palabras hacia la derecha, lo que indica que se ha asociado principalmente con “ser de izquierdas”, pero también hay un número importante de personas que lo han asociado con “ser de derechas”.

La situación de “ambas”, próxima al centro, significa que, para todas las palabras, ha habido una respuesta semejante.  No se puede asociar a progreso por estar en el centro del gráfico.

El estudio se podría repetir para grupos de encuestados. Por ejemplo, uno para los que declaran ser de izquierdas y otro para los que se declaran ser de derechas y comparar los resultados.

 

Esta entrada ha sido elaborada por Elena Abascal Fernández, profesora del Departamento de Estadística, Informática y Matemáticas de la Universidad Pública

“Yo quiero ser científica”: vídeo sobre Hedy Lamarr

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La UPNA, con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT)-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, se suma a este homenaje a científicas del pasado, difundiendo vídeos desenfadados sobre sus vidas y obras, como el que aparece a continuación.

“Yo quiero ser científica”: vídeo sobre Klara von Neumann

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La UPNA, con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT)-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, se suma a este homenaje a científicas del pasado, difundiendo vídeos desenfadados sobre sus vidas y obras, como el que aparece a continuación.