#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Cómo nos invade el coronavirus? El primer encuentro del virus con nuestras células

Responde: Antonio G. Pisabarro De Lucas, catedrático de Microbiología en el Departamento de Ciencias de la Salud y director del Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Research in Applied Biology-Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

En episodios anteriores (ver más abajo las entradas precedentes), hemos visto qué son los virus, cómo es el SARS-CoV2 y cómo son las células a la que va a infectar. Hoy vamos a ver qué ocurre en el primer encuentro del virus con nuestras células.

Como sabemos, el coronavirus SARS-CoV2, causante de la enfermedad que llamamos COVID19, utiliza la proteína S de su corona, la espina, para unirse a la proteína ACE2 de la superficie de las células que va a infectar. El virus puede entrar en nuestro cuerpo por varias vías: por inhalación de microgotas del aire portadoras del patógeno o porque ponemos el virus nosotros mismos en la nariz o en la boca al tocárnoslas con la mano contaminada por el virus. ¿Cómo ocurre la infección? ¿Cómo nos invade el virus?

Supongamos que nos llevamos la mano a la boca y que, antes, hemos tocado algo contaminado con el virus. Se ha comprobado que las células que recubren el interior de la boca y la superficie de la lengua expresan el gen de ACE2 que produce la proteína receptora del virus. Esta expresión es especialmente alta en las células de la lengua. Es decir: al pasar la lengua por los labios que hemos podido contaminar con el virus, le damos a este la oportunidad de infectar las primeras células de nuestro cuerpo. Desde estas primeras células, el virus seguirá progresando hasta alcanzar otros territorios aún más favorables para su multiplicación. Si en vez de tocarnos la cara lo que ocurre es que inhalamos el virus, este llegará a nuestras vías respiratorias superiores (fosas nasales, faringe, tráquea) donde entre el 50 y el 80% de las células son del tipo llamado de células ciliadas que también tienen en su superficie la proteína ACE2 que usa el virus para invadir. Por tanto, en ambos casos, a través de la boca o a través de la nariz, el virus puede encontrar células con la proteína ACE2 en sus superficies. Proteína a la que se agarrará la espina del virus para infectarla y dar así inicio a la enfermedad.

No está muy claro cuántos virus es necesario inhalar o ponerse en las mucosas de la nariz o de la boca para que se ponga en marcha la enfermedad; pero, teniendo en cuenta estudios realizados en virus similares (como el que causó la epidemia del SARS en 2003), se estima que, con unos pocos cientos de virus, se puede desencadenar la enfermedad. Estos virus pioneros lograrán infectar solo unas pocas células susceptibles; pero, a partir de ahí, se producirán más virus que, cuando salgan de la célula que infectaron en primer lugar, invadirán las células vecinas o viajarán en la corriente que lleva el aire hacia el interior de nuestras vías respiratorias. Hasta llegar a los alveolos.

Tampoco se conoce el tiempo necesario para que una célula infectada produzca las copias del SARS-CoV2; pero, teniendo en cuenta lo que se sabe de su virus hermano que produjo la epidemia de SARS en 2003, podemos estimar que necesita entre 12 y 24 horas de trabajo de la célula invadida y secuestrada. Cada célula infectada puede producir millones de virus antes de morir. Por esto, la infección progresará de forma explosiva a partir del momento inicial, si no la detiene nadie.

Entrada del virus a la célula

Ilustración: Manuel Álvarez García.

¿Cómo entra el virus en la primera célula? Una de las imágenes más usadas en biología al hablar de la interacción entre dos proteínas es la de la llave y la cerradura: la llave que tiene el coronavirus (la espina de la que ya hemos hablado varias veces) debe encajar en la cerradura de la célula (la proteína ACE2 de su superficie) para poder entrar en su interior. De esta forma, cuando la espina se une a la proteína ACE2 se dispara el proceso de entrada: la célula rompe entonces la espina usando una proteasa (esto es, otra proteína que funciona como una tijera para cortar proteínas). Esta rotura lleva al virus a tocar la célula y, entonces, a que se funda su membrana (recuerden que lleva una gabardina sustraída de la célula donde nació) con la de la célula que va a infectar como se funden dos gotas de agua que escurren lentamente por la ventana en un día de lluvia para formar una gota mayor. Esta fusión permite la entrada del virus en el interior de la célula.

La verdad es que la idea de romper la espina le sale cara a la célula. Si no la rompiera, el virus no entraría. ¿Qué proteína es esa que rompe la espina con buena voluntad, pero tan mal resultado? Voy a ahorrarles el nombre; sin embargo, vamos a decir que es una proteína que no tenemos muy claro para qué sirve (si se elimina en los ratones usados en un sistema experimental modelo, no pasa nada relevante). Sin embargo, es una proteína que suele aparecer cuando no debe: también participa en activar la infección por otros virus, incluyendo el virus de la gripe, y aparece unida a otra proteína en tumores de próstata (donde tampoco se sabe qué hace). Por último,  y para sembrar más confusión, su expresión, su abundancia, responde a hormonas masculinas. En realidad, sabemos muy poco de lo que pasa en nuestras células…

Ya es tarde. En un siguiente artículo, veremos qué pasa cuando el virus entra dentro de la célula que infecta.

Mientras tanto, cuídense.

 

Nota 1: listado de artículos del catedrático Antonio G. Pisabarro De Lucas sobre el coronavirus.

1. ¿Qué es el coronavirus?

2. Coronavirus: ¿cómo es el «malo» de esta película?

3. ¿Quiénes son las primeras víctimas del ataque del coronavirus?

4. ¿Cómo nos invade el virus? El primer encuentro del virus con nuestras células (presente artículo)

5. ¿Cómo secuestra el coronavirus la célula?

6. ¿Cómo sabe el sistema inmune que una célula está infectada por el coronavirus? Diario de la resistencia. Día 1

7. ¿Cómo se producen los primeros síntomas de la enfermedad covid-19? Fuego y explosiones en el inicio de la batalla

8. ¿Qué es la tormenta de citoquinas? Diario de resistencia ante el coronavirus

9. ¿Cómo se producen los anticuerpos contra el coronavirus?

10. ¿Qué son los linfocitos T y cómo luchan contra las células infectadas? Los linfocitos responsables de la lucha célula a célula

11. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma diferente a distintas personas? Preguntas esperando respuestas

12. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma tan grave a las personas más mayores? Preguntas esperando respuestas

13 y siguientes. Se pueden localizar con el buscador de la parte superior derecha.

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

 

 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué medidas, a medio plazo, son necesarias para salir fortalecidos de esta crisis?

Responde: Sergio García Magariño, investigador del Instituto I-Communitas (Institute for Advanced Social Research-Instituto de Investigación Social Avanzada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

Hoy son muchos los que constatan lo que expertos y organizaciones internacionales de la salud venían alertando desde hace años: la posibilidad de sufrir una pandemia global. La combinación de la hiperconexión, el deterioro medioambiental y las desigualdades sociales y económicas era el caldo de cultivo idóneo. Sin embargo, ese tipo de reflexiones, aunque interesantes, no suelen ser muy útiles para responder ante una situación de alarma que exige lo mejor de nosotros y, sobre todo, acción concertada a todos los niveles.

Las crisis son oportunidades para replantearse los fundamentos de la sociedad y acometer reformas de calado que en otras condiciones no son tan viables. Las grandes crisis pueden extraer lo mejor y lo peor de las personas y de las instituciones. Por ello, es arriesgado pensar que la pandemia, por sí sola, sin una estrategia a medio y largo plazo deliberada, vaya a transformar nuestra política económica y social, a generar nuevos patrones de comportamiento interpersonal y de consumo y a institucionalizar los estallidos espontáneos de solidaridad que se viven. Para salir fortalecidos de este bache y de las consecuencias inmediatas que conllevará en otras áreas diferentes de la salud, se debe hacer una serie de ajustes teniendo en cuenta varios principios relacionados con el medio y el largo plazo. Aquí esbozaré seis.

El primero es la necesidad de avanzar hacia la federalización de la humanidad. Las voces más avezadas se atreven incluso a plantear que es necesario un gobierno mundial, al menos transitorio, para responder ante el coronavirus y sus efectos económicos colaterales. Algo tan sencillo como la provisión de material sanitario básico, máscaras, guantes, tests ha resultado ser inviable a tiempo en ausencia de coordinación internacional. Qué decir de la diseminación del conocimiento técnico, de la canalización de los recursos económicos, del control de los movimientos poblacionales o del envío de personal cualificado de apoyo. Es el momento de avanzar hacia mayores niveles de integración. Las amenazas actuales y futuras, así como la economía, la cultura, la ciencia, las migraciones, son globales; global también ha de ser la política. Es el momento de tener altas miras.

Sociedad

El segundo es la oportunidad de establecer sistemas sociales más cooperativos. La competición como eje de organización social ha agotado su capacidad vertebradora ante un tipo de sociedad más compleja, interconectada e interdependiente. Ante un problema común grave, como este u otros futuros, no se debe permitirse el lujo de estar criticando, cuestionando y oponiéndose a todo lo que hacen otros. Ya sea en el ámbito político entre los partidos o facciones ideológicas, en el ámbito de las relaciones entre sectores de la sociedad —ciudadanos vs. representantes, trabajadores vs. empresarios, lo público vs. lo privado—, en la vida económica —competición entre empresas— o en las relaciones entre los Estados, la idea de que la excelencia y de que el máximo bienestar se logran a través de la competición parece no corresponderse con los hechos. Cooperar, no obstante, exige un proceso de aprendizaje. Si queremos responder con efectividad ante retos complejos como los que indudablemente vendrán, necesitamos echar a andar procesos de socialización rigurosos para rescatar y fortalecer las artes de la colaboración.

El tercero tiene que ver con el modelo económico vigente. Recuperarse del coronavirus no es una cuestión exclusivamente médica. Las sociedades tendrán que lidiar con las consecuencias económicas de este. Por ello, es buen momento para revisar el modelo de desarrollo prevalente. Además de haber traído riqueza en términos totales, ha colapsado el medio ambiente por la relación de explotación con la naturaleza que establece y las pautas de consumo que incita, ha generado grandes desigualdades, ha azuzado conflictos y ha creado un sistema social altamente dependiente —una porción cada vez menor del planeta produce comida para el resto y en zonas cada vez más lejanas de donde se consume— material y cognitivamente. El Club de Roma acaba de lanzar una carta a los líderes del mundo donde encarece a los responsables de las políticas económicas a avanzar hacia un nuevo modelo anclado en la sostenibilidad local, independiente energéticamente de las fuentes combustibles fósiles y sensible ante las desigualdades.

El cuarto está relacionado con la oportunidad de llevar hasta las últimas consecuencias lo que algunos han denominado la «feminización de la sociedad». Feminizar la vida social no implica únicamente abrir espacio para que la mujer entre, en condiciones de igualdad con el hombre, en todas las esferas de la vida colectiva a fin de crear una sociedad más justa para todos —que también—. Conlleva, sobre todo, insuflar en todos los subsistemas sociales —política, economía, derecho, academia, medios, familia…— todas esas virtudes y ese tipo de ética del cuidado que históricamente se ha asociado con la feminidad. De ser así, es probable que las decisiones tanto de alto como bajo nivel tengan en cuenta (a) otro tipo de racionalidad no instrumental sensible a los valores y a las personas, (b) la necesidad de solucionar los conflictos por vías pacíficas o (c) de establecer sistemas donde la armonía en las relaciones —ya sean entre las instituciones, entre las personas y las instituciones y entre las personas y el medio ambiente— sea la norma y no la excepción.

Mujeres

El quinto se relaciona con la relación y naturaleza de los tres actores que históricamente han vertebrado la vida colectiva: el individuo, la comunidad y las instituciones. La relación de ellos ha sido problemática y ha estado marcada por la preponderancia de uno sobre el otro. En las sociedad tradicionales, la comunidad era la entidad más importante y sus normas se imponían sobre las personas. El castigo por lo no aceptación de la norma era la expulsión del grupo o la marginación. Las sociedades modernas se han alejado de las comunidades geográficas y han adoptados formas de vida más individualizadas. Sin embargo, parece que la crisis actual, con la conciencia de fragilidad que ha suscitado, ha puesto de relieve que las comunidades de adscripción (clubes, asociaciones) y las comunidades virtuales no satisfacen completamente ni la necesidad de pertenencia ni de apoyarse mutuamente con consistencia ante calamidades colectivas. Quizá el fortalecimiento de las comunidades geográficas en los barrios, donde se aprenda a cooperar, donde se puedan dar procesos de aprendizaje y donde se puedan experimentar nuevos modelos económicos sostenibles sea una buena dirección.

El último (y probablemente más importante) principio a tener en cuenta para reajustar el orden social de tal modo que sea más resiliente ante futuros impactos económicos, humanitarios, sanitarios, criminales o medioambientales es la institucionalización del aprendizaje colectivo, de sistemas inteligentes de generación de conocimiento que permitan progresar paulatinamente hacia mayores niveles de prosperidad, paz, justicia social y sostenibilidad. Actualmente, la economía es el proceso central de la existencia social. El conocimiento experto de la salud pública ha competido, con mayor o menor éxito, durante la crisis sanitaria con los agentes económicos por imponer una agenda. Esta tensión no se resuelve ni colocando exclusivamente a la salud ni a la economía ni al conocimiento experto técnico en el centro de las decisiones. Si el aprendizaje estuviera en el centro, las decisiones que exigen tener en cuenta múltiples factores, conocimiento experto y deliberación colectiva serían más fáciles. Gran parte del conocimiento que necesitamos para reorganizar la sociedad en la dirección sugerida no se ha generado aún y tiene que ser el resultado de millones de personas e instituciones trabajando por arrojar nuevos aprendizajes que se institucionalicen progresivamente.

Por ello, crear estructuras participativas para el aprendizaje a todos los niveles, donde interactúen el conocimiento experto, la experiencia tradicional propia y las dinámicas culturales autóctonas, dentro de un enclave deliberativo y conectado con una red global, sobresale como el horizonte más relevante, así como desafiante, necesario para salir fortalecidos de esta crisis y responder con resiliencia ante futuros impactos.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Quiénes son las primeras víctimas del ataque del coronavirus?

Responde: Antonio G. Pisabarro De Lucas, catedrático de Microbiología en el Departamento de Ciencias de la Salud y director del Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Research in Applied Biology-Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

En capítulos anteriores (ver más abajo las entradas precedentes), hemos visto qué son los virus y cómo es el malo de nuestra historia: el SARS-CoV2. Hoy vamos a volver nuestra mirada hacia las víctimas iniciales de su ataque.

Cuando el aire que inspiramos al respirar llega al final de la tráquea, entra en un sistema de tubos que se divide cada vez más y más para formar el árbol bronquial. El tubo por el que va pasando el aire se hace progresivamente más estrecho desde el centímetro de diámetro de los bronquios en su origen al dividirse la tráquea en dos partes (una para cada pulmón) a los 0,5 milímetros de los bronquiolos. Cada pulmón tiene más de 30.000 bronquiolos que terminan en más de 300 millones de pequeños saquitos denominados alveolos pulmonares, donde se produce el intercambio del oxígeno que inspiramos por el CO2 que expiramos en cada respiración. La superficie de todos estos alveolos es enorme: llega los 75 m2, más que la superficie de algunos departamentos en las grandes ciudades.

Todas las superficies de nuestro cuerpo están recubiertas por células que sirven de barrera protectora. Estas células se llaman epiteliales y forman los tejidos que llamamos epitelios (la piel, en el exterior y las mucosas, en el interior de nuestro cuerpo). Pues bien, todo el entramado de tubos descrito en el párrafo anterior está forrado en su interior por una capa de epitelio cuyas células, en el caso de los alveolos, se llaman de una forma muy descriptiva: neumocitos, células del pulmón. Hay dos tipos de neumocitos llamados de tipo I y tipo II. Los de tipo I son menos abundantes que los de tipo II; pero ocupan el 95% de la superficie de los alveolos (más de 70 m2 en el interior de nuestros pulmones). Estas células son las responsables del intercambio de gases de la respiración y, para ello, forman una capa que en algunas zonas es muy, pero que muy delgada: 25 nanómetros (25 millonésimas de milímetro). Estos neumocitos tan esenciales no se pueden dividir y son muy sensibles a muchos agentes que los pueden destruir. Entonces, entran en acción los otros neumocitos, los de tipo II, que están dispersos entre los de tipo I y pueden dividirse para formar nuevos neumocitos de tipo I que reemplazarán a los destruidos. Estos neumocitos de tipo II son mucho más numerosos y de mayor volumen (tiene unas 9 µm de diámetro) que los de tipo I, aunque cubren un área mucho menor que ellos en los alveolos. Los neumocitos de tipo II tienen otra función esencial: segregar una substancia mocosa que recubre el interior de los alveolos en su interior para facilitar el intercambio de gases. Por último, hay un tercer tipo de células moviéndose por los alveolos: los macrófagos alveolares que son unos barrenderos-policía que eliminan restos celulares, bacterias o polvo que pueda llegar a los alveolos y avisan cuando hay problemas graves.

Los neumocitos de tipo II tienen en su superficie una proteína de la que hemos hablado en capítulos anteriores: la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2) a la que se une la espina del coronavirus como agarre para su entrada en la célula. Por tanto, estos neumocitos de tipo II son las principales víctimas del virus, las células cuya destrucción causará los graves problemas asociados a esta enfermedad.

Cuando se supo que la vía de entrada del coronavirus es la proteína ACE2, se estudió en qué otros epitelios (tejidos) del cuerpo se encuentra y se descubrió que el gen que la codifica se expresa en muchos otros tejidos de nuestro cuerpo (en un estudio se detectó en 72 tipos de tejidos diferentes); aunque, de entre todos ellos, solo lo hace de manera significativa en epitelio del intestino delgado y, menos abundante, en otras células del sistema respiratorio tales como los neumocitos de tipo I, y células que cubren las vías respiratorias superiores e inferiores (las llamadas células ciliadas). De los demás órganos estudiados, solo en corazón, riñón y testículos, se encontraron señales de esta proteína a la que se une el virus para infectar. Quizá sería interesante saber qué hace esta proteína por tantos sitios diferentes.

Alveolos

Ilustración: Manuel Álvarez García.

En resumen: el coronavirus SARS-Cov2 (nombre oficial de lo que conocemos por COVID-19) puede infectar muy eficientemente las células de los alveolos (neumocitos de tipo II) que tienen mucha ACE2 en su superficie y, con menos eficiencia, otras células respiratorias e intestinales (que tienen menos ACE2).

Y así, en las grandes llanuras alveolares cubiertas por extensos neumocitos de tipo I, se yerguen vigilantes las torres de los neumocitos de tipo II que enarbolan, orgullosos, su proteína ACE2 sin sospechar que ese estandarte que ondean será el reclamo que permitirá al ejército de coronavirus conquistar la fortaleza de los pulmones.

Ya es tarde. En un siguiente artículo, veremos cómo llega el coronavirus hasta los alveolos y qué pasa entonces.

Mientras tanto, cuídense.

 

Nota 1: listado de artículos del catedrático Antonio G. Pisabarro De Lucas sobre el coronavirus.

1. ¿Qué es el coronavirus?

2. Coronavirus: ¿cómo es el «malo» de esta película?

3. ¿Quiénes son las primeras víctimas del ataque del coronavirus? (presente artículo)

4. ¿Cómo nos invade el coronavirus? El primer encuentro del virus con nuestras células

5. ¿Cómo secuestra el coronavirus la célula?

6. ¿Cómo sabe el sistema inmune que una célula está infectada por el coronavirus? Diario de la resistencia. Día 1

7. ¿Cómo se producen los primeros síntomas de la enfermedad covid-19? Fuego y explosiones en el inicio de la batalla

8. ¿Qué es la tormenta de citoquinas? Diario de resistencia ante el coronavirus

9. ¿Cómo se producen los anticuerpos contra el coronavirus?

10. ¿Qué son los linfocitos T y cómo luchan contra las células infectadas? Los linfocitos responsables de la lucha célula a célula

11. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma diferente a distintas personas? Preguntas esperando respuestas

12. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma tan grave a las personas más mayores? Preguntas esperando respuestas

13 y siguientes. Se pueden localizar con el buscador de la parte superior derecha.

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué transformaciones sociales nos traerá esta crisis del coronavirus?

Responde: Miguel Laparra Navarro, profesor titular del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

Las crisis aceleran las transformaciones sociales. La respuesta económica, política y social a esta crisis ya nos está empezando a dejar ver algunas transformaciones en el funcionamiento de la sociedad que posiblemente, al menos en parte, se mantengan en el futuro. Y nos ha hecho ver posibilidades de mejora que no deberíamos dejar pasar.

La economía del confinamiento ha intensificado tendencias ya presentes en nuestra sociedad. Ha forzado el teletrabajo y las enseñanzas «online». Ha potenciado las ventas «online» y la distribución a domicilio, potenciando a las grandes distribuidoras como Amazon, pero incorporando también al pequeño comercio de barrio, con otros sistemas. El consumo de ocio por internet se ha disparado prácticamente en todos los sectores sociales. Incluso estando abierta, la banca presencial se ha reducido al mínimo y la prensa se ha hecho también más digital. Se ha potenciado la relación telemática con la administración pública.

¿Volverán las pautas de los consumidores, las estrategias de las empresas y las instituciones y los hábitos de la ciudadanía a ser exactamente igual que antes? Cabe pensar que no. Al menos, sabemos que va a haber quien intente que así no sea. En algunos aspectos, no será malo: hemos visto que nos podemos ahorrar desplazamientos y, con ello, reducir el consumo de energía y la contaminación.  Pero sabemos también que se van a intensificar tensiones sociales que ya veíamos: se ha visto claramente, por ejemplo, cómo está afectando en este curso la brecha digital en los menores de familias más vulnerables, que pueden acabar perdiendo el curso. Esa brecha digital no afecta solo a los menores. En la nueva sociedad, es ya una brecha que fractura el conjunto de la estructura social. Y no es sólo una brecha digital, sino una brecha educativa y social en la que no todos los padres pueden ayudar del mismo modo a sus hijos e hijas.

Sociedad

Por otra parte, esta crisis del coronavirus ha permitido “redescubrir” la importancia del sector público, al que todos hemos dirigido la mirada en búsqueda de respuestas. Es mejor descubrir el poder el Estado con una pandemia que con una guerra (de verdad). Se ha puesto de manifiesto que, cuanto más débil es el sistema sanitario público, más difícil es dar una respuesta a una crisis sanitaria como esta. Y en lo económico, hasta los ultraliberales se han convertido (transitoriamente) en keynesianos y demandan mayores paquetes de intervención pública, más expansión del gasto y más garantías del Estado. ¿Cómo saldría la economía de mercado sola de este atolladero? En el ámbito de la administración pública, se han introducido medidas de flexibilización de los recursos humanos que agradecería mucho la ciudadanía también en otros momentos para responder mejor a sus necesidades. Y en el ámbito de lo social, hemos descubierto el carácter esencial de los servicios sociales, los de gestión pública y los de iniciativa ciudadana, que están al pie del cañón ayudando a los sectores más vulnerables a hacer frente a esta crisis que les está afectando especialmente, como en las residencias. Un esfuerzo insuficientemente reconocido, por cierto.

De la capacidad que tengamos de dar una respuesta a esta crisis, no sólo en lo sanitario, sino también en lo económico y en lo social, aprovechando los elementos positivos de las transformaciones en curso y compensando los negativos, depende el tipo de sociedad en el que vamos a vivir en el futuro.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Cómo afecta el estado de alarma a las empresas?

Responde: Mirentxu Marín Malo, doctora en Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social y profesora asociada  de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

He implantado el teletrabajo en mi empresa a causa del estado de alarma generado por el Covid-19. ¿Qué debo hacer para cumplir con mis obligaciones preventivas?

En primer lugar, debe tenerse en cuenta que el art. 5 del Real Decreto-Ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19 da carácter preferente a la prestación de servicio en la modalidad de trabajo a distancia o teletrabajo siempre que esto sea posible.

En esta situación excepcional, el señalado artículo establece que, en aquellas empresas que hasta el momento no estuviera prevista la prestación de servicios en la modalidad de trabajo a distancia, estarán exentas del cumplimiento de las obligaciones en materia preventiva recogidas en el art. 16 de la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales, donde se establece la obligación empresarial de realizar la evaluación de riesgos y planificación de la actividad preventiva.

Así, en el supuesto de que la empresa implante el teletrabajo como consecuencia de la actual situación de excepcionalidad, es decir, aquellas que implanten el teletrabajo por primera vez, no tendrá que realizar la citada evaluación de riesgos y la planificación de la actividad preventiva.

Sin embargo, la empresa deberá ofrecer a sus trabajadores la realización, de manera voluntaria, del cuestionario facilitado por el Ministerio de Trabajo y Economía Social para valorar los posibles riesgos y medidas preventivas existentes en el domicilio del trabajador. Este cuestionario no es exhaustivo, y es una identificación de las condiciones que, como mínimo, debería tener el puesto de teletrabajo; en todo caso, cuando esta modalidad de prestación de servicios sea temporal y vinculada al COVID-19. En caso contrario, la empresa deberá cumplir con la normativa en materia de prevención de riesgos laborales habitual.

¿Hasta cuándo debo mantener la prestación de servicios en la modalidad de teletrabajo?

El art. 5 del Real Decreto-Ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19 establece que el servicio se prestará, siempre que sea posible, en modalidad de teletrabajo, hasta que se supere la situación de emergencia sanitaria desencadenante de estas medidas.

Esto indica que, una vez se recupere la normalidad y se levante el estado de alarma, los trabajadores que, a causa del COVID-19 han pasado a prestar servicios en la modalidad de teletrabajo, volverán a la prestación de servicios en la modalidad anterior al inicio de esta situación.

Teletrabajo

¿Debo tomar medidas de teletrabajo siempre que sea posible o, aun siendo razonablemente posible, puedo aplicar un ERTE a todos mis trabajadores?

El art. 5 del Real Decreto-Ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19 establece que, de manera prioritaria y siempre que sea posible, se tomarán medidas para facilitar el teletrabajo con carácter previo a la aplicación de un ERTE.

Así lo ha manifestado también el Ministerio de Trabajo y Economía Social en la Guía sobre medidas laborales excepcionales contra el COVID-19 aprobadas por el RDL 8/2020 al señalar que “las empresas promoverán fórmulas de trabajo a distancia, con el objetivo de mantener la actividad económica y que las personas trabajadoras no sufran mermas en sus ingresos”.

Por ello, siempre que la empresa no se vea obligada a paralizar completamente su actividad, aquellos trabajadores que puedan seguir prestando servicios en la modalidad de trabajo a distancia, no se verán afectados por un ERTE.

¿Estoy obligado, como empresa, a facilitar medios para la prestación del servicio en teletrabajo a mis trabajadores?

Sí. Tal como establece el art. 5 del Real Decreto-Ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19 será la empresa la encargada de adoptar aquellas medidas necesarias, siempre que sea técnica y razonablemente posible y que no suponga un esfuerzo de adaptación desproporcionado, para que los trabajadores puedan trabajar telemáticamente.

Soy una pyme (pequeña y mediana empresa) y hasta ahora no había planteado la modalidad de prestación de servicio a distancia (teletrabajo). ¿Cómo puedo implantar este sistema en mi empresa?

Para facilitar la implantación del teletrabajo en las pymes, el Gobierno ha puesto en funcionamiento el portal Acelera pyme, que pone al servicio de las empresas recursos y asesoramiento específico para implantar el teletrabajo en ellas.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué implicaciones tendrá el coronavirus en el desempleo y la pobreza? ¿Cómo se podría minimizar el impacto?

Responde: Miguel Laparra Navarro, profesor titular del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

El coronavirus no sólo ha provocado una crisis sanitaria de primer orden. Está provocando ya una crisis de empleo aguda, con riesgo de larga permanencia. Lógicamente, el impacto social que esto tenga dependerá de las decisiones que vayan adoptando en primer lugar los poderes públicos, pero también los distintos actores de nuestra sociedad.

Sabemos ya que esta crisis va a tener un fuerte impacto en el empleo. La anterior crisis de 2008 supuso una pérdida de 55.000 empleos en Navarra hasta llegar en enero de 2014 a los 243.505 afiliados a la Seguridad Social, la cifra más baja en muchísimo tiempo. El desempleo registrado creció en 38.000 personas hasta los 56.000. Los efectos sociales de estas crisis se dejan sentir durante mucho tiempo. En España, todavía en 2018, había 4,1 millones de personas en exclusión social severa, según FOESSA, un 45% más que en 2007, antes de la crisis. Algo similar, aunque a menor nivel, ha pasado en Navarra, donde todavía se estimaba para 2018 unas 37.000 personas en exclusión social severa.

Pobreza

¿Es posible que pase esto ahora? Evidentemente, lo es si se repiten los mismos errores que entonces. En principio, todos parecen trabajar ahora con la hipótesis de una crisis aguda: intensa, pero de baja duración y sin grandes efectos a largo plazo. Ese parece el escenario razonable ahora. La flexibilización del plan de estabilidad y la expansión de la política monetaria por parte las instituciones europeas, los importantes estímulos fiscales que están anunciando muchos países y la puesta en marcha de medidas sociales que minimicen el efecto en la capacidad adquisitiva de los hogares y refuercen la capacidad de reacción de los servicios públicos son iniciativas que no se tuvieron en la crisis anterior en la misma medida. Esa es, sin duda, la línea que habrá que seguir reforzando en el futuro tanto en Navarra como en el conjunto del Estado, a la par que se articulan las medidas para evitar una nueva crisis financiera con los instrumentos que las instituciones europeas tienen a su alcance (compra de deuda pública y privada, eurobonos, planes de inversión…).

De lo contrario, ya tenemos evidencias de los riesgos que afrontamos. Se sabe ya que el desempleo está creciendo en marzo, un mes en el que habitualmente hay una cierta creación de empleo estacional: una media de 1.400 empleos más respecto del mes anterior en los últimos cuatro años. Además, en esta cifra no se recogen los trabajadores afectados por los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo: 4.128 en el último dato publicado el día 27 de marzo, que podrían afectar de 30.000 a 50.000 trabajadores. En España, se calcula que pueden ser 1,7 millones los afectados. Refleja perfectamente la situación en la que estamos. Es un proceso de socialización del coste de la flexibilidad de las plantillas para que no recaiga ni en las empresas ni en los trabajadores. Es una buena noticia que sean temporales, que se mantenga la relación de los trabajadores con la empresa y que estas empresas se preserven para el futuro. Y hay que esperar que las medidas aprobadas, que aumentan la protección de estas personas, y la negociación colectiva en curso hagan que su capacidad adquisitiva se reduzca lo mínimo posible. La situación de muchos autónomos, especialmente en los servicios, a la espera de ver qué pasa con sus negocios, es también muy preocupante. Evitar que esta reducción temporal del empleo se traduzca en permanente debe ser la máxima prioridad en este momento y no está claro el efecto que puede tener la restricción de los despidos en caso de no garantizarse la viabilidad económica del mantenimiento de los empleos. Si no se actúa contundentemente, el impacto en el empleo puede ser peor que en la crisis financiera de 2007.

La intensificación del confinamiento, paralizando todas las actividades no esenciales sin reducir los costes, puede empeorar significativamente la situación de muchas empresas pequeñas y medianas, comprometiendo su capacidad de retomar la actividad con normalidad posteriormente. Por eso, es importante que las medidas de confinamiento no se prolonguen en el tiempo más allá de lo que sea estrictamente necesario para afrontar la emergencia sanitaria. Es mucho lo que nos jugamos también en términos económicos y sociales.

Pero hay colectivos que están ya viéndose afectados sin contar con la protección adecuada todavía: trabajadores que ya están siendo despedidos sin haber acumulado tiempo suficiente de cotización, empleadas del hogar que se han ido a sus casas, desempleados de larga duración que están agotando sus prestaciones y otros grupos excluidos. Aquí, una Renta Garantizada puede suponer una última malla de seguridad, como sucede ya en Navarra o País Vasco. Sin embargo, en la mayoría de las comunidades autónomas estas prestaciones no cuentan ni con presupuesto ni con cobertura suficiente (una décima parte que en Navarra en algunos casos). El compromiso del Ingreso Mínimo Vital que asumió el Gobierno del Estado para esta legislatura debería acelerar lo máximo posible su puesta en marcha para llegar a todos estos grupos si no queremos que se queden al margen y vuelva a incrementarse la bolsa de la exclusión social. Un total de 1,5 millones de hogares en pobreza severa están a la espera.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Qué oportunidades ofrece la situación generada por el COVID -19 para la innovación educativa? Universidades presenciales y herramientas digitales

Responde: David Benito Pertusa, catedrático del Departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y de Comunicación, investigador del Instituto de Smart Cities (ISC) y director  del Centro Superior Innovación Educativa de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

La adaptación de la docencia presencial a la modalidad «online» en las universidades presenciales de España, Europa y EEUU está siguiendo patrones muy similares y se ha puesto en marcha en un tiempo récord con un éxito más que razonable dado el punto del que se partía.

En este proceso de adaptación, los campus virtuales de las universidades han sido el punto de encuentro entre estudiantes y profesores. Los servicios informáticos y de innovación educativa están trabajando a marchas forzadas para garantizar el buen funcionamiento de todas las herramientas digitales y dar apoyo técnico y metodológico al profesorado para adaptar su docencia presencial a una modalidad «online».

El incremento de tráfico de los campus virtuales también está siguiendo un patrón muy similar en las universidades españolas, donde se ha más que duplicado el número de sesiones simultaneas e incrementado fuertemente la duración de estas. Las estadísticas de tráfico muestran que el trabajo de los profesores y alumnos se ha distribuido a lo largo de todo el día de una manera más uniforme.

El uso de herramientas de videoconferencia se han generalizado en las universidades, donde aplicaciones como Zoom, Skype o Hangouts están siendo claves para asegurar la continuidad de la docencia, la investigación y el trabajo del personal de administración y servicios.

En este escenario de suspensión de la actividad presencial en las universidades, los profesores están utilizando más que nunca y de una forma más rica las herramientas que tienen a su disposición en sus campus virtuales, incluida la videoconferencia. Los estudiantes, más acostumbrados al mundo «online», manifiestan que las clases están funcionando.

En estas dos semanas, la docencia en las universidades presenciales se ha digitalizado, los profesores se están haciendo más competentes digitalmente y han replanteado sus asignaturas a este nuevo escenario «online». Ahora preocupa la evaluación, donde el profesorado ha optado por dar un mayor peso a las actividades de los estudiantes y menor, a los exámenes finales.

Clase online

Todo cambia muy deprisa y más en estos días de alarma; nos estaba llegando la ola de la transformación digital a las universidades y, de pronto, nos hemos visto surfeando en ella. Como oportunidad tras el COVID-19, tendremos una universidad más preparada para un mundo universitario cada vez más digital, más competitivo y más global.

Y sin duda, esta situación generada por el COVID-19 también es una oportunidad para la innovación educativa, a corto, medio y largo plazo.

A corto plazo, si la innovación se manifiesta por la capacidad de adaptarse al cambio, ahora todos estamos inmersos en ella y esperemos finalizar con éxito este curso académico para poder decir que hemos innovado. Durante estas dos semanas de actividad docente «online», la colaboración entre profesores y entre estudiantes se ha disparado, gracias a la tecnología y a la ética que debe imperar en tiempos de crisis y eso, sin duda, es un buen indicador ligado a la innovación.

A medio y largo plazo, esta situación puede ser una oportunidad para la innovación educativa en la universidad, para hacer más ricas y más activas nuestras metodologías docentes. Una oportunidad para hacer una universidad más interactiva, más personalizada. Una buena ocasión para plantearnos trabajar por proyectos o para invertir la clase. En definitiva, una oportunidad para ser más y mejores guías de nuestros estudiantes, en un futuro donde contaremos con el apoyo de sistemas de inteligencia artificial que faciliten el seguimiento personalizado y la evaluación del estudiante.

Tras el COVID-19, la universidad estará más digitalizada que nunca, pero seguirá  teniendo por delante el reto de su transformación. La idea es hacer cosas nuevas con modos nuevos; no nos vale con introducir cambios en la manera que hacemos las cosas (viejas). La organización debe transformarse a partir de una visión, una estrategia y un uso intensivo de tecnología para hacer cosas nuevas con modos nuevos.

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: Coronavirus: ¿cómo es el «malo» de esta película?

Responde: Antonio G. Pisabarro De Lucas, catedrático de Microbiología en el Departamento de Ciencias de la Salud y director del Instituto IMAB (Institute for Multidisciplinary Research in Applied Biology-Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

En el capítulo anterior, hemos visto qué son los virus y cómo buscan, y encuentran, células a las que atacar y esclavizar. Hoy vamos a conocer un poco más al malo de nuestra historia: el SARS-CoV2, el nuevo coronavirus que nos trae por tan mal traer.

Los virus se pueden agrupar en familias que comparten, como las familias humanas, rasgos físicos y hábitos comunes. Igual que las diferentes familias mafiosas se pueden distinguir por cómo van vestidas y puedes predecir cómo van a intentar asaltarte, saber a qué familia pertenece un virus es importante para entender cómo te va a atacar y conocer sus fortalezas y debilidades. Saber qué puede pasar es bueno si tú eres la víctima. Quizá te puedas defender.

Los miembros de la familia de los coronavirus infectan animales vertebrados de sangre caliente (mamíferos y aves). Son virus cuyo material genético es ARN, uno de los dos tipos de moléculas en las que se codifica la información genética de un organismo (la otra es más popular: es el ADN). Podemos imaginar el ADN como un libro con todas las instrucciones necesarias para fabricar un organismo y el ARN como las fotocopias de algunas de esas instrucciones. Como la información del ADN es tan valiosa, se encuentra en el núcleo de nuestras células y, si es necesario ejecutar alguna instrucción, esta se fotocopia en una molécula de ARN que sale del núcleo y va al citoplasma donde será ejecutada. Siguiendo con este ejemplo, el genoma del coronavirus es similar a una serie de fotocopias de instrucciones grapadas juntas: las fotocopias de las instrucciones para fabricar nuevos virus. En el caso del nuevo coronavirus, su genoma está escrito como una lista de 29.903 letras (bases del ARN) que codifica las instrucciones para fabricar las 10 proteínas que tomarán el control de la célula.

El material genético del nuevo coronavirus está empaquetado en una pequeña esfera de unas 0,12 micras de diámetro. Es decir, de unas 0,12 milésimas de milímetro. Podríamos poner 8.300 coronavirus uno detrás de otro en un milímetro. Es fácil reconocer los coronavirus al microscopio electrónico, porque están rodeados por una especie de corona formada por una de sus proteínas que se llama “proteína S” por ser la S la primera letra de la palabra espina en inglés. La proteína S, la espina, es la mano que usará el nuevo coronavirus para agarrarse a una de las proteínas del exterior de la célula que va a infectar, la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), de la que hablaremos otro día. Como muchos otros malos de película, los coronavirus usan una gabardina, una capa que, como no sorprenderá a nadie, robaron de la membrana de la célula que los fabricó. Esa envoltura y la corona de espinas dan a los coronavirus su aspecto característico.

Coronavirus

Ilustración: Manuel Álvarez García.

Los miembros de la familia de los coronavirus nunca han sido buenos chicos para los humanos. Hasta hace poco tiempo, tenía seis miembros; en 2019 nació el séptimo: el SARS-CoV2. Cuatro de estos siete hermanos no producen enfermedades generalmente graves. Son responsables de muchos catarros invernales. Sin embargo, los otros tres son mucho peores y producen enfermedades respiratorias graves conocidas como los Síndromes Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y los Agudos y Severos (SARS) de la epidemia de 2003 y el actual de 2009.

Los virus de esta familia circulan, se multiplican y producen enfermedades en animales de granja como los cerdos y los pollos y en otros animales domésticos como los camellos. Sin embargo, el origen de todos ellos posiblemente esté en los murciélagos. A la enfermedades que se producen en animales y se transmiten, después, a los humanos las llamamos zoonosis. Muchas de nuestras enfermedades infecciosas son zoonosis; pero no es el momento de detenernos en eso ahora. Lo veremos más adelante.

¿Cómo puede un coronavirus que vive en un murciélago terminar infectando a un humano? El caso es que los virus ARN, como los coronavirus, tienden a experimentar pequeños cambios en sus proteínas como consecuencia de errores que se producen en la multiplicación del ARN necesaria para la fabricación de nuevos virus. Como consecuencia de estos cambios al azar, puede ocurrir que la espina, la mano que sujeta la célula a la que infectar, sufra pequeños cambios que le permiten empiece a unirse a la proteína ACE2 de otro organismo diferente. El cambio de una letra transforma la palabra ROMA en ROMO. De forma análoga, el cambio en una letra puede cambiar la espina y permitir que un virus que infectaba murciélagos pueda infectar cerdos. Como hay miles de miles de millones de virus, con que uno tenga el cambio adecuado, si tiene la suerte de encontrar la célula a la que puede agarrarse, lo hará, se multiplicará y tendremos un nuevo virus capaz de colonizar un nuevo organismo.

Ya es tarde. En un siguiente artículo, veremos cómo son las células a las que este nuevo malo de película va a infectar.

Mientras tanto, cuídense.

 

Nota 1: listado de artículos del catedrático Antonio G. Pisabarro De Lucas sobre el coronavirus.

1. ¿Qué es el coronavirus?

2. Coronavirus: ¿cómo es el «malo» de esta película? (presente artículo)

3. ¿Quiénes son las primeras víctimas del ataque del coronavirus?

4.  ¿Cómo nos invade el coronavirus? El primer encuentro del virus con nuestras células

5. ¿Cómo secuestra el coronavirus la célula?

6. ¿Cómo sabe el sistema inmune que una célula está infectada por el coronavirus? Diario de la resistencia. Día 1

7. ¿Cómo se producen los primeros síntomas de la enfermedad covid-19? Fuego y explosiones en el inicio de la batalla

8. ¿Qué es la tormenta de citoquinas? Diario de resistencia ante el coronavirus

9. ¿Cómo se producen los anticuerpos contra el coronavirus?

10. ¿Qué son los linfocitos T y cómo luchan contra las células infectadas? Los linfocitos responsables de la lucha célula a célula

11. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma diferente a distintas personas? Preguntas esperando respuestas

12. ¿Por qué afecta el coronavirus de forma tan grave a las personas más mayores? Preguntas esperando respuestas

13 y siguientes. Se pueden localizar con el buscador de la parte superior derecha.

Nota 2: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Puede el confinamiento agravar situaciones de violencia de género?

Responde: Patricia Amigot Leache, profesora del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

 

A pesar de que el confinamiento en los hogares es duro para todo el mundo, hay circunstancias que intensifican su impacto negativo. En este sentido, el confinamiento endurece el infierno de las mujeres que sufren violencia por parte de su pareja y conviven con su agresor. Las estimaciones realizadas a partir de la última macroencuesta sobre violencia de género en el Estado –que data del 2015, la desarrollada en 2019 no se ha publicado todavía–, cifran en casi medio millón las mujeres que pueden estar padeciendo situaciones de violencia, de tipos e intensidades variables. El hogar es sinónimo de tensión, de amenaza y de sufrimiento para muchas mujeres. Porque esta violencia no es un acto puntual: es un proceso y una realidad cotidiana.

La desigualdad estructural de género es la base de la violencia contra las mujeres. En situaciones de violencia en la pareja, los agresores recurren a la violencia para mantener una posición jerárquica naturalizada. Como señala Luis Bonino, agreden porque se sienten con derecho de agredir, pero en esta dinámica intervienen diversas variables que operan como desencadenantes o moduladores de la violencia, sea psicológica, física o sexual. Es evidente que el confinamiento aumenta el riesgo de agresión al intensificar el malestar del agresor y la proximidad con la víctima. Pero, sobre todo, el aislamiento acrecienta la situación de vulnerabilidad de las mujeres en hogares no seguros, porque restringe los espacios y los tiempos de soledad y, por tanto, las diversas estrategias de supervivencia de las mujeres y las opciones relacionales de compañía y apoyo. Además, dificulta enormemente la posibilidad de pedir ayuda. Sabemos que las separaciones, las denuncias y los intentos de denuncia suelen provocar una escalada de la violencia.

En este contexto, se han articulado iniciativas que plantean procedimientos de solicitud de auxilio diferentes a los habituales, como pueden ser las redes, y se han lanzado campañas que nos recuerdan que este problema es un problema social y que nos concierne a todos y todas.

Mujer

Los servicios de intervención integral están haciendo esfuerzos para adecuarse a esta situación, aunque algunos recursos tienen limitaciones que urge transformar. Las plazas de los recursos de acogida, en algunos lugares, son muy limitadas, y más en una situación que provoque un incremento del número de casos. Por otro lado, el propio diseño de algunos de ellos, sin autonomía para los núcleos familiares de las mujeres y sus criaturas –lo que resulta en una convivencia intensiva y cambiante–, puede endurecer más todavía la vida en común en una situación de encierro, tanto para ellas como para las profesionales que trabajan en ellos.

Es positivo que los medios de comunicación hayan mostrado cierta preocupación por las situación de las mujeres que sufren violencia, que se esfuercen en lanzar mensajes de apoyo y acompañamiento y que faciliten información práctica. No obstante, sería necesario también emitir esos mensajes desde la comprensión y la perspectiva de género y no reproducir una constante del imaginario social que consiste en focalizar el problema en las víctimas y desdibujar a los agresores, aunque sea con buena intención. Hace unos días, aconsejaban en TVE1 a las mujeres que pudieran estar en esta situación que “no provocaran conflictos”, mensaje que traslada una responsabilización de las víctimas –entiendo que no intencionada–. Quizá en estas circunstancias deberían enviarse más mensajes a los potenciales agresores, puesto que la violencia de género, como señala Rita Segato, es un problema de algunos hombres que sufren las mujeres.

 

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun. 

#UPNAResponde/#NUPekErantzun: ¿Los contenidos vía «online» dan respuesta a las necesidades educativas en la educación obligatoria durante el confinamiento?

Responde: Ana Mendióroz Lacambra, profesora del Departamento de Ciencias Humanas y de la Educación, directora de la Cátedra Aprender-Ikasi Fundación Caja Navarra e investigadora del Instituto I-Communitas (Institute for Advanced Social Research-Instituto de Investigación Social Avanzada) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

 

El profesorado de educación obligatoria (y también del resto de etapas educativas) está haciendo lo imposible para colgar contenidos en las plataformas «online», con el objetivo de que el alumnado siga avanzando en los temarios. Además, en muchos casos reconoce, y la literatura científica así lo avala, que no se siente competente para crear contenidos con las TIC (tecnologías de la información y la comunicación).

Esto, que, a priori, parecía “solucionar” el parón educativo impuesto por la pandemia, no hace sino incrementar la brecha educativa. El alumnado más desfavorecido no tiene acceso en su domicilio a un ordenador y, mucho menos, a internet. Además, y en el caso de los hogares que sí se lo pueden permitir, los estudiantes necesitan la ayuda de un adulto para organizar y realizar las múltiples tareas encomendadas por los colegios. Hay muchos casos que los adultos no pueden apoyar a sus hijos, bien porque no están capacitados o bien porque están trabajando en casa o fuera de ella.

A todo esto, hay que añadirle el nivel de ansiedad que supone este confinamiento para toda la población.

¿Y si aprovechamos este periodo también no solo para instruir en contenidos específicos de cada materia sino en otros que son transversales en el currículo escolar? Por ejemplo, en la etapa de Educación Primaria son contenidos curriculares los valores y las normas de convivencia como desarrollar hábitos de trabajo individual y en equipo, de esfuerzo y responsabilidad, así como actitudes de confianza en sí mismo, con sentido crítico, iniciativa personal, curiosidad, interés y creatividad. El alumnado de esta etapa debe adquirir habilidades para la prevención y para la resolución pacífica de conflictos, que le permitan desenvolverse con autonomía en el ámbito familiar y doméstico, así como en los grupos sociales con los que se relaciona.

Es importante no olvidar que el esfuerzo del sistema educativo debe ir dirigido más que a instruir, a formar una futura ciudadanía responsable y comprometida con el mundo que le toque vivir. ¿Por qué no aprovechamos esta circunstancia para enseñarles también a ser?

 

Nota: las personas interesadas podrán plantear a investigadores de la UPNA cuestiones relacionadas con el coronavirus o el estado de alarma a través del correo electrónico vicerrectorado.proyeccionuniversitaria@unavarra.es, incluyendo en el asunto #UPNAResponde/#NUPekErantzun.